Reordenamiento geopolítico al compás de la guerra

«No podréis» poster soviético

Red Roja ha venido valorando el impacto de la operación militar desarrollada por Rusia en Ucrania desde que comenzara en febrero de este año[1]. En aquel momento alertamos contra el falso pacifismo que alentaban los medios de comunicación y que pretendía paralizarnos, tratando de confundir de nuevo entre agredido y agresor. Desde el primer momento señalamos que Rusia, en realidad, había declarado una guerra a la guerra preventiva y permanente que, desde la caída del muro, el imperialismo desde Occidente le había declarado a cualquier país que escogiera mantener una vía de desarrollo independiente, incluso aunque esta fuera dentro del capitalismo. En ese sentido, entendíamos que Rusia había contestado de manera resolutiva a la campaña de acoso y agresión desatada antes contra Yugoslavia, continuada con las incursiones en Afganistán, Irak, Libia, Yemen, Siria, Venezuela, Somalia…

Cualquiera que haya seguido mínimamente la historia reciente del conflicto tiene que reconocer que el mismo no comienza en febrero del 2022, sino que se inserta en una política de acoso y avasallamiento diseñada por los yanquis contra la Federación Rusa que data de mucho más atrás. Una política que prosigue la campaña de cerco y acoso contra la Unión Soviética y que, tras los años “dorados” de entreguismo de Yeltsin, se redobla con las sucesivas ampliaciones de la OTAN hacia el Este en los primeros 2000, y que adquiere un grado de mayor beligerancia a finales de 2014, cuando se produce el golpe de Estado del Maidán. A partir de ese 2014 la alta administración del Estado ruso toma conciencia de que los imperialistas no van a tolerar jamás una Rusia soberana, capaz de defender sus intereses a nivel internacional. El Kremlin adopta desde ese momento una política internacional decidida, que trata de encarar de “tú a tú” el desafío militar yanqui, y lanza una serie de campañas militares en su tradicional zona de influencia y que tiene como grandes hitos las exitosas intervenciones en Crimea, Siria y Kazajistán.  La “Operación Militar Especial” – hoy ya una auténtica guerra local entre la OTAN y la Federación Rusa – que lanzó el gobierno ruso en febrero de este 2022 toma sentido en esta dinámica.

Esta guerra ha hecho que se sucedan rápidamente los acontecimientos en un tablero internacional inestable, y que no volverá a ser como lo hemos conocido hasta ahora. En el informe político publicado este pasado verano señalábamos cómo, justo al contrario de lo que el poder mediático trata de vendernos, no es la guerra la que está desatando la ya en ciernes crisis económica, sino que es la crisis económica que persigue al sistema de dominación mundial y de manera especial a los países occidentales la que ha provocado en última instancia la guerra. Los Estados Unidos en su degeneración y caída como primera potencia si bien no tienen la fuerza suficiente como para dominar como antes, mantienen la suficiente capacidad militar como para evitar que exista otro rival que pueda hacerle sombra, y está dispuesto a “quemar” el mundo a su paso, aunque esto signifique – y quizá precisamente por ello – desbaratar los planes e intereses de sus “aliados europeos”.

La UE, el boyante proyecto imperial del eje franco-alemán, ha quedado fuera de juego, viéndose incapaz de liberarse a tiempo de la tutela yanqui, sufriendo grandes daños sobre sus intereses. La UE se encuentra abiertamente dividida entre los “Estados tapón” que promueven un enfrentamiento directo con Rusia (Polonia, Lituania, Letonia, Estonia…) y Alemania y Francia, que desearían mantener sometido al país de los Urales manejando otros tiempos y otros métodos. Como resultado, desde el inicio de la “Operación Militar Especial” las contradicciones inter-imperialistas en el seno de la UE no han dejado de acrecentarse. La Unión Europea se ha visto obligada a “nadar y guardar la ropa”, a comprometerse con el sostenimiento de Zelenski, vaciando sus arsenales, soportando al mismo tiempo prácticamente en solitario, el peso económico de la política de boicot impuesta por la OTAN sobre la Federación Rusa. Las sanciones y los atentados terroristas auspiciados por los servicios secretos occidentales, como los perpetrados contra el gaseoducto Nord Stream, o contra el puente de Crimea, regresan como un boomerang envenenado a Europa que sin capacidad de reacción traga con todas las consecuencias. Este boomerang envenenado hace recaer las consecuencias de la política de guerra sobre amplios sectores sociales en los países del centro de Europa, algo que está suscitando ya cierta indignación y promoviendo las primeras protestas, como las vistas en Francia, República Checa o Moldavia.  

El secretario general de la OTAN Jens Stoltemberg lo dejó claro en unas recientes declaraciones: No se puede permitir que Rusia venza. Para la práctica totalidad de partes implicadas la guerra debe continuar. Y es que una situación en conflicto permanente y estancado como al que pareciera que estamos abocados beneficiará ampliamente a los Estados Unidos en materia energética y a su complejo militar-industrial. Es por ello que Volodímir Zelenski, convertido ya en la marioneta perfecta para británicos y yanquis, en una huida hacia adelante, al mismo tiempo que aplica la más feroz dictadura contra cualquier disidencia, trata de explotar estas contradicciones internacionales, llegando incluso a humillar públicamente a la diplomacias alemana y húngara, al tiempo que provoca a Bielorrusia. Todo ello con el (des)propósito de ampliar el conflicto y que el imperialismo occidental ponga toda la carne en el asador.

Pese a lo que pretenden hacernos creer los medios de comunicación masivos, Rusia no está derrotada ni mucho menos. Si bien en el campo de batalla el ejército ruso ha sufrido bastantes reveses – reveses relacionados directamente con las pretensiones iniciales que manejaba el alto mando ruso, que pretendía ejecutar un golpe rápido que derribase el gobierno de Zelenski sin apenas costo para la población civil – tanto en el ámbito económico como en el diplomático, aspectos clave para el sostenimiento de la guerra a largo plazo, el gobierno ruso ha conseguido, hasta ahora, salir indemne e incluso reforzado. Tanto The Economist como el FMI reconocen desde hace tiempo que la política de sanciones no daña a Rusia sino a Europa y en gran parte debido a que los países como India, China, Turquía o Irán han servido como contrapeso al veto europeo[2]. Un veto que por otra parte no ha sido tal, dado que de manera encubierta buena parte de los países europeos, incluido España, han encontrado fórmulas para seguir adquiriendo productos rusos, especialmente petróleo y gas. Esto nos muestra claramente cómo Rusia ni mucho menos ha quedado aislada, algo que fue condición necesariapara que el imperialismo interviniera de manera directa en otros países como Iraq, Yugoslavia o Libia.

En la pasada 19 reunión del Club Valdai, Vladimir Putin expresó algunas líneas de análisis sobre la situación actual interesantes y que concuerdan con ideas que venimos defendiendo desde hace tiempo: “Se avecina la década más peligrosa, imprevisible y a la vez importante desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Occidente es incapaz de gobernar por sí solo a la humanidad, pero lo intenta desesperadamente. Y la mayoría de los pueblos del mundo ya no están dispuestos a soportarlo.[3]

La clase dominante no puede dominar como venía haciéndolo hasta hace unos años. La situación internacional es potencialmente revolucionaria. El viejo orden imperialista está instalado en una crisis crónica que es al mismo tiempo una ventana de oportunidad para las organizaciones revolucionarias. En ese sentido, Red Roja convoca a la militancia revolucionaria en el corazón de la bestia a cumplir su papel histórico: aprovechar la relativa debilidad del enemigo en el plano internacional para conducir al pueblo hacia la confrontación con el imperialismo, no tanto a través de proclamas y manifiestos, sino por la vía de los hechos.


[1] https://redroja.net/comunicados/ante-la-intervencion-militar-rusa-contra-el-regimen-de-kiev/

[2] https://www.economist.com/leaders/2022/08/25/are-sanctions-working

[3] https://www.pressenza.com/es/2022/10/vladimir-putin-el-mundo-unipolar-se-esta-convirtiendo-en-cosa-del-pasado/

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