“En política hay que debatir sobre datos y hechos”

Por José Estrada Cruz Publicado en: 23 octubre, 2018


 De modo que, sin organización comunista fuerte (ya bien sea única o diversas coincidentes en la misma lucha), y sin cuadros revolucionarios organizados en cédulas; es imposible movilizar a gente del pueblo y amplias masas trabajadoras capaces de hacer frente al capitalismo de manera constante, dure lo que dure y cueste de lo que cueste.

Por José Estrada Cruz

En este escrito doy mi opinión en base al fracaso de la izquierda en “Europa”; sobre porque no sirven los inventos organizativos que la sustituyen (enjaretados de la noche a la mañana) como los que hemos conocido y estamos conociendo; y sobre cuál es la solución que tienen las migraciones forzosas.

En un debate “marxista”, de hace poco, se ha dicho que “El ascenso de Matteo Salvini y el de otras figuras afines en varios países europeos, no es más que un reflejo del fracaso de la izquierda. …una izquierda que se hizo neoliberal y ya no es capaz de entender a su pueblo”.

El fracaso de la izquierda y sus “filos-neoliberales” en los que se han llegado a instalar, tiene que ver, “casualmente” con profundas desviaciones y actuaciones políticas impregnadas de graves errores que no fueron corregidos y que aún no han sido asumidos, ni reconocidos. El fracaso es consecuencia de un rosario de sucesos, que vienen de lejos y que se agudiza virulentamente hace cuatro o cinco décadas provocando la degeneración y “desaparición” de los partidos comunistas que, primero siguieron a ciegas las directrices de cuanto emanaba de la URSS, y después, aún peor, se inventaron el eurocomunismo para diferenciarse de lo primero, sin que hubiera análisis ni autocríticas serias que les llevasen a resituar de nuevo, de manera consecuente, una teoría revolucionaria por el socialismo.

Esta lamentable realidad es patente en toda Europa, pero para que podamos entendernos mejor, constatemos “datos y hechos” sucedidos bajo nuestros pies. En el estado español, la organización comunista forjada durante muchos años (incluidos los de la guerra civil), casi de la noche a la mañana se va hacer puñetas y, con el Partido Comunista, toda su red organizativa sindical, asociativa, estudiantil, etc. Pero además, en su desaparición, como fuerza organizada y movilizadora arrastra a no pocas organizaciones comunistas “pequeñas”. Las razones de este hecho último (aparentemente incomprensible) debería haber sido motivo de estudios para sacar conclusiones históricas, sin que aún nadie, que yo sepa, los haya realizado.

La catástrofe organizativa comienza, entre otros “datos”, con ideas del PCE, aún en el exilio, que planteaban ir hacía la superación de la escisión de 1921. O sea volver al Partido Socialista. Eran convicciones de su “Santidad” S. Carrillo, (…). Poco después, ya no hacían falta camuflajes de pelucas; la rojigualda es aceptada como bandera del país, el Rey es democrático y, al pueblo se le encasquetaba la Constitución (1978) en la que, entre otros despistes se olvida del derecho de autodeterminación de los pueblos y de sacar a los asesinados de las cunetas pidiendo cuentas a los asesinos.

En pleno desguace del PCE-PSUC se sustituyen las cédulas por agrupaciones y los militantes comunistas obreros tenían que sacudirse la imagen “tosca e inelegante” para la relación con el que “había dejado de ser enemigo porque se había transformado, milagrosamente, en “adversario”.

Suma y sigue: las huelgas salvajes debían irse cambiando por huelgas responsables; de modo que a principios de 1980, el Sr. Carrillo y su séquito de quitamotas, prohíben la huelga general que tenía que salir convocada de la gran concentración sindical, en la casa de campo de Madrid, contra el Estatuto de los Trabajadores. Al mismo tiempo se ordena y se urge a todas las direcciones comunistas, en todo el Estado, a que aleccionen y moldeen a los cuadros del partido y a las bases más activas para que se ajusten a las nuevas formas de “lucha sensata”.

En base a todo este desarme organizativo e ideológico, podríamos plasmar “datos y hechos” como para “echar de comer a los cochinos”. Por ejemplo, ya en los años 80, los comunistas, con más heridas que cientos de africanos que han saltado los muros de cuchillas (antes, durante y después del invento de IU) se privatizan los mejores sectores productivos y serviciales, se firman “mil” pactos sociales y otros tantos decretos anti-obreros que el Sindicato “comunista” rubricaba, permitía o, se lavaba la cara con “huelgas generales” de 24 horas. Tanto era así, que el sustituto de Camacho, S.G. Antonio Gutiérrez, polemizaba en “El País” con los empresarios, tratando de convencerles, para que no se enojaran, argumentándoles que por un solo día de huelga, no tendrían ningunas pérdidas.

Digamos también que las desregulaciones de medidas laborales establecidas desde hace tres décadas en Italia (que nos explican en su artículo el trio de intelectuales), podrían ser un plagio de las del estado español impuestas más de una década antes.

Todo ello nos muestra el mal causado al pueblo y a la clase obrera, por este proceso de degeneración y pudrimiento de una organización comunista que era respetada y temida, a pesar de los grandes rotos en contenidos que ya traía el PCE de sus últimos Congresos.

O sea, de haberse mantenido aquella organización comunista (y otras que la vigilaban y criticaban compitiendo a su alrededor), el capitalismo no hubiera podido dividir y humillar a la clase trabajadora (y a una parte importante de las clases medias que se han visto subsumidas y desmanteladas en esta vorágine) como lo viene haciendo hasta estos momentos. En ese supuesto contexto, el PSOE tampoco hubiera podido servir a los intereses del capitalismo como lo ha venido haciendo. (Alguien dirá que estos argumentos ya los he explicado más veces. Tendrá razón y lo siento. Pero, como no soy Groucho Marx; no tengo otros).

Y es así cómo, ante la ausencia de la organización marxista, crítica y movilizadora, la clase capitalista se refuerza y oprime cada vez más, mientras en el vacío político que deja el comunismo, aparecen iniciativas de individuos y grupitos con propuestas socialdemócratas que logran, de manera espontánea, movilizaciones como las del 15-M., cuya semilla, a posteriori, gesta el parto de Podemos. “Tinglado” este, destacado-pionero, en esa ristra de ingenios organizativos Europeos que llaman la atención de gente inquieta, disconforme haciendo uso del proverbio “al no haber pan, buenas son tortas”.

Por eso vemos, que tanto en las movilizaciones del 15-M. como en Podemos, participan multitud de comunistas y excomunistas, que andan desorganizados, desorientados y actuando como francotiradores. También, en base a este proyecto, aparecen multitud de ilusos bien intencionados, así como un tropel de oportunistas que se arriman y planean en torno a este “panal de miel” político que ofrece oportunidades profesionales institucionalistas.

El caso es que hoy nos encontramos en un tenebroso panorama que nos asombra y que nos preocupa a todos (a la izquierda radical, a la reformista y a la intelectualidad honesta): la extrema derecha, punta de lanza del capitalismo, crece y se expande, principalmente, a costa de lxs inmigrantes que siguen llegando y además en época de “vacas flacas”; con desempleo, desahucios, trabajos y salarios de miseria. Todo, producto de las contradicciones del capitalismo, que las sigue haciendo recaer en la clase obrera, en las capas populares. Y esta vez y cuando ya no tiene otra solución que la barbarie, le viene como anillo al dedo, el desaguisado ideológico y organizativo de los comunistas.

De modo que, es evidente que las organizaciones de “izquierda, que hoy son referentes, no están atendiendo adecuadamente los problemas de lxs trabajadorxs, de aquí y de fuera. Sin embargo, la cuestión es ser conscientes de que esa izquierda no puede atender la problemática obrera, porque sólo es posible atenderla (y más a estas alturas de contradicciones capitalistas) desde posiciones claramente de clase y subversivas ajustadas a estos tiempos. Por eso es fundamental comprender que la derrota que sufren lxs trabajadorxs es consecuencia, no de una izquierda cualquiera, sino, de la desaparición del Partido Comunista.

De esta catástrofe política es necesario decir que fuimos culpables todxs lxs que allí estuvimos; si bien, obviamente, hubo diversos niveles de responsabilidades. Por ejemplo culpables que estuvieron en dirección, que callaron y continúan callando para huir del compromiso en la recomposición del partido. Cosa que al principio hubiera sido menos costosa. Y si bien entonces pudo haber dudas y miedo, a día de hoy, ya tenemos montañas de “datos y hechos”, como para qué; desde la honestidad y el riesgo, que supone ser comunista consecuente, (con gran caudal de experiencia), nos impliquemos nuevamente en la recomposición de una organización comunista fuerte.

En tanto que otros excomunistas, todavía peor, pues aún tienen la desvergüenza de querer justificar (cuanto menos) monumentales errores, (cuanto más) monumentales traiciones. Traiciones que, a día de hoy, a muchos de ellos, les permite un “modus vivendi” sin sobresaltos y de holgura y; desde donde siguen haciendo daño, confundiendo y obstaculizando con una actitud desvergonzada, justificadora y golfa.

Además de lo evidente e innegable, en la lucha de clases, hay muy poco por descubrir. También en lo que hace referencia a la cita de Walter Benjamín, indicada por los referidos intelectuales. Por tanto los “inventos” y “reinventos” de destacados dirigentes (entre los que nos hemos movido, no pocas veces, destacados comunistas obreros, reunidos en pasillos, en restaurantes o en la vivienda de algún “camarada”), ni tan siquiera han servido para mantener aquellos falsos “estados de bienestar” del pasado.

De modo que, sin organización comunista fuerte (ya bien sea única o diversas coincidentes en la misma lucha), y sin cuadros revolucionarios organizados en cédulas; es imposible movilizar a gente del pueblo y amplias masas trabajadoras capaces de hacer frente al capitalismo de manera constante, dure lo que dure y cueste de lo que cueste.

Es cierto que además de tratar de refundar por todos los medios posibles ese gran Partido Comunista, se ha de estar en los problemas más urgentes individuales y colectivos. En este sentido, en el problema de la migración, deberíamos poner “toda la carne en asador” procurando tener máxima información, de las causas que la provocan, haciéndola llegar a lxs trabajadorxs logrando que comprendan para que sea motivo de solidaridad y de lucha de clases internacional. Han de tomar conciencia de que la “hecatombe” migratoria es consecuencia de la “colonización capitalista” que usurpa todas las riquezas que les interesa, previa instauración de confrontaciones, espolios, robos y asesinatos. De que en esta magna delincuencia colaboran individuos del país que serán convertidos en el Gobierno de turno encargado de reprimir e imponer, en cada país intervenido, a base de crimen y corrupción.

La clase trabajadora, sea de donde quiera, no puede ser ignorante y estar siempre al margen de esta realidad. Deben saber igualmente que la Unión Europea no tiene ningún interés en resolver este cruento problema. Su función es estar al servicio de los intereses de las grandes corporaciones capitalistas, que son las que intervienen provocando la inmigración. Sabemos que, tanto es así, que simplemente con que las grandes potencias dejaran de intervenir (como lo vienen haciendo) sería más que suficiente para que sus gentes no tuvieran que abandonar sus pueblos. Sin embargo, esa ruina la tenemos ahí y hemos de explicar que podría tener una solución en un corto espacio de tiempo, recurriendo a lo que tantas veces ya se ha planteado: habría una intervención posible y fácil de solidaridad, ayudándoles con ingentes cantidades de material productivo y servicial; máquinas de todo tipo para el campo y la ciudad. Igualmente se les podría proporcionar miles de profesionales (sobrantes aquí, en paro, o haciendo trabajos no cualificados), que les ayudarían y formarían. Todo un arsenal de ayuda para esas naciones que les impulsaría, en poco tiempo, a un desarrollo sorprendente y vital.

Si esto se hiciera así, al cabo de unos pocos años; esos países, no sólo no necesitarían que sus gentes se fueran a otros continentes, sino que, hasta estarían en condiciones de necesitar mano de obra de los países xenófobos que hoy les rechazan.

Sin embargo son los países capitalistas los que procurarán que esa lógica, que esos razonamientos, no lleguen a la gente con el fin de que jamás se hagan realidad. Se opondrán mientras puedan a su desarrollo para no tener competencia económica; y seguirán usando sus potentes medios alienantes y represivos para que la clase trabajadora del mundo siga dividida y sin comprender sus intereses unitarios.

Sabemos, que siendo muy difícil la lucha contra el capitalismo in situ, practicarla y extenderla a nivel internacional nos puede parecer infinitamente más complicado aún. Sin embargo la migración, la clase trabajadora que aparece entre nosotros, tiene que empaparse de una teoría profundamente unitaria y revolucionaria. Toda esta gente (como se ha gritado tantas veces: nativa o extranjera; la misma clase obrera) víctima de la explotación del hombre por el hombre y de unos estados por otros, nos facilita la lucha internacionalista pudiendo hacer extensiva esa filosofía de praxis Marxista.

Los proyectos de solidaridad internacional y de ayuda al desarrollo de los pueblos fue siempre de la izquierda. Se trataría de relanzarlos, con más razón en estos momentos, formando a lxs inmigrantes en el marxismo, en la verdad aplastante de que el capitalismo es el culpable de todos los males humanos y planetarios y de que el único remedio es acabar con él.

Nuestro hándicap es habernos desviado y entrado, únicamente, en ese tramposo debate de las consecuencias que acarrea la migración, obligándonos a salir al paso de las actitudes xenófobas, racistas y reaccionarias, cuyas ofuscadas y estériles discusiones, versan sobre si han de haber vallas con concertinas o sin ellas, si se les ha de salvar o dejar que se ahoguen en el mar, si vienen a quitarnos el trabajo o si el trabajo que hacen es el que no queremos nosotros; que si como consecuencia de su llegada se abaratan los salarios y empeoran las condiciones laborales, que si se incumplen o no son suficientes las ridículas ayudas al desarrollo de estos países, etc.

El método de análisis marxista debería estar sirviendo para que no se caiga una y otra vez en los errores del pasado: los decimonónicos, los de hace unas décadas y los que seguimos cometiendo últimamente, día sí y día también. La lucha teórica de clase obrera no puede prescindir de esa verdad que debe confrontar, sin soslayos, con la clase explotadora. Si no se hace así, si se continúa teorizando únicamente en base a la tela de araña que teje el capitalismo, o sea, sobre esa multitud de trampas que nos tiende; entonces es imposible que lxs trabajadorxs y los pueblos puedan comprender lo que realmente sucede y por tanto la imposibilidad de que se incorporen a la organización y se dispongan a luchar.

J. Estrada Cruz