¿Qué es Red Roja?

Red Roja es un reagrupamiento de comunistas de distintas tradiciones en torno a tres ejes de carácter político, y no puramente ideológico o histórico, que son en breves palabras los siguientes:

1) la ruptura del régimen del 78, heredero del fascismo, con todo lo que ello supone en lo que respecta a depuración a distintos niveles (no solo de los aparatos represivos, sino del subsiguiente tinglado que integró al régimen, como los propios aparatos sindicales de CC OO y UGT) y en lo que se refiere a la reivindicación de la amnistía y del derecho de autodeterminación;

2) la conciencia de que la salida a la actual crisis solo puede construirse en la perspectiva del socialismo, y nunca de un Estado del Bienestar o “modelo social europeo” construido, en última instancia, sobre la base del imperialismo y la sobreexplotación del proletariado de otros pueblos;

3) un antiimperialismo que no ponga el acento en juzgar los límites del agredido, sino en las intenciones criminales del agresor y en nuestra responsabilidad especial por estar tan cerca de las bases agresoras (único planteamiento que es expresión real del internacionalismo proletario), no apoyando por tanto jamás a “rebeldes” como los promovidos por el imperialismo en Libia, Siria, Ucrania o Nicaragua.

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Pasamos a desarrollar este triple criterio:

a) La ruptura “en origen” con el régimen del 78

Hay que retroceder en el tiempo para comprender la importancia de romper con este régimen heredero del franquismo. Con toda una generación de luchadores aniquilada, pero forzado por una renovada movilización de masas, el régimen surgido de la contrarrevolución del 36 se ve obligado a superar su etapa franquista; lo que históricamente culmina en una homologación con los “Estados de contrarrevolución preventiva” imperantes en el campo imperialista circundante, cuya represión política se enmascara en nombre del “antiterrorismo”. A este proceso se le denomina “transición democrática”, y corren al respecto ríos de tinta que diseñan una mitología aceptada también por los supuestos “comunistas”. Y todo esto, a pesar de que las élites políticas, militares, policiales, judiciales y económicas del franquismo permanecieron y permanecen en el poder. Será en nombre del antiterrorismo que a partir de entonces los revolucionarios y comunistas que no entraron por el aro de la Traisición sufrirán una represión más selectiva que les hará pagar con cárcel y hasta con sus vidas.

La justa lucha por la Memoria Histórica debe incluir, pues, la de las propias luchas que se dieron en los años de la Transición. Una memoria, que aún hoy sigue siendo muy presente en cuanto a sus consecuencias, incluidas las que todavía se sufre en términos de represión por parte precisamente de quienes no entraron por aquel aro. Pues, como ha escrito Alfredo Grimaldos, “al final, no hay ruptura, ni corte histórico, ni depuración de los aparatos represivos (…). Con la aquiescencia de los políticos opositores, se corre el telón sobre las innumerables víctimas del ilegítimo régimen surgido del golpe militar del 18 de julio de 1936”.

Actualmente, ciertos sectores del reformismo están escenificando cierto “desencanto” ante la “ruptura del pacto constitucional”. Este tardío “querer tomar distancia” de algunos aspectos de aquella “maniobra reformista” se da mientras persiste el intento mayoritario de legitimación de la Transición, otorgándole incluso el calificativo de “ejemplar”. De hecho, siguen siendo recurrentes los llamamientos a una segunda Transición, ya sea para renovar el “consenso perdido” perdido de la primera, ya sea como “solución” (poco creíble) para sacarnos del estado de crisis en el que nos encontramos.

Así sucede cuando se habla de “contrato social que se ha roto”, como si el criminal sistema de concertación que parió la Traisición no fuera condenable en origen. Nosotros no denunciamos la ruptura de ese contrato, sino el contrato mismo. Hay demasiados revolucionarios (e incluso no pocos activistas de las movilizaciones de masas) que han sufrido y continúan sufriendo las consecuencias de ese “contrato”. Y si ahora no entra en el “cálculo político electoral” la denuncia en origen de la Transición con todo lo que esto conlleva, al menos es nuestro deber presionar para facilitar que se creen las condiciones para ello. Los represaliados políticos en el Estado español están hartos de esperar décadas de infamia.

b) La salida socialista, y no con tintes socialdemócratas, a la crisis

Desde Red Roja enmarcamos nuestra contribución en la historia del movimiento comunista internacional y, específicamente, en la experiencia en el Estado español, retomando el “hilo rojo” en diferentes planos. En este sentido, y en tiempos de profunda crisis sistémica del capitalismo y gravísimas agresiones a los pueblos, más que nunca debemos reivindicar con orgullo –más allá de legítimos debates internos- la historia revolucionaria de nuestro movimiento comunista. Y ello a distintos niveles: en primer lugar, por los innegables logros sociales alcanzados por aquellos países que a lo largo del siglo XX optaron por la edificación de una sociedad socialista. En segundo lugar, por nuestros ejemplos de organización y de creación de poder popular sin comparación posible con otras corrientes ideológicas que se han dado en el movimiento obrero. Y en tercer lugar, por el ejemplo de conquista de derechos y de consecución de reformas ante una burguesía internacional que llegó a perder la iniciativa en numerosas ocasiones.

Desde los principios del internacionalismo proletario, es necesario desmitificar el llamado “Estado del bienestar”, vuelto a poner de moda por el actual reformismo neokeynesiano español. Para explicar esta idea extraeremos unos pasajes del artículo “Por una comprensión crítica del modelo social europeo” (1), escrito ya en el año 2005. La suerte histórica del “modelo social europeo” está estrechamente ligada a la lucha de clases internacional revestida de una lucha de sistemas. Esto puede verse en que, precisamente, la caída del Muro de Berlín ha contribuido a poner al descubierto la verdadera faz del capitalismo, no ya en los países del Este, sino también en los países occidentales desarrollados.

El capitalismo no cuenta con una doble naturaleza; no tiene más que una que se adapta a los diferentes escenarios. La defensa del “modelo social europeo” es doblemente contrarrevolucionaria, en la medida que embellece el capitalismo y simultáneamente deja en el olvido su propio carácter imperialista. No puede olvidarse que la relativa calma que siguió a la Segunda Guerra Mundial en lo que se refiere a crisis agudas en el primer mundo –por tanto, en Europa- sobrevino tras una destrucción bárbara y masiva de personas y medios de producción, lo que contribuyó a asegurar el crecimiento posterior. Éste se logró también al precio de exportar la crisis del interior del sistema al tercer mundo o a los países llamados cínicamente “en vía de desarrollo”. Pero no sin transformarla más severa a nivel mundial.

Así pues, este modelo social europeo no puede separarse de su carácter imperialista. Para extender este mito del “Estado del bienestar”, se ha debido ocultar que las concesiones en las metrópolis del “primer mundo” están estrechamente ligadas a la sobreexplotación histórica de las colonias y de las neocolonias. Ha sido esta explotación (industrial y financiera, a través de una mano obra mal pagada y sin derechos, el robo de las materias primas, la deuda externa, etc.) la que ha financiado, en última instancia, la “economía social de mercado” en Occidente. Ha habido históricamente una redistribución internacional de salarios entre los explotados, a resultas de la cual, una parte de éstos en Occidente (y todavía más, un sector de las “clases medias”), beneficiándose objetivamente de la sobreexplotación de sus equivalentes en el tercer mundo, ha venido prestando orejas al discurso reformista y a los cantos de sirena sobre la posibilidad de “vivir bien” en el capitalismo. Es sabido que normalmente el “nivel de vida” medio de un país se calcula dividiendo el PNB (Producto Nacional Bruto) sólo por el número de habitantes de ese país. Pero si en el numerador del índice correspondiente a los países del campo imperialista se dedujera toda la riqueza expoliada en los países “dependientes”, y en el denominador se añadieran todas las personas de estos países que de una u otra manera han contribuido a la riqueza occidental mediante salarios de miseria, entonces, el “nivel de vida” garantizado por las economías del campo imperialista disminuiría a tal punto que se tornaría irreconocible.

El caso es que en Occidente, y sobre todo durante los “treinta gloriosos”, se ha perdido de vista el verdadero proceso mundial de la explotación capitalista; un sistema que no ha conocido período alguno de su historia mundial sin miseria, hambre, opresión y represión.

c) Un antiimperialismo que ponga el acento en los crímenes del agresor

Igualmente se requiere una reflexión actualizada de nuestra particular responsabilidad mundial a la hora de forjar un movimiento comunista revolucionario en nuestros marcos estatales más allá (o mejor dicho, más acá) de la toma del poder. En ello tenemos responsabilidades de debilitamiento, de obstáculo a las agresiones que “nuestras” oligarquías y Estados imperialistas ejercen en los países del campo histórico del colonialismo y del neocolonialismo, muchos de los cuales comenzaron sus procesos de liberación en una perspectiva socialista.

Por poner un ejemplo concreto, en la medida de nuestras posibilidades, y sin necesidad previa de ir incólume de dudas acerca de la “calidad” de los sistemas de los países agredidos, apoyaremos las Plataformas contra la Guerra Imperialista, no tanto para ensartar declaración tras declaración, sino para la realización de actos en la calle. Hemos de trabajar por la formación de comités antiimperialistas con dos primeros grandes ejes: la solidaridad con los procesos hermanos abiertos en América Latina y contra la intervención imperial y sionista ya en curso o en ciernes en Oriente Medio.

Hemos de materializar, en fin, nuestras convicciones antiimperialistas sin complejos. Y con ese mejor Hegel que nos recordaba Marx, en todo este asunto de verdadera urgencia, consideremos más error no hacer nada por temor a equivocarnos que equivocarnos actuando. Los verdaderos responsables de las agresiones imperiales los tenemos a dos cuadras. Nadie podrá hacer por nosotros lo que sólo a nosotros nos corresponde.

Concretando aún más nuestro ejemplo, no es de recibo que se repita la pasividad militante occidental que se dio ante, por ejemplo, la agresión a Libia. Esta pasividad ha estado alimentada por falsos debates acerca de la pureza revolucionaria o antiimperialista de países que, por estar en la periferia del sistema, nunca podrán dejar de arrastrar los límites que ello conlleva. Y aún más grave: mientras que en esos debates se ha manejado informaciones sin contrastar, utilizadas e inventadas por las agencias del enemigo imperialista para legitimar su agresión neocolonial, se han estado despreciando informaciones sobre el estado real de la situación social en Libia que ayudaban a hacerse una idea del indignante paso atrás en que se ha sumido a su población. (2)

Estamos convencidos de que, aun con Gadafi muerto, la resistencia libia proseguirá, como prosiguen las resistencias en Afganistán, Iraq o Palestina. Desde Red Roja no podemos por menos que reivindicar el legítimo derecho a la resistencia armada de los pueblos contra el invasor imperialista y sus mercenarios.

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Este triple criterio expuesto se constituye en nuestra seña de identidad principal en la medida en que es el que nos guía en nuestro trabajo actual de agrupación de comunistas. No obstante, no sólo no obviamos la importancia de otras cuestiones, sino que, como pertenecientes a un movimiento internacional y de clase, y asumiendo la obra comenzada en la Revolución de Octubre con su prolegómeno de la Comuna de París, pretendemos que una segunda seña de identidad sea la de contribuir a fomentar el insoslayable debate histórico-teórico dentro del movimiento comunista. Un debate en el que puedan expresarse y contrastarse las diferentes ideas y posiciones, aunque insistiendo en que ello no sea un obstáculo para la realización de las tareas revolucionarias que ya urgen en el Estado español y que no dependen en lo inmediato del plano en que esa discusión se desarrolle. En relación con esto, ciertamente rechazamos la forma polar y esquemática en la que a menudo se ha desarrollado ese debate histórico-teórico-ideológico y la vemos contraproducente.

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Finalmente, una tercera seña de identidad ha de ser la de que Red Roja ofrezca un marco para la formación teórica e ideológica, donde la militancia avance en la comprensión profunda del marxismo.



NOTAS:

  1. Extraído de “Por una comprensión crítica del modelo social europeo”, firmado como E. Martín, disponible en http://cadizrebelde.org/index.php?option=com_content&view=article&id=189:por-una-comprension-critica-del-modelo-social-europeo&catid=40:debate&Itemid=73



  1. Extraído de la declaración de Red Roja “Desinoculándonos la parálisis antiimperialista”, disponible en: http://redroja.net/index.php/comunicados/758-desinoculandonos-la-paralisis-antiimperialista