Una mirada crítica a los "caminos pacíficos hacia el socialismo"

por Georges Gastaud

Una mirada crítica a los "caminos pacíficos hacia el socialismo".

Por Georges Gastaud [1], enero 2019

"Somos nosotros, la institución, los que establecemos el nivel inicial de violencia. Cuanto más alto sea, más lo será el de los manifestantes. (Un "alto funcionario de las fuerzas del orden" citado por Le Monde diplomatique de enero de 2019, p. 13).

. La intensificación de la violencia estatal contra las fuerzas populares vuelve a poner sobre la mesa la cuestión de las formas de la futura revolución socialista.

Los crecientes brotes de violencia que, a iniciativa de los sucesivos gobiernos de Maastricht, marcan los enfrentamientos de clases en Francia (luchas contra la ley de El Khomri, 2016, batallas contra las contrarreformas de Macron de 2017, la crisis de los "chalecos amarillos", diciembre de 2018) plantean objetivamente la cuestión del grado de violencia que debería marcar la transición revolucionaria que condujera del capitalismo al socialismo en nuestro país. Además, la actualidad latinoamericana que, desde Brasil hasta Nicaragua y Venezuela, barre la ilusión pequeñoburguesa de un "socialismo del siglo XXI" que evita la confrontación armada y la dictadura del proletariado, atestiguan que este debate, típico de la década de los sesenta y resuelto de manera muy poco dialéctica en su momento, tiene una dimensión global, si bien en el marco limitado de este artículo, insistiremos en su dimensión necesariamente nacional. Sin embargo, esta cuestión inevitable no parece siquiera rozar a las fuerzas francesas que se proclaman anticapitalistas o, más tímidamente, del antiliberalismo militante. Aunque apoya valientemente a las víctimas de la violencia policial, la Francia insumisa se declara lealmente "reformista" y se alinea plenamente en el marco institucional actual, aunque sea para trabajar por el advenimiento de una Sexta República de contenido socioeconómico bastante confuso... Así, mientras que la consigna principal de los chalecos amarillos es "¡Macron dimisión! ", J.-L. Mélenchon se conformaría por el momento con una disolución de la Asamblea Nacional preservando la hiper-dudosa "legitimidad" del "presidente" de los ricos. Por no hablar del PS, cuya dirección apoyó las medidas ultra-policiales y anti-cegetistas de Valls durante las manifestaciones de 2016 contra la Ley del Trabajo. Más triste aun, la confederación de la CGT adoptó un enfoque opuesto a sus bases locales y federales más combativas al firmar un vergonzoso comunicado conjunto con la CFDT y la UNSA: se denuncian en él, no la creciente violencia policial, no los miles de detenciones preventivas, no la colocación de vehículos blindados en los Campos Elíseos, no el estado policial macroniano que utiliza y abusa de los dispositivos liberticidas resultantes del estado de emergencia, sino la "violencia" de los manifestantes... y de algunos individuos de los que hay razones para pensar que son provocadores profesionales.... Ahora vinculados a la Confederación Europea de Sindicatos e incapaces de romper los vínculos institucionales que los atan al falso "diálogo social" dirigido por Laurent Berger, los dirigentes confederales de la CGT desautorizan retrospectivamente la autodefensa obrera de los militantes de la CGT y de la CGTU frente a la violencia estatal antiobrera desencadenada por los nuevos Clemenceau, los Briand y otros Daladier. Del mismo modo, su hipócrita condena de "toda" la violencia es un atentado retrospectivo contra los cegetistas antifascistas de la década de 1930, contra los trabajadores que lucharon empuñando las armas contra el ocupante nazi o contra las revueltas obreras frente a las fuerzas colonialistas y fracciosas unidas contra la República y el derecho de los pueblos colonizados a la autodeterminación.

Partido Comunista Francés: la desastrosa "elección" de los años setenta.

Pero la omertá más significativa sobre la cuestión, demasiado pronto enterrada, de la vía armada o desarmada hacia el socialismo debe buscarse, por desgracia, en el lado del PCF, afiliado desde hace mucho tiempo al Partido de la Izquierda Europea (PIE) euro-subvencionado y anclado definitivamente en su reciente congreso en 2018, a la muy deletérea alianza electoral a perpetuidad con el PS y sus retoños (tipo B. Hamon). Fundado en los años 20 para dirigir la lucha revolucionaria, incluida la lucha armada, contra el estado burgués, el PCF de los años 30 a los 70 adoptó la idea de una combinación, o por lo menos una elección, esencialmente condicional y siempre sujeta a revisión, que debía hacerse, cuando llegara el momento, según el grado de violencia implementada por el enemigo de clase, entre la vía pacífica [2] y la vía armada hacia el socialismo. Y cualquiera que fuera la vía a seguir para la conquista del poder, no había duda para el aún oficialmente marxista-leninista PCF de la década de 1960, de que ante cualquier estado que sea necesariamente democrático para la clase dominante y dictatorial para la clase dominada, el estado socialista erigido por el victorioso movimiento popular sería una "dictadura del proletariado" que practicaría la más amplia democracia popular, reprimiendo así sin vacilar las inevitables acciones contrarrevolucionarias conjuntas de los ricos revanchistas y de sus partidarios imperialistas del extranjero. Subrayando la posibilidad de que el PCF (entonces el primer partido en Francia...) avance hacia el socialismo por medios principalmente pacíficos, el Manifiesto de Champigny adoptado en 1969 por el Comité Central del PCF no dejaba de reafirmar, sin embargo, que, dependiendo de las reacciones efectivas del enemigo de clase, el recurso del sector popular a los medios armados podría eventualmente resultar necesario. El manifiesto de Champigny todavía contemplaba con fuerza la "dictadura del proletariado y sus aliados", incluida hasta en los estatutos del PCF, como un objetivo estratégico no negociable.

Argumentos… desarmanets.

Aunque algunas de las formulaciones del Manifiesto, sobre el que tuvo un fuerte impacto la política de "unión de la izquierda" con el astuto anticomunista Mitterrand, ya estaban abriendo la brecha para las futuras derivas de la "mutación" socialdemócrata, fue principalmente a partir del giro anti-leninista y antisoviético, "eurocomunista" y, en una palabra, abiertamente revisionista, de los años 1976/1979[3] cuando el PCF repudió oficialmente cualquier idea, no sólo de dictadura del proletariado, sino del uso legítimo de la contra-violencia revolucionaria para contrarrestar la probable violencia armada contrarrevolucionaria. En nombre del "nuevo PCF", G. Marchais se vanagloriaba en los medios de comunicación, con una confusa mezcla de morgue, de ignorancia histórica e ingenuidad, de "no tener los dos pies atados" y de no promover más que "una sola política": ‘como si eso fuera una señal de prudencia y de responsabilidad correspondiente a una fuerza política de primer orden! Como joven activista del PCF y del JC, el autor de estas líneas luchó entonces frontalmente contra estos abusos: pero dirigiéndome hoy, con la retrospectiva que todo el mundo tiene ahora, a los miembros actuales del PCF que dicen ser marxistas, les pregunto con insistencia: ¿cómo no ver que se trataba de una cuestión, no de "innovación política", – pensara lo que pensara entonces G. Marchais, dividido entre su origen obrero y las presiones de un séquito pequeñoburgués, tipo P. Juquin (notoriamente fascinado por el PC italiano) – sino de DAR GARANTÍAS de “sensatez” a Mitterrand, y a través de él, a la clase dominante para permitir que el PCF accediera en posición subalterna a un gobierno de gestión socialdemócrata del sistema capitalista que está entrando en una crisis de larga duración? Con, al final, no una "progresión hacia el socialismo de autogestión al estilo francés" y un fortalecimiento electoral del PCF, como lo prometió entonces la dirección del Partido como premio a sus lamentables negaciones, sino, como todo el mundo puede ver hoy, una regresión masiva hacia el turbo-capitalismo, hacia la disolución de Francia en el Imperio Euroatlántico, hacia la liquidación de millones de puestos de trabajo obrero y campesino, hacia la derechización general de la sociedad francesa[4] y hacia el descrédito casi total del PCF-PIE entre las masas populares......

Un rechazo obstinado a la autocrítica de los dirigentes "innovadores" del PCF.

Sin embargo, nunca, nunca los "argumentos" que prevalecieron en los años setenta para poner fin a la referencia fundadora de la dictadura del proletariado [5] y, sobre la marcha, a todo tipo de medio armado para conquistar y consolidar un futuro poder popular, han sido revisados en lo más mínimo, ni por los sucesivos dirigentes del PCF, ni por sus oponentes "marxistas" cada vez más marginados, cuando no transformados en fuerzas auxiliares dentro del Partido. Ni por los dirigentes, porque desde la "pre-mutación" eurocomunista de los años setenta hasta la flamante conversión social-eurocrática de los noventa, los Marchais, los Hue, los Buffet, Laurent, y ahora los Roussel-Chassaigne, no han cuestionado el cambio euro-reformista de los setenta preparado por el calamitoso flirteo comuno-mitterrandista de 1965 (elecciones presidenciales en las que el PCF desapareció detrás de Mitterrand en la primera vuelta). Sin hacer nunca la más mínima evaluación crítica del camino suicida - ¡para el partido, para el mundo del trabajo y para la propia nación! - formalizado por el 22º Congreso de 1976[6], los sucesivos líderes han pasado por alto el criterio materialista de la práctica. Todos ellos explicaron con dulces frases, repugnantes a los oídos del proletariado pero agradables a los intelectuales pequeñoburgueses y a los dinásticos permanentes, que las repetidas bajadas de pantalones sufridas por el PCF desde 1975 hasta la actualidad, se debían a que "no habíamos ido lo suficientemente lejos" en la "novación", la "refundación", la "mutación" y la "metamorfosis" de este partido "comunista", cada vez más parecido, al hilo de las "innovaciones", a un cuchillo sin mango cuya hoja también ha sido desechada.... En lugar de tomar el mal de raíz, de volver valientemente sobre las "innovaciones" erróneas y regresivas (y, por supuesto, ¡despedir a los líderes fracasados que bloquearon el dispositivo y engañaron a los activistas para salvar la jugosa "unión de la izquierda"!), cada "congreso extraordinario" del PCF habrá agravado así las dosis del veneno revisionista supuestamente pensado para tratar la enfermedad, que no es el marxismo-leninismo, sino por el contrario la institucionalización del PCF, su deriva social-reformista similar a la que una vez llevó a la desgracia a los partidos de la II Internacional. No porque despreciemos a los camaradas marxistas que frecuentan el PCF, sino porque es nuestro deber como activistas leninistas ayudarles fraternalmente a salir de los juegos de aparato estériles, de expectativas siempre decepcionantes y de las semi-revoluciones de palacio donde los "rojos" sirven invariablemente de peana a los líderes de color rosa pálido. Debemos por tanto volver aquí sobre los muy simples "argumentos" que se presentaron en 1976 y en los años siguientes para "abandonar la dictadura del proletariado" y para "renunciar" a la vía armada en favor de la llamada "vía democrática hacia el socialismo".... Extraño vocabulario en realidad: es como si las inmensas revoluciones armadas populares de Rusia, China, Cuba, Portugal, Vietnam, Yugoslavia, etc..., por no hablar de la Revolución Francesa, de la insurrección antiesclavista de Toussaint Louverture, de la Comuna de París o de la heroica revuelta de Espartaco, no hubieran sido más democráticas que todas las elecciones amañadas y bajo control de la alta burocracia mediática organizada en las "democracias liberales" occidentales reunidas para "elegir periódicamente a quién, de entre los miembros de la clase dominante, se le autoriza por un cierto período de tiempo, para organizar la explotación de la mayoría obrera por la minoría burguesa" (por usar una conocida expresión de Marx).

Tres "argumentos" con inconsistencia histórica. - Los tres principales "argumentos" utilizados en la década de 1970 para "elegir" el camino "pacífico", llamado "democrático" hacia el socialismo y, de paso, repudiar el marxismo-leninismo y cualquier forma de autodefensa armada contra futuras acciones contrarrevolucionarias, eran los siguientes:

  1. La evolución de la relación de fuerzas mundial a favor del campo socialista y antiimperialista y en detrimento del mundo capitalista dio lugar a la esperanza de que el campo imperialista fuera relativamente impotente para derribar futuras revoluciones socialistas mediante la violencia. Maurice Thorez había desarrollado una idea similar, rápidamente desmentida por la realidad de la inminente guerra fría, cuando en 1946 declaró apresuradamente, en una entrevista con el Times, que la nueva relación internacional de fuerzas resultante de la derrota de Hitler sin duda permitiría a los comunistas franceses eludir el camino armado y ahorrarse la dictadura del proletariado.

  2. En la misma Francia, la teoría, en sí misma, pero interpretada con demasiada frecuencia de manera políticamente oportunista, del "capitalismo monopolista de Estado", parecía justificar la idea de que las fuerzas revolucionarias tendrían una mayoría sociopolítica aplastante contra la pequeña minoría de los capitalistas monopolistas y sus familiares. Esta concepción de las cosas, que ya tendía a diluir el papel dirigente de la clase obrera y a reducir la burguesía privilegiada a la casta del 1% de financieros y asimilados, permitió teóricamente pasar al socialismo "democráticamente", ya que se considera que la masa de la población tiene interés en el socialismo. En cuanto al papel dirigente de la clase obrera, tendía a ser olvidado ya que se suponía que el 99% de la población tenía un interés directo en el socialismo, a pesar de las contradicciones secundarias pero no insignificantes que penetraban, y aún penetran, el mismo bloque popular.

  3. Finalmente, procedente de Italia (exactamente de la dirección del PCI) y de una lectura oportunista mal digerida de los sutiles escritos de Antonio Gramsci, se estaba extendiendo la idea de que en "nuestro tiempo", la lucha de ideas, la conquista de la "hegemonía cultural" por el bloque progresista bastaría para conquistar el poder sobre la sociedad sin necesidad de destruir de arriba abajo por las armas el aparato estatal de dominación de la burguesía; en una palabra, sin ruptura revolucionaria con la dominación burguesa. Cada vez más "amansado" e instalado en el paisaje político transalpino, el PCI explicó (¡en el mismo momento en que el Estado burgués italiano y la OTAN intentaban fomentar un golpe de Estado al estilo griego en Roma!) que "lo stato italiano" de la Resistencia Antifascista era de una naturaleza particular que hacía obsoletos los famosos análisis de Marx (La guerra civil en Francia, Crítica del programa de Gotha), de Engels (El origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado) y de Lenin (Estado y Revolución) sobre la indispensable dislocación del aparato de dominación burguesa y su reemplazo por un nuevo aparato estatal de las masas populares revolucionarias: la dictadura del proletariado, que a su vez evoluciona ella misma hacia el declive de cualquier forma de estado de clase a medida que la sociedad comunista sin clases sucede a la sociedad de clases, necesariamente dotada de un estado político y parcialmente opresivo (contra la clase políticamente dominada).



La violencia revolucionaria ¿se hizo obsoleta por la potencia mundial del campo socialista?

Sin embargo, estos "argumentos" revisionistas ya eran falsos cuando fueron formulados por quienes dirigieron el PCF en 1976. Primero, porque incluso después de las derrotas sufridas en Portugal por el fascismo lusitano y luego en Vietnam por el imperialismo norteamericano, el capitalismo-imperialismo siguió siendo el sistema global dominante en términos de fuerzas productivas, capacidad militar global, impacto financiero, dominación mediático-cultural, control demográfico y geográfico, control sobre los recursos de la tierra, e incluso hábitos y formas de vida y consumo. Esto pronto se hizo evidente con la contraofensiva, que fue tanto ideológica (que el PCF llamó una "guerra ideológica"), como socioeconómica (contraofensiva neoliberal Reagan/Thatcher) y militar (enorme carrera armamentista lanzada por Carter y enormemente acelerada por Reagan y Bush con el pleno apoyo de Mitterrand). El socialismo estaba tan fuerte y el capitalismo estaba tan debilitado que entre 1989 y 1991 se produjo un repliegue mundial del socialismo (contrarrevolución en la URSS, anexión de la RDA, implosión del antiguo campo socialista anexionado por la UE/OTAN), acompañado de un nuevo impulso a la fatídica "construcción europea" bajo dirección germano-americana. ¡Con el añadido del desafío a unos logros de la civilización que se remontan por lo menos a la Revolución Francesa!

¿Un bloque reaccionario reducible al 1% de la población en Francia? A nivel francés, el período ofensivo marcado por la gran huelga obrera de mayo-junio del 68 fue rápidamente cancelado por la burguesía francesa y sus sucesivos gobiernos: de Pompidou a Macron pasando por Giscard, Mitterrand, Chirac, Sarkozy y Hollande, cada uno dando los mayores golpes posibles a las bases industriales y agrícolas francesas (siderurgia, minería, textiles, automoción, máquinas herramienta, pero también al sector público y nacionalizado, por no hablar de los pequeños y medianos agricultores arruinados por las sucesivas "ampliaciones" de Europa a los países del Sur y del Este), así como atacando a los servicios públicos que formaron la base electoral y militante del bloque PCF/CGT/MODEF/Unité et action de la FEN. Junto con el desguace industrial y agrícola, las deslocalizaciones, las privatizaciones, el desmantelamiento progresivo de los servicios públicos, la educación nacional, los equipamientos, la SNCF, el EDF, el CNRS, la seguridad social, los hospitales públicos y las universidades a la cabeza, está la "producción en Francia", pero también los fundamentos institucionales y sociales heredados de siglos de lucha y de construcción nacional (la República una e indivisible dando paso a las euro-regiones al estilo alemán, municipios franceses absorbidos por las "metrópolis", fagocitado el espacio de la lengua francesa...), que se hundieron fríamente, mientras que una Eurolandia francesa emergió vampirizada por el turismo rico, por las finanzas globalizadas, por las "com" y la publicidad globish, por los medios de comunicación vinculados a las empresas armamentísticas y por la industria del lujo. Y mientras la antigua pequeña burguesía urbana y rural -la base social del Partido Socialista Radical, y después del Gaullismo- se derretía como mantequilla bajo el negro sol de Maastricht y las fusiones capitalistas transnacionales, una armada de "burguesía bohemia" acampada precisamente en el libro del marxista Michel Clouscard Le capitalisme de la séduction, proliferaba en los surcos de la gran burguesía financiada, anglosajona, germano-centenaria y fanáticamente atlantista. Esta nueva pequeña burguesía, separada de la tienda y de la granja, formalmente asalariada pero ideológicamente neoliberal y "gerencial", estaba dirigida principalmente por ejecutivos de alto nivel y "de rango medio" arraigados en las "ciudades-centro" de las metrópolis emergentes; socialmente "de izquierdas" y totalmente ajena a los viejos valores patrióticos, laicos y/o católicos, votó por el PS, incluso por el trotskismo o el ecologismo, y se unió a la CFDT.... cada vez más anticomunista y antijacobina, idolatraba a Mitterrand, Jospin y luego Macron en la política, a BHL, Glucksmann y "Libé" en filosofía, a los "States", a Gainsbourg y Angloamericanos en el plano "cultural", con un odio encendido contra la URSS y los Estados antiimperialistas del Tercer Mundo (contra los cuales el "socialista" Kouchner había inventado el "deber de injerencia"). Durante muchos años, no sólo el PCF, sino casi toda la izquierda "alternativa" ignoró el surgimiento de esta capa social parasitaria propiamente dicha, en el sentido marxista del término. Sin embargo, Lenin ya había descrito su inminente advenimiento[7], en ausencia de una rápida revolución socialista, en el corazón de los grandes estados imperialistas, cuya desindustrialización sistemática anunció, con la degradación paralela de los trabajadores industriales occidentales y la sobreexplotación imperialista del Este. Además, la oligarquía francesa, aterrorizada durante mucho tiempo por los rebeldes que hicieron 1789 y 1793, los Tres Años Gloriosos, la revolución de 1848, la Comuna de París, el Frente Popular, la huelga minera de 1941, el CNR, la insurrección parisina de 1944 y la huelga de masas de 1968, intentaba cubrirse detrás de los dos más grandes países imperialistas de su entorno geopolítico: no sólo los EE.UU. y el universo anglosajón, sino también la Alemania federal capitalista[8] a la que la contrarrevolución en el Este, la anexión de la RDA y la recolonización de facto de Europa Oriental por parte de la Konzerne alemana [grupo empresarial], pronto devolverían su preeminencia continental.

Violencia ideológica: ¿reemplazo o coronación de la violencia estatal? - Finalmente, lejos de avanzar hacia cualquier tipo de domesticación de antagonismos a favor de la "batalla de ideas", la sociedad capitalista no ha dejado, desde los años setenta y noventa, de armarse, de fortalecer sus mecanismos policiales, de interferir en los asuntos de los Estados más débiles, de prepararse para las cruzadas monstruosas (contra la URSS, luego contra China y Rusia, contra el mundo islámico-musulmán, contra los Estados recalcitrantes de América Latina, contra Irán, etc.).), a la vez que se desarrolla dentro de cada estado burgués "democrático" una pila de leyes liberticidas, mecanismos de control de las libertades públicas, sindicales e individuales, supervisión de la producción intelectual y de los medios de comunicación, incluyendo Internet y las redes sociales: en una palabra, la llamada "democracia" burguesa ha seguido degenerando y fascistizándose a sí misma a medida que la antigua burguesía revolucionaria de los siglos XVIII y XIX se ha vuelto rica, imperialista y neoconservadora. Recordemos que, como explicó Georges Dimitrov en el VII Congreso de la Internacional Comunista (1935), la fascistización no es (todavía) el fascismo en sí mismo -esta dictadura terrorista de los círculos más reaccionarios del capital financiero-, sino una rápida degeneración de la democracia burguesa que prepara las condiciones político-ideológicas, en caso de que las clases dominantes lo necesiten, para el advenimiento del fascismo "puro y duro".

Peor aún, como venimos explicando desde principios de los años ochenta, "el exterminismo es ya la etapa suprema del capitalismo-imperialismo contemporáneo", lo que significa que es cada vez más evidente que el mantenimiento del capitalismo a escala mundial, cuando estamos viendo que este modo de producción es cada vez más incompatible con el desarrollo, incluso con la supervivencia de nuestra especie, lleva al hombre y a los seres vivos a su ruina, ya sea por la destrucción desenfrenada de las bases biológicas y climáticas de la existencia humana[9], la exacerbación de las contradicciones interimperialistas o la preparación de una tercera guerra mundial destructiva total, en un intento de mantener a toda costa la preeminencia geopolítica del Imperio Euroatlántico en el proceso de degradación global contra los "BRICS". Qué estúpida alucinación la de decir, en tales condiciones, a los proletarios franceses que, como diría Gorbachov, precedido en este plano por el oportunista francés Juquin, estamos viviendo una "nueva era" en la que "los valores universales de la humanidad" (entre los que se encuentran la paz y la no violencia) prevalecerían sobre "los intereses de clase del proletariado" relegando al museo la "vieja" lucha de clases y sus rudos enfrentamientos... Tan estúpido como gritar "¡tregua!” y creer que, por haber bajado tontamente la guardia y haberse desarmado, un Hitler, un Reagan, un Trump, un Bolsonaro, se compadecerán, "jugarán el juego", cumplirán sus promesas y, por ejemplo, cubrirán de regalos a la Rusia poscomunista....". ¡Como si nada pasara!, ¡como si en cuanto Gorbachov y sus satélites de Europa del Este les entregaron Varsovia, Berlín, Riga y Kiev, los insaciables imperialistas occidentales no hubieran dejado de cercar a la nueva Rusia "poscomunista" con una tupida red de bases de la OTAN apuntando sus nuevos "euromisiles" y sus ultramodernos satélites de combate sobre Moscú y Leningrado hoy rebautizado con el nombre de "Pedro"!

¿Hará falta decir que las "razones" que empujaron al PCF pre-mutante de Marchais, al mutante de Robert Hue (que, a diferencia del primero, no tenía ningún "fondo" obrero y comunista) y al archi-mutado de Laurent y Roussel, a "repudiar la violencia", son aún menos válidas en 2019 que en 1976, en el descolorido congreso de Martigues o en el "congreso extraordinario" de 2018?

La desaparición de la URSS ha debilitado la probabilidad de una transición puramente pacífica al socialismo.

En primer lugar, el campo socialista y de la URSS, baluartes mundiales de la relación de fuerzas entre el trabajo y el capital, entre las fuerzas de paz y el imperialismo, se derrumbó, víctima de los esfuerzos combinados del imperialismo exterior, de la burocracia interna y del hiper-revisionismo gorbachiano. Sólo con este argumento, a menos que el oportunismo ideológico resultase de errores cometidos de buena fe y no de una institucionalización no reconocida de los antiguos aparatos comunistas, debería volverse sobre las elucubraciones de 1976 sobre la supuesta obsolescencia de la lucha armada completamente a la luz de la nueva fuerza irresistible del campo socialista. ¿Qué lector de buena fe, al echar una ojeada con horror al abismo de regresión ideológica en el que ha caído irreversiblemente el actual PCF-PIE, no entiende que lo que es realmente súper "anticuado", "obsoleto", "desfasado", tan desgastado como este socialismo angélico y pequeñoburgués que ridiculizaba a Marx a mediados del siglo XIX, es, más bien al contrario, la incoherente argumentación que avanzaban G. Marchais y sus entonces ridículos consejeros, Pierre Juquin, Jean Elleinstein, Félix Damette, Paul Boccara, Philippe Herzog y otros intelectuales antimarxistas (todos ellos, por otra parte, abandonaron posteriormente el PCF basados en posiciones derechistas para hacer carrera en otro lugar y luchar contra el comunismo desde el exterior después de haber desnaturalizado el PCF desde dentro)? Si hubiera que renunciar a la violencia revolucionaria en cualquier circunstancia con el pretexto de que el imperialismo-capitalismo temporalmente debilitado se enfrentaba entonces a la ofensiva global de las fuerzas del progreso, nos gustaría saber qué nuevo sofisma podrían inventar hoy los euro-revisionistas para explicarnos que es necesario, aún hoy, sacralizar el "camino pacífico" y proscribir cualquier otro método de lucha, mientras el campo socialista mundial está disuelto, mientras el frente antiimperialista está fracturado (¡sólo es cuestión de ver lo que el pueblo palestino está sufriendo ahora, sin ningún apoyo externo sólido!) y que, si bien algunas potencias actuales como la Rusia capitalista se vean obligadas a frustrar al hiperpredador yanqui por razones de autodefensa nacional y el destino de la China popular esté lejos de estar sellado social y políticamente, el imperialismo norteamericano dirigido por Trump, el imperialismo japonés aspirando al rearme y el imperialismo alemán más arrogante y "gourmand" geopolítico que nunca, siguen interfiriendo violentamente, mediante sanciones económicas, manipulación de los medios de comunicación, intrusión política e invasión militar, en los asuntos de otros pueblos, desde Venezuela hasta Malí, Ucrania, Siria, Iraq, Libia, Yemen, Afganistán, Irán, Colombia, República Centroafricana, Costa de Marfil, etc. ?

¡Sí, sin ser mayoría, la reacción tiene una base de masas potencial en Francia! - En cuanto a ese cuento rosa del 99% de los franceses interesados en el socialismo contra el 1% de los oligarcas monopolistas, ¿están los lectores de este texto tan mal informados sobre el mundo que les rodea que debemos tomarnos en serio la molestia de desengañarlos? Sí, el mundo del trabajo, dirigido por su parte más decidida, la clase obrera, puede construir una amplia mayoría popular centrada en la independencia nacional, el progreso social, la reconstitución de la producción en Francia, la cooperación internacional planificada entre Estados soberanos e iguales, todo ello en la perspectiva de una ruptura progresiva con la UE/OTAN, un preludio de una ruptura revolucionaria integral con el dominio capitalista. Pero por un lado, este amplio Frente antifascista, patriótico, popular y ecológico (Fr. A.P.P.E.) promovido por el PRCF [Polo de Renacimiento Comunista en Francia] debe ser dirigido por la clase obrera, la cual no podrá cumplir esta función unificadora sin un partido comunista de combate (al revés de lo que se ha convertido el aparato institucionalizado del PCF) y sin un sindicalismo rojo liberado de la supervisión de la C.E.S. y la CFDT. Por otra parte, este Fr.A.P.P.E. debe esperarse una resistencia feroz, mediática, ideológica, comercial, y, si es posible, militar y sediciosa, nacional e internacional (¡véase el modo en que se combate a países que ni siquiera son socialistas como Rusia o Nicaragua!) del gran capital "nacional" y mundial. Finalmente, ¿quién puede creer que muchos burgueses, "bohemios" o tradicionales [10], que están muy contentos con el sistema actual, no se unirán a la oligarquía desposeída? ¿Quién puede pensar por un segundo que todo el alto aparato estatal militar o policial seguirá en posición de reposo cuando el poder popular destituya a los caciques creados por la oligarquía, "rompa las cadenas de la Unión Europea", saque a Francia de la OTAN, nacionalice empresas estratégicas sin compensación, decida no pagar la deuda ilegítima "debida" a los "mercados financieros", y devuelva a una jubilación base a los altos mandos y a los altos funcionarios que se incorporan a los consejos de administración privados? ¿Quién puede también creer que los millones de altos ejecutivos de los servicios de parásitos, las finanzas, los seguros, las comunicaciones, la publicidad, el lujo, el turismo de alto nivel, que viven muy bien en este país, mientras que los trabajadores, los empleados, los profesores, las enfermeras, los ingenieros de lo público,y los técnicos de la industria, la masa de artesanos, los empresarios autónomos y los trabajadores del campo "luchan", no harán todo lo posible por romper un movimiento que volvería a Francia hacia los servicios públicos útiles y hacia el “producir en la Francia”, industrial, agrícola y artesanal? Es exactamente soñar con los ojos abiertos, camaradas comunistas y rebeldes de base; o más grave, ¡sería sencillamente llevar a las masas a la masacre, señores políticos profesionales de la “izquierda” establecida y del sindicalismo institucionalizado, ignorar el hecho obvio de que, aunque potencialmente en minoría (pero con enormes recursos mediáticos, financieros, culturales y MILITARES a su disposición), la oligarquía puede contar con unos pocos millones de amigos combativos en este país, sin mencionar el sabotaje y la ayuda que obtendría si un país de la importancia geopolítica de Francia se embarcara en una transición revolucionaria, por muy pacífica que sea, hacia el socialismo! Por cierto, nosotros los del PRFC nunca hemos tenido la ingenuidad de afirmar que el "Fr.A.P.P.E." que estamos impulsando serviría para hacer la economía (¡entre lo deseable y lo posible, a menudo hay un abismo!) de la confrontación de clases más decidida y, en definitiva, de la revolución propiamente socialista. Por el contrario, para los comunistas, contra todo oportunismo de derecha y sectarismo obtuso, se trata de crear las condiciones más unificadoras posibles para la revolución socialista permitiendo que millones de miembros de las clases populares y medias se convenzan a sí mismos, no por discursos vanos, sino por su experiencia del Frexit progresista y de la reconstrucción francesa, de la necesidad de incapacitar vigorosamente al bloque capitalista-reaccionario si realmente queremos restaurar la independencia de nuestro país amenazado por la decadencia y la fascistización. Si la clase obrera muestra firmeza en esta tarea, si a su debido tiempo no vacila ante los medios revolucionarios, su determinación conducirá a las "capas medias" antimonopolistas, que inevitablemente caerán en el lado contrarrevolucionario si sienten que, al final, la confianza y la fuerza están en ese lado. Por lo tanto, tendremos que actuar con moderación, en pocas palabras, con la menor violencia posible, por supuesto, pero cuando llegue el momento no caigamos en el angelismo político, que sólo alentaría la violencia contrarrevolucionaria contra nuestro pueblo[11]!

En la medida de lo posible pacíficos, pero no "pacifistas que balan".

Por supuesto, en la medida en que dependa de ella, la clase obrera y su partido comunista de combate elegirán siempre los medios más pacíficos, democráticos y "civilizados" posible, incluso con respeto a los enemigos de clase en la medida en que se les considera capaces de volver a la humanidad común (y por lo tanto de trabajar como todo el mundo).... y que, por supuesto, no sabotearán la opción socialista mayoritaria[12]; pero prometer con franqueza que pondremos la otra mejilla, que el pueblo no se armará, que nos desarmaremos unilateralmente cuando todo el mundo capitalista tenga todo el derecho a armarse contra nosotros, no, nunca lo haremos porque ahorrar la sangre de fascistas que se alinean en la contrarrevolución equivaldría a ser cómplices de esta última. Desde ahora mismo, si queremos que resistan a las contrarreformas burguesas, los proletarios y sus aliados progresistas de otros estratos sociales deben tener la seguridad de que no serán entregados por las fuerzas comunistas y sinceramente insubordinadas, al despiadado cuchillo de Trump, Netanyahu, Bolsonaro y los futuros emuladores "franceses" de estos bandidos de alcance global! Que se piense en el alineamiento de tanto "pacifista" con el régimen de Vichy o colaborando con la Alemania nazi, incluidos sindicalistas equivocados, intelectuales de "izquierda" (Alain, Jean Giono...) y líderes "socialistas" que se volvieron "pardos" allá por los años treinta, como Marcel Déat, el autor del violento panfleto pacifista ¿Morir por Dantzig? en mayo de 1939, preparando así la futura colaboración con Adolf Hitler.....

Dictadura del proletariado y expansión de la democracia popular.

Por supuesto que será necesario asegurar que la futura dictadura del proletariado no acabe corroyendo y "congelando" la democracia popular, que sigue siendo en todo momento el combustible decisivo para la construcción socialista; porque si la revolución popular finalmente se "congelara", según las palabras de Antoine Saint-Just, el pueblo volvería a caer en la secular pasividad política; la reacción y los arribistas levantarían la cabeza y el camino volvería a abrirse a un sangriento "termidor" y luego a una contrarrevolución exterminadora. No olvidemos que el amable y correcto Macron encuentra virtudes en Pétain y que agradeció a Versalles por haber antaño "salvado la República". ¡Vamos a ver! No olvidemos nunca la Semana Sangrienta, cuando los versalleses de Thiers mataron a más proletarios en ocho días que todo el "Terror" a condenados contrarrevolucionarios durante toda la Revolución.... mientras que Francia se desgarraba por las insurrecciones realistas y era invadida en todas sus fronteras. No olvidemos el derramamiento de sangre en Chile porque la clase obrera no estaba en condiciones de armarse a tiempo contra el golpe fomentado por Pinochet y patrocinado por Kissinger. No olvidemos tampoco el millón de campesinos comunistas indonesios linchados por los secuaces de Suharto con el indecente aplauso de EE.UU.... Y tengamos en cuenta, a menor escala, y mientras sólo se trata por el momento de impedir la restauración del impuesto sobre las fortunas que exigen los chalecos amarillos, los ojos reventados por balas flash-balls, las manos arrancadas por granadas explosivas y miles de arrestos preventivos (a veces por sostener una máscara de pintor o una navaja suiza).) todo provocado por las fuerzas del orden durante las manifestaciones de diciembre de 2018/enero de 2019 en Francia....

Cada vez más fascistoide y germanizada, la "construcción europea" no es precisamente "pacificadora"....

Además, basta con resituar a Francia en el contexto europeo para comprender hasta qué punto la idea de una marcha en principio exclusivamente pacífica hacia el socialismo es una ilusión para nuestro país. En Europa del Este, (Polonia, Hungría, Ucrania, los países bálticos, Rumania, la antigua Yugoslavia) los partidos comunistas están siendo prohibidos o "ilegalizados" en todas partes, mientras que las fuerzas de extrema derecha, ultra clericales (Varsovia) y pro-hitlerianas (Kiev, Riga, Vilnius, Viena), los nuevos mussolinianos (Roma) se asientan en las capitales europeas con la perfecta connivencia de la muy dictatorial UE, que sólo tiene como enemigo a los comunistas a quienes se esfuerza en criminalizar, a los anti-Maastricht a los que demoniza constantemente, a los sindicalistas de clase, a los que se les prohíben las huelgas en Grecia a instancias de Berlín/Bruselas.... Por muy comprensible y comprensiva que sea la demanda de los Chalecos amarillos del “RIC" [Referendum de Iniciativa Ciudadana], ¿cómo no constatar que en toda Europa, y Francia aún peor desde este punto de vista, el resultado de los referendos (el de 2005, pero también los referendos locales de Córcega, Alsacia, la Isla de la Reunión y el Loira Atlántico han sido pisoteados TODOS: ¡alerta a los que ven una panacea democrática en la "RIC"!) es sistemáticamente esquivado cuando disgusta a la oligarquía?

Guerra de ideas, ideología de guerra

Finalmente, con respecto al argumento pseudo-gramsciano de "la lucha de ideas sobre la confrontación física", no sólo es absurdo en general, porque "la clase que detenta los medios materiales de producción detenta al mismo tiempo los medios de producción espirituales" (Marx-Engels, Ideología alemana), pero es aún más absurdo en esta época de hiper-concentración de los medios de comunicación por parte de la gran burguesía apoyada por esos privilegiados de segunda clase a los que Lenin llamó "las clases parlanchinas" y que Nikos Poulantzas llamó "las clases dominantes" por su aparente dominio sobre el orden simbólico. Basta ver cómo en Francia las empresas estrechamente vinculadas al armamento, o a la jugosa reconstrucción de países destrozados por la guerra, los imperios capitalistas de Bolloré, Vinci, Bouygues, Lagardère, todos adquieren tentáculos mediáticos para acordar sus proyectos capitalistas a su defensa geopolítica de los intereses imperiales "franceses", europeos o atlánticos....

Dialéctica de la vía pacífica y de la vía armada

¿Significan estas consideraciones que, al final, la contra-violencia revolucionaria será la única salida realista para aquellos que quieren cambiar la sociedad en Francia, y más aún en países cuyas tradiciones políticas son aún más sangrantes que en nuestro país? La respuesta no puede ser burdamente binaria y dogmática: «¡Ça dépend!», ["¡Depende!"], como le gustaba decir a Marx en francés en el texto. Debemos salir ya del devastador cisma ideológico que, durante las décadas de 1960 y 1970, descuartizó el Movimiento Comunista Internacional, el campo socialista y el Frente Antiimperialista Mundial ensalzando a la China maoísta, exaltando la vía armada hacia el socialismo y el "cerco de las ciudades por el campo", en la URSS post-estalinista de Jruschov, idealizando la coexistencia pacífica Este-Oeste y los caminos pacíficos, incluso parlamentarios, hacia el socialismo.

Fracaso del maoísmo, o bien de la China Popular: en su forma exacerbada, a pesar de los grandiosos avances históricos y democráticos de 1949 (proclamación de la República Popular por Mao Zedong), el maoísmo habría fracasado en general según sus propias normas políticas: pretendía endurecer la confrontación con el imperialismo a toda costa, "impedir que China cambie de color" y bloquear el camino a posibles "Jruschovs chinos" tentados por la restauración capitalista (Deng Xiaoping fue el primer objetivo); sin embargo, a pesar de (¿o a causa de?) la fiebre irracional y destructiva desencadenada por la llamada "Revolución Cultural" y el inmenso efecto negativo que tuvo en la mayoría de los chinos descontentos, el maoísmo exacerbado habrá causado en última instancia una terrible inclinación de balanza hacia derecha. Esto ha fomentado el surgimiento de líderes "pragmáticos" que han llevado a China a la globalización neoliberal. Sus precursores inmediatos, como Zhou Enlaï en particular, lucharon militarmente contra la URSS y el Vietnam Socialista recientemente unificado (¡apoyando al carnicero Pol Pot!) e incluso se acercaron escandalosamente a Nixon y a las peores potencias del planeta (el Chile de Pinochet, la racista Sudáfrica...) para aislar al principal enemigo soviético. Sus sucesores permitieron entonces que se desarrollara en China una clase de multimillonarios que, por supuesto, tarde o temprano reclamarán la restauración completa de la propiedad capitalista a riesgo de dividir el país. Sin embargo, no ennegrezcamos la imagen porque, a diferencia de Gorbachov y Yeltsin, la dirección china no ha liquidado la propiedad estatal de las empresas estratégicas, se opone al imperialismo estadounidense y está intentando desarrollar un mercado interior favorable al aumento de los salarios de los trabajadores y los campesinos.

La URSS, desde Jruschov hasta el gorbachovismo liquidador.

Por contra, la línea de Jruschov del XX Congreso del PCUS (1956), y lo que es peor, la línea entreguista personificada por Gorbachov, desarmaron unilateral, ideológica y políticamente a la URSS y al campo socialista; en particular, la abierta exaltación de una coexistencia pacífica Este-Oeste, cada vez más despojada de su dimensión leninista antiimperialista[13] (Gorbachov llegará a hablar tontamente de "unidad de civilización" antes de recibir una buena patada en el culo propinada por Yeltsin y sus patrocinadores de la Casa Blanca), contribuyó no poco a la entrega de Rusia y del antiguo campo socialista a las venganzas del imperialismo alemán y la OTAN. Finalmente, el "Gorby" que abogó a toda costa por la paz y el desarme unilateral de la URSS, incluso a expensas del socialismo y de los "intereses de clase del proletariado", dislocó su patria y promovió la expansión sin precedentes de la OTAN, que actualmente está preparando una guerra potencialmente exterminadora contra Rusia: ni el chambelán inglés ni el francés Daladier "apaciguaron" tanto a Hitler firmando el Acuerdo de Munich (1938), como "apaciguaron Gorbachov, Modrow, Yeltsin y todos los líderes socialdemócratas y "eurocomunistas" de Europa Occidental que los aplaudieron entonces[14] " a los imperialistas alemanes, ahora amos de Europa, o a los imperialistas yanquis cuyo líder medio tonto, Donald Trump, sólo sueña con vapuleos y destrozos en Rusia, Corea, Irán o el mar de China.... Por el contrario, estos entreguistas han excitado el deseo de poder y reconquista del campo imperialista capitalista hasta el punto de que la Alemania "unificada" esté ahora, con toda la indecencia histórica, mirando de reojo la membresía de Francia en el Consejo de Seguridad de la ONU, y que el Primer Ministro japonés Shinzo Abé presente como héroes nacionales a los generales criminales que asolaron China y Corea antes de 1945....

Distinguir y articular la cuestión de la dictadura del proletariado y la de las formas de revolución socialista.

Por lo tanto, corresponde a los verdaderos comunistas recuperar su posición teórica y práctica. Para ello, es necesario, por un lado, liberarse de la problemática distorsionada que veía al izquierdismo maoísta enfrentándose al revisionismo jruscheano, cuando el oportunismo de izquierda del primero no equilibraba sino que estimulaba el revisionismo de derechas del segundo (y viceversa), y por otra parte, volver a algunos principios elementales del marxismo y el leninismo. Recordemos primero que, aunque estas dos cuestiones estén vinculadas, la cuestión de la dictadura del proletariado y la de la revolución armada no son idénticas, aparte de lo que hayan podido dejar creer los hermanos-enemigos del maoísmo y del oportunismo de derechas que unas veces justificaban el monopolio de la lucha armada por la necesidad de la dictadura del proletariado (DDP), y otras veces aconsejaban abandonar el objetivo del DDP en nombre de la "vía democrática hacia el socialismo". En realidad, sean cuales sean las formas, armadas o no, de lucha revolucionaria, la dictadura del proletariado seguirá siendo un objetivo inevitable de la revolución socialista porque será imposible, sin destruir el aparato de dominación del estado burgués, sin construir un nuevo aparato estatal de las masas en lucha, sin una amplia democracia popular y sin represión de los líderes fascistas y contrarrevolucionarios, emprender seriamente la transición histórica cada vez más urgente y vital del capitalismo al socialismo-comunismo. La cuestión del DDP no es la de las formas políticas e institucionales del Estado socialista, sino la del contenido de clase de este Estado nuevo, que no sobrevivirá si no se apoya en una intensa democratización de la vida política de las masas trabajadoras y si, desde el mismo movimiento, no impone lo que Marx llamó "medidas despóticas" contra la oligarquía, empezando por la "expropiación de los expropiadores", corazón de la revolución socialista.

En cuanto a las formas de acceso al poder del Estado, en general sólo se pueden decir dos cosas totalmente seguras en la medida en que son resultado de la naturaleza de las relaciones de clase:

  1. Por supuesto, mientras dependa sólo de ellos, el proletariado revolucionario y el movimiento popular en general siempre elegirán las formas menos sangrientas de conquista y consolidación del nuevo poder. Recordemos que la revolución democrático-burguesa francesa sólo se volvió realmente violenta, a pesar suyo, cuando se constató que la Corte y los monarcas de Europa querían aplastarla en sangre (Manifiesto de Brunswick), lo mismo que la insurrección bolchevique del 7 de noviembre de 1917 que apenas causó derramamiento de sangre, y que los ministros de Kerensky fueron liberados en libertad condicional cuando prometieron (mentirosamente) no interferir en los sucesos posteriores. Cuanto más amplio sea el agrupamiento sociopolítico y cultural en torno al mundo del trabajo y la clase obrera en lucha, más aislado socialmente estará el bloque capitalista centrado en la oligarquía financiera, y menos costosa en vidas humanas y destrucción económica será la transición revolucionaria del capitalismo al socialismo. Por eso, sin desviarse ni un segundo sobre la naturaleza de clase del futuro poder socialista, los militantes lealmente comunistas del PRCF llaman a la construcción de un amplio Frente antifascista, patriótico, popular y ecológico que reúna a la mayoría del pueblo francés en un proyecto de independencia nacional, cooperación internacional, progreso social y transición ambiental, que pondrá el campo del capital a la defensiva y permitirá a todos los ciudadanos honrados ver claramente quién quiere el progreso del país hasta empujar la democracia al socialismo, y quién quiere, por el contrario, incluso a costa de la sangre de los trabajadores, salvar el capitalismo a toda costa, incluso si eso significa liquidar la independencia francesa y todos los logros de la civilización de nuestro país. Así, la lucha por el socialismo será "armada", en el sentido en el que se tensa un arco, mediante la más amplia concentración posible en torno a la clase obrera y el mayor aislamiento posible de los sectores oligárquicos y privilegiados.

  2. Sin embargo, el uso de la violencia armada depende sobre todo del equilibrio de fuerzas entre las clases sociales -por naturaleza es cambiante y fluctuante- y los medios políticos y militares que el campo reaccionario puede o no utilizar, ya sea a escala nacional o a escala europea y transcontinental. Amedrentada por los frecuentes sobresaltos de la lucha de clases en Francia (bloqueos corporativos en la lucha contra El Khomri, bloqueo de la SNCF, sarpullidos estudiantiles y de institutos, pre-insurrección espontánea de los chalecos amarillos....), teniendo en cuenta (¡por desgracia mucho más, que en el mundo del trabajo!) los "horrores" de 1789, Año II (1793), los Tres Años Gloriosos, febrero y junio de 1848, la Comuna, la huelga ferroviaria de 1920, las ocupaciones de fábricas de 1936, los FTP que se convirtieron en FFI y liberaron a París de las botas alemanas, los nueve millones de huelguistas de mayo-junio de 68, el resonante ¡No! de clase del 29 de mayo de 2005 a la Constitución Europea, la insurrección juvenil contra el CPE, la oligarquía francesa ayudada por todo el arco burgués (desde Dupont-Aignan hasta el PS de Valls, pasando por Macron-Benalla), acordándose, mejor que los proletarios, de las palabras de Marx que llamaba a Francia un "país clásico de luchas de clases llevadas a cabo hasta el final", está reforzando su arsenal represivo y judicial. Peor aún, se dice a sí misma que el mejor seguro contra el movimiento popular es disolver permanentemente este incorregible país rebelde en la Europa alemana, en una UE bloqueada por "una economía de mercado abierta al mundo donde la competencia es libre y no está distorsionada" (Maastricht, 1992), bendecida por un ejército europeo vinculado a la OTAN, que, cuando llegue el momento, "limpiará" Francia si cuaja un nuevo 68, o si llegara a triunfar una vasta alianza orientada hacia un Frexit progresista. Porque la gran burguesía no fetichiza las elecciones y referendos más que cuando le son favorables; si no lo son, los barre de un plumazo: Recordemos que la "V República" nació de la sublevación del ejército colonial argelino, que el ¡NO! de 2005 fue groseramente violado por Sarkozy y los diputados "socialistas", que el poder actual tiene el 80% de los diputados mientras que el 56% de los franceses han dado la espalda a las urnas en la segunda vuelta de las elecciones legislativas después de haber concedido a Macron sólo el 18% de los votantes inscritos en la primera vuelta de las elecciones presidenciales (la segunda fue ganada por este tipo sólo porque los medios de comunicación, ayudados por la falsa izquierda, se conformaron con Macron, presentándolo disimuladamente como una muralla ante el fascismo lepenista)....



Tener en cuenta todos los escenarios.

Por lo tanto, sería irresponsable que la futura dirección revolucionaria no tuviera en cuenta estos hechos esenciales y siguiera quejándose de que en Francia la revolución tiene que ser necesariamente pacífica. No se trata tanto de predecir el futuro como de analizar imparcialmente el "momento actual": sí o no, la violencia del CRS contra los chalecos amarillos en las rotondas, la represión patronal contra los sindicalistas de clase en las empresas o la humillación policial infligida a los estudiantes de bachillerato en lucha, por no hablar de los proyectos de liberación contra el derecho a manifestarse, ¿están en constante aumento con, en el fondo, los llamamientos a disparar al montón de "filósofos" como Luc Ferry y las exhortaciones a cazar a los plumíferos de Le Point? Sí o no, los propios Chalecos Amarillos, que inicialmente protestaron sólo contra un impuesto, ¿no deben sacar a la luz, con toda su relevancia histórica, las imágenes de la Revolución Francesa, devolver su significado insurreccional al estribillo de la Marsellesa, dotarse de servicios de orden activos, defender la dimisión de Macron, enfrentarse a las "fuerzas policiales" en los Campos Elíseos, soñar con una democracia directa que restablezca la soberanía efectiva de los pueblos con vistas a la justicia social y la igualdad? Mientras que de ahora en adelante, las manifestaciones sindicales más supervisadas están "atrapadas", cortadas por la policía montada, peligrosamente acorralados en los salientes de los puertos o canales parisinos, ¿no debe plantearse la cuestión de organizar democráticamente la autoprotección de los manifestantes o, en el caso de los huelguistas de las empresas o de los estudiantes en lucha, de organizar piquetes para hacer cumplir las decisiones mayoritarias de lucha de las asambleas?

Cuando los militantes Ch'tis de la FNARC[Federación Nacional d Asociaciones por el Renacimiento Comunista] (precursora del PRCF) lanzaron en 2003, durante las grandes luchas por las pensiones, la consigna de masas "¡No es la patronal la que debe hacer la ley, la verdadera democracia está aquí! " eslogan que dio la vuelta por todas las manifestaciones de Francia, ¿qué quería decir si no que la "democracia burguesa", cada vez más oligárquica y cada vez menos democrática, incluso a nivel puramente formal, revela cada vez más su carácter falso, policial y fascistizante, siendo así que la fuente de toda legitimidad está en el pueblo en movimiento, cuyo centro es y sigue siendo el mundo del trabajo, como recordaba claramente el programa del CNR? Decir esto no es más que recordar, sobre bases materialistas y proletarias, lo que Rousseau ya dijo en El contrato social cuando estableció que, como el pueblo es el único soberano y cualquier autoridad política deriva su legitimidad sólo de él, ninguna elección es ley para el pueblo (el contrato social prevalece en todas las circunstancias sobre el "pacto de sumisión" a los gobernantes, aunque sea resultado de unas elecciones) porque la elección subordina a los elegidos al pueblo y no lo contrario[15]. Como fuimos los primeros en escribir en aquella noche de mayo de 2007, cuando el peligroso Sarkozy fue alzado a la presidencia para deshuesar el modelo social resultante del CNR, limar el derecho de huelga y agravar la eurodependencia de Francia, sigue siendo universalmente válida esta frase inspirada por Robespierre, y que ilumina el Preámbulo de la primera Constitución republicana francesa,

"Cuando el gobierno viola los derechos del pueblo, la insurrección es para el pueblo y para cualquier porción del pueblo, el más sagrado de los derechos y el más indispensable de los deberes.

Estamos esperando, y no tardará mucho, que un ministro macronista, por qué no la Sra. Marlène Schiappa, que siempre es tan imaginativa en cuestión de vigilancia policial del "ciudadano", pida que esta frase histórica, que resume el mensaje de la Revolución Francesa para todos los pueblos, sea finalmente criminalizada como una llamada al "terrorismo". Vamos, señores de la oligarquía "liberal" y "anti-totalitaria", ¡otro movimiento más para revelar plenamente su naturaleza de clase antidemocrática, ant-ipopular y, para decirlo sin rodeos, antinacional!

Recuperar el enfoque marxista-leninista de la revolución socialista.

Por lo demás, no son los Voltaire ni los Rousseau, sino los Gavroche y los Marianne, con la gorra roja o con el chaleco amarillo según la época, quienes levanten las barricadas de las revoluciones auténticamente plebeyas y republicanas. Y lo que más instruirá al sufrido pueblo francés sobre las necesidades inexorables de la lucha por su supervivencia como pueblo y nación libres es la creciente brutalidad de este poder despiadado de los financieros, inscrito en la caricatura de la insolencia macroniana. No sólo por la violencia policial desatada y el ridículo alineamiento cortesano de los medios versallescos, sino por la increíble avalancha de ataques a los salarios, las pensiones, las escuelas, la salud, la vivienda social y la indemnización de los trabajadores desempleados, que este Gobierno, que depende de la UE de Maastricht, está haciendo llover sobre nuestro país: ahí está el trasfondo increíblemente violento de una guerra de clases contra los pobres, de la que el tolete, las balas relámpago, el estado de emergencia permanente y los tanques que desfilan en los Campos Elíseos son sólo la punta del iceberg. Sin embargo, es necesario -simplemente por decencia militante- que los que en este país afirman reivindicar el comunismo, la insubordinación, la soberanía popular y nacional, el sindicalismo de lucha, actúen con rapidez, ¡porque se acerca la hora de los enfrentamientos decisivos! - la sincera autocrítica de las opciones oportunistas que han desarmado y debilitado durante mucho tiempo el campo del progreso social en Francia, siendo la peor de ellas el que estas regresiones ideológicas fueran llevadas a cabo, en los años setenta, por aquellas mismas personas que hasta entonces fueron consideradas por el pueblo francés como su vanguardia histórica: los dirigentes del PCF que cedieron lamentablemente a la presión combinada anti-leninista y antisoviética de Mitterrand y al euro-oportunismo transalpino. Es urgente volver a aprender, no a "elegir" abstractamente entre vías armadas y vías pacíficas, como si todo dependiera únicamente de nosotros (idealismo, voluntarismo) o como si la realidad se presentara de una manera pobre, binaria y "metafísica", sino a dialectizar los aspectos, los momentos, las dimensiones armadas y desarmadas (al menos virtualmente) de cualquier proceso revolucionario, sin perder de vista nunca, de ningún modo, los objetivos finales de la acción militante, ni las características siempre cambiantes de la relación de fuerzas. Y, lo que es más importante, debemos anclar esta reflexión teórica en las resistencias prácticas de nuestro pueblo a la desorganización social, a la euro-disolución nacional, al fascismo liberal galopante de la Francia y de la UE del capital, con la preocupación constante de reconstruir un partido comunista combativo en nuestro país.

[1] Filósofo, secretario nacional del du Pôle de Renaissance Communiste en France. Autor de Nouveau défi léniniste, Delga, 2017.

[2] La cual tenía « filosóficamente » el favor del Partido, como por otra parte, era ya el caso de Engels o el de Lenin aunque la decisión depende del campo del proletariado.

[3] … cuando los estatutos del PCF fueron purgados de toda referencia a la dictadura del proletariado, al internacionalismo proletario, a la solidaridad de clase con los países socialistas y al marxismo-leninismo, con la aparición de temás pequeño-burgueses como “avanzada hacia el socialismo” y de la « autogestión » sin la socialización de los medios de producción.

[4] Cómo extrañarse, cuando los « rojos » mutan al rosa so capa de eurocomunismo, cuando los « rosas », que no piden más que eso, tornan hacia elsocial-liberalismo (socialismo de boca, neoliberalismo de hecho…) y cuando la derecha parlamentaria misma, muta en “pardo” (Wauquiez), el lepenismo como punto de fuga general de la derechización de un espectro político francés en su mayoría adoctrinada por el euro-revisionismode los dirigentes del PCF ? Contrariamente a lo que repiten los actuales dirigentes del PCF, no es solo porque el PCF se haya debilitado cuantitativamente por lo que la sociedad francesa evoluciona hacia la reacción, lo más grave es el deterioro cualitativo del partido ; al rechazo al leninismo ha venido acompañado de una ruptura de los lazos organizativos tejidos en la época de Thorez y Frachon con la clase obrera (células de empresa, sindicalismo de clase abandonado a su suerte).

[5] Donde Marx veía su aporte principal a la teoría política en su célebre “ Carta a Weydemeyer” fechada en 1852.

[6] Hace más de 40 años, pues, ¡y no « después del Congreso de Martigues de 2000, como lo explican los últimos de la cordada de la lucha anti-revisionista con el fin de minimizar la gravedad y la antigüedad de las derivas revisionistas!

[7] En  El imperialismo fase superior del capitalismo, 1916.

[8] A la que Giscard, Mitterrand, Jospin y hoy Macron han sacrificado la gran industria francesa, excluyendo de la ciudadanía de hecho a mineros, metalúrgicos, etc.: ¡basta ya de obreros y campesinos, basta ya de revolución obrera y campesina! El acto más grave de este sometimiento de clase de Francia fue el cierre de Renault-Billancourt, epicentro de la huelga de 1968, donde se producía lo principal de la máquina-herramienta, base de la industrialización del país.

[9] « E capitalismo no produce la riqueza, decía Marx, si no es agotando sus fuentes, la Tierra y al trabajadores».

[10] El miedo a la revolución socialista unió rápidamente a los "socialdemócratas", a los partidarios del FN y a los "liberales", unidos en un único e incandescente odio contra el poder popular, como en Caracas..

[11] Por favor, no dejemos Cuando la Segunda Internacional apoyó la sagrada unión de 1914-1918, es decir, una carnicería reaccionaria mundial, cuando el SPD hizo asesinar a Rosa Luxemburg, a Karl Liebknecht y a los Espartaquistas, cuando un ministro de la SFIO (Jules Moch) hizo fusilar a los mineros del Nord-Pas-de-Calais en 1948, cuando los gobiernos con participación, incluso bajo la dirección "socialista", apoyaron las guerras coloniales y legitimaron cobardemente el golpe de Estado gaullista de 1958, los dirigentes "socialistas" no practicaron la "no violencia" en absoluto, sino un apoyo decidido a la violencia antiobrera, o incluso un apoyo directo a las acciones colonialistas y fascistas. La única violencia que les ha molestado es la violencia revolucionaria; la violencia de las guerras imperialistas no les molesta en absoluto, especialmente en África o en Oriente Medio. ¿Cuántos asesinatos "selectivos" y "extrajudiciales" bajo los grandes "opositores a la pena de muerte" como pretenden ser ser Hollande o el difunto Mitterrand?


[12] No estamos a favor de torturar psicológicamente durante meses al siniestro ex-CEO Carlos Ghosne , como lo hacen los imperialistas japoneses sádicamente, para vengarse de un competidor de colmillos largos y revertir la relación de fuerzas dentro de la "alianza" Renault-Nissan.[13] Le léninisme ne conçoit pas l’incontournable coexistence pacifique entre socialisme et capitalisme (tant que le capitalisme n’a pas été renversé partout) comme une convergence entre les deux systèmes foncièrement antagoniques mais comme une forme de la lutte des classes dans des conditions historiques données.

[14] En agosto del 91, en plena contra-revolución rusa, mientras Yelsin prohibía el PCUS, L’Humanité hablaba aún de « levantamientos democráticos en el este» y titulaba indecentemente: “¡PCF, PCUS, el día y la noche!”

[15]  Véase el artículo de conclusión de G. Gastaud en Rousseau’s Studies, diciembre 2019, La philosophie politique de Rousseau au cœur des luttes révolutionnaires actuelles.


Fuente : https://www.initiative-communiste.fr/articles/prcf/retour-critique-sur-les-voies-pacifiques-au-socialisme-par-georges-gastaud/

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Traducción de Red Roja