¿Hacia unA CONVERGencia de las LUCHAS? ¡Al lAdo de los « CHALECOS AMARILLOS », CHALECOS…ROJOS!

Las cadenas de televisión del mundo entero han tenido la gentileza de transmitir los acontecimientos que tuvieron lugar en París el sábado 24 de noviembre. Tal vez no todas se han cuidado de suministrar a los progresistas los elementos necesarios para ir más allá de una impresión de caos y comprender la situación actual. El 24, igual que la semana anterior, miles de “chalecos amarillos” desbordaron con facilidad los cordones policiales e invadieron los Campos Elíseos para gritar su hostilidad a la política emprendida por el Presidente Enmanuel Macron. Pero esta vez, las fuerzas del orden (unos 3000 hombres desplegados para la ocasión) consiguieron impedir la aproximación al Palacio presidencial.


Los sucesivos intentos de avanzar hacia los Campos Elíseos por parte de grupos de chalecos amarillos, implacablemente repelidos por una lluvia de granadas lacrimógenas y golpes de tolete, se produjeron, sin interrupción, desde las nueve y media de la mañana hasta las once y media de la noche. A lo largo de toda la jornada, decenas de barricadas fueron levantadas por los manifestantes e inmediatamente demolidas por los CRS; y las múltiples hogueras prendidas en la capital, apagadas una tras otra por los bomberos. Nuevos heridos de una y otra parte, nuevas numerosas detenciones. Y en la misma tarde, videos – que visiblemente no parecían ser fakes – circulaban por la red y se hacían virales: mostraban a policías encapuchados, agotados por los enfrentamientos y hartos de tener que reprimir “a un pueblo que lucha por [sus] mismas reivindicaciones” (el aumento del salario y la defensa de los servicios públicos entre otras), quejándose de no haber sido relevados y llamando a su colegas a… ¡unirse a la marcha de los chalecos amarillos! ¡Eso es Francia!


La estrategia de comunicación del Gobierno fue por su parte la de reducir la rebelión a un golpe de estado de la extrema derecha. Muy hábil. Es verdad que efectivamente la derecha extrema estaba allí, también ella, en el follón de los amotinados. Como también es verdad que Enmanuel Macron espera designar él mismo a su adversario (en la persona de Marine Le Pen) para las próximas elecciones, lo que le proporcionará una victoria confortable (pero sin legitimidad) como en 2017. Este Presidente que, como pretende, “no da marcha atrás”, sabe que los franceses no querrán racistas para dirigirles, y busca así encerrarlos en una trampa: o él, o la extrema derecha. Pero lo que pronto tendrá que aceptar, es la evidencia de que los chalecos amarillos juntan a más gente que esa. Se trata del hartazgo de todo un pueblo. Incluidas las clases empobrecidas.


El « movimiento » de los chalecos amarillos no tiene líderes, ni los quiere, aunque en el medio de la confusión “representantes” (designados no se sabe bien por quién) hayan sido recibidos de urgencia por el Ministro de la Ecología y la Energía para discutir, en un rincón de la mesa, cómo hacer la famosa transición ecológica “aceptable por los más pobres”… Una transición ecológica absolutamente fundamental e indispensable (¿quién lo duda aparte de Donald Trump y el príncipe de Arabia saudita?), pero eficazmente utilizada por el gobierno neoliberal de Édouard Philippe como pretexto al servicio de una máquina de guerra social: la continuación de una política de rigor salarial que nadie quiere.


Más allá de esto, por supuesto, se plantea a las organizaciones de izquierda, sobre todo a los sindicatos, el problema del liderazgo. Los dirigentes de los sindicatos reformistas – los de la CFDT a la cabeza – se han echado inmediatamente cuerpo a tierra ante el gobierno que les ha recompensado alabando su “sentido de la negociación” (traducido: sumisión). Mucho más importante es lo que le ha sucedido a la CGT. Una CGT a la que los resultados de las elecciones profesionales situaron, el 26 de noviembre, claramente a la cabeza de las organizaciones sindicales en la SNFC [Ferrocarriles]... ¡y tan contentos! En la base, y por dentro, voces cada vez más audibles habían expresado su amarga decepción al ver cómo se empleaban las instancias confederales de la CGT en ralentizar el impulso de las huelgas y manifestaciones de abril, mayo y junio, a la espera de una vuelta a la calma con las vacaciones de verano por delante. Pero las luchas de los trabajadores, aunque dispersas y menos publicitadas, nunca cesaron desde la primavera… Hoy, la decisión del secretario general de la CGT, Philippe Martínez (que había hecho un llamamiento en mayo de 2017 para que “Macron tenga el resultado más alto posible” para ganar a la candidata del Frente nacional), “de distanciarse” de la movilización de los “chalecos amarillos”, hace reaccionar a su gente.


A fecha de hoy, 29 de noviembre, la lista de camaradas que se han puesto en huelga y que están bloqueando sus unidades de trabajo en los sectores de la energía (depósitos de petróleo, nucleares,…), de la sanidad (ambulancias) o de las grandes distribuidoras (Carrefour), en solidaridad con los chalecos amarillos, es ya demasiado larga para poder detallarla en estas líneas. De modo que ahí están los “chalecos rojos” de la CGT anunciando que en adelante hay que contar con ellos: ellos apoyarán a los chalecos amarillos y responderán a la llamada de estos últimos a manifestarse de nuevo, en toda Francia, evidentemente también en la capital, el próximo sábado, 1 de diciembre.


El Presidente Macron y los poderes del dinero a los que sirve con celo, deberían estar intranquilos. Un movimiento popular de fondo, multiforme, obstinado, imparable, parece haberse lanzado. Y la “convergencia de las luchas”, tan buscada en la primavera, podría tal vez dibujarse antes del inicio del invierno.










Traducción de Red Roja