Acerca de la teoría marxista sobre el desarrollo de los principios políticos en su relación con la práctica

Recuperamos este texto imprescindible de Vicente Sarasa. Publicado originalmente en el año 2013, pero asentado sobre todo un trabajo de investigación y discusión previo, este artículo sintetiza y clarifica algunos de los principales fundamentos teóricos del marxismo, con la vista puesta además en la formación de una nueva generación de militantes revolucionarios, capaces de relacionarse creativa y genuinamente con la teoría y las experiencias políticas heredadas por nuestro movimiento. El marxismo es una herramienta poderosa, precisamente por ser lo contrario a un cuerpo de doctrinas o ideas generales ya resueltas. Las tendencias al esquematismo y al dogmatismo instaladas en nuestro movimiento a día de hoy no son inevitables, y nuestro compañero Vicente nos facilita en su texto todo un arsenal de conceptos con los que revitalizar la dimensión teórica de nuestra teoría:

“Recientemente en el marco organizativo de Red Roja ha habido ocasión de incursionar en el plano estrictamente teórico de nuestra concepción del mundo al cuestionarse la pertinencia de las denominaciones con las que, históricamente, variadas corrientes políticas comunistas han dado en “actualizar” al marxismo echando mano del “guionismo”: marxismo-leninismo, marxismo-leninismo-maoísmo, etc. Así, en su último encuentro estatal, Red Roja ha llegado a plantear que “como organización comunista, [nos reivindicamos] evidentemente tanto del marxismo como del leninismo, y no [hacemos] de esta doble condición mayor problema en el plano de la lucha política, pero considera que incluso “el advenimiento en su día [del] primer guion intermedio [el del mismo marxismo-leninismo] no ayudó a la comprensión dialéctica de la propia teoría marxista y está en la base del esquematismo o etapismo y del dogmatismo”.

Seguidamente en ese mismo documento se avanza al respecto una argumentación teórica con la clara pretensión de sustentar que no estamos ante un simple problema de utilización de términos sino ante la misma cuestión de la comprensión profunda del marxismo: “En realidad, en el terreno estrictamente teórico, bastaría con llamarnos marxistas, porque el marxismo incluye su propio desarrollo sin necesidad de añadir etapas o ‘pensamientos principales’. Al tiempo, la propia teoría marxista nos enseña que ella no sólo es incompleta desde el punto de vista teórico (es decir, siempre es ampliable y precisable en base a la práctica), sino que jamás puede recubrir completamente (ni lo pretende) la riqueza de la propia práctica política, no ya para analizar un fenómeno concreto, sino para caracterizar las diferentes formaciones socio-económicas en sus propios desarrollos y transformaciones históricas.

Lo que estas declaraciones vienen a plantear en el fondo –sobre todo la segunda lo hace de manera más explícita– es la relación de toda teoría (incluida la marxista) con la práctica que queremos transformar revolucionariamente. Y para comprender esa relación es fundamental adentrarse en cómo se desarrolla la propia teoría –también los principios– y cómo una teoría correcta “se ve a sí misma” con respecto a la práctica. En definitiva, interesa avanzar en la comprensión de qué es lo que viene a plantear la teoría marxista acerca de la misma teoría, incluyendo en esta a los principios comunistas en su condición de sistematizaciones teóricas (como los definía Engels). Pues bien, sobre esta cuestión, hoy estamos en disposición de ir más allá de unas declaraciones generales –no se podía ir más lejos en unos documentos congresuales que buscan, sobre todo, una guía de acción para la militancia– y ofrecer una serie mucho más amplia de reflexiones y argumentarios que en los últimos tiempos ya han sido objeto de discusión fructífera entre una parte de su militancia. Y es que, sencillamente, este asunto, en los términos arriba planteados, no es nada nuevo: supera ya largamente la decena de años.

(…)

La discusión sobre el origen y desarrollo de los principios es fundamental para que la lucha contra el revisionismo sea a su vez efectiva sin que se nos cuele el dogmatismo. Es cierto que, en general, el revisionismo es mucho peor que el dogmatismo, pero no toda acusación de dogmatismo puede ser contestada con que los revisionistas suelen responder con dicha estigmatización cada vez que se les desenmascara. Los revisionistas no lo son por el envoltorio (que puede expresar frases generales correctas, eso sí, descontextualizadas) de sus críticas, sino por el contenido incorrecto de lo que pretenden expresar; no porque digan, por ejemplo, que hay que analizar en concreto, sino porque lo desvinculan de los principios; es decir, de toda la experiencia anterior sistematizada teóricamente, como nos enseñaba Engels que era el comunismo teórico…”

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