¿Y si esto no fuera MÁS QUE el comienzo?

Rémy HERRERA
(domingo, 15 de julio)



La llegada del verano, sinónimo de vacaciones, es esperada por todos los trabajadores con impaciencia; también para los que luchan por la justicia y saben que, durante dos meses, sus luchas serán llevadas a cabo de manera intermitente, incluso entre paréntesis, hasta la vuelta en septiembre. Esta vez, sin embargo, dentro de la tormenta social que sacude al país desde principios de año, es sobre todo al Gobierno al que se le hacía el tiempo lento y el descanso veraniego le no llegaba. En las esferas del poder algunos estaban seguros de haber ganado la guerra. Esa guerra social que los capitalistas – los que eligieron el 3 de julio a la cabeza de su organización patronal (MEDEF) a un descendiente de raza de la nobleza francesa, Geoffroiy Roy de Bézieux, y a su presidente monarca Macron – lanzaron contra el pueblo. Ahora bien, todo hace pensar que la gran confrontación sigue ahí, ante nosotros. Lo serio no ha hecho más que comenzar.

Las fuerzas neoliberales ya están en posición de combate, listas para la próxima ofensiva. Esta implicará la “reforma” de las jubilaciones, nueva etapa de la demolición de la protección social de los trabajadores. Para ello, ha sido nombrado un “Alto Comisario”, Jean Paul Delevoye, un tipo de derechas, con más de 8 años de mandatos políticos, antiguo ministro con Jacques Chirac, re-alineado hoy en el partido del actual presidente, La République en marche! Está encargado de preparar el proyecto de ley sobre las jubilaciones que el Gobierno va a presentar  al Parlamento en 2019 en el marco del PACTE (Plan de acción por el crecimiento y la transformación de las empresas).

Con el pretexto de « armonizar» el régimen de jubilaciones y de “ajustar” el vigente sistema de la función pública al del sector privado, lo que se pretende  es la promoción de los mercados de ahorro de las pensiones según los desiderata de los bancos y compañías de seguros. El proyecto prevé bloquear las cotizaciones, condenando así a bajar el montante de las pensiones a medida que aumenten el número de jubilados y la esperanza de vida. Ninguna garantía para los ahorradores en cuanto al monto de sus pensiones pues quedarían confiadas al albur de las cotizaciones bursátiles (ni siquiera grarantiza la posibilidad de recuperar sus ahorros). ¡Es exactamente una privatización encubierta del régimen de jubilaciones lo que está en juego! Y hace peligrar, a consecuencia de la captación de una parte del ahorro para las jubilaciones, el financiamiento de la Seguridad Social en Francia. ¡El sector financiero mundializado – y los fondos de pensiones, frustrados desde la crisis de 2008 por tasas de interés casi nulas – se frotan las manos! En el fondo ¿no fue para eso para lo que eligieron a Macron?

Un buen sistema es el que permite garantizar a todos la continuidad del mejor nivel de vida cuando se pasa de la actividad laboral a la jubilación. A pesar de las recomendaciones de la Comisión Europea, del FMI y de la OCDE a favor de la capitalización, el sistema francés funciona aun en buena medida, por suerte, mediante reparto: las cotizaciones actuales financian las pensiones actuales y estas cotizaciones son constitutivas de los futuros derechos a la jubilación gracias a una solidaridad intergeneracional y a la obligación de todo trabajador activo de cotizar. Este régimen de reparto, con prestaciones garantizadas, es seguro pues está financiado mediante cotizaciones sobre la masa de los salarios nacionales. Y sin tener que recurrir a los mercados financieros, es decir, sin riesgo de catástrofes bursátiles…

Es esta solidaridad la que años y años de neoliberalismo han ido debilitando sin lograr desmantelarla. Y es este régimen el que el Presidente Macron, a las órdenes de la alta finanza quiere destruir.  Este es el sistema de pensiones que sin tardanza tendremos que defender, reforzar y universalizar. El problema de las pensiones no es demográfico, es una cuestión de justicia social. Se trata de una elección de sociedad decisiva: o la solidaridad, o cada uno para sí.

Las élites dirigentes, arrogantes y arrastradas por una relación de fuerzas históricamente favorable al capital, tienen que acordarse de que en 1995 las mayores movilizaciones populares después de Mayo 68, se pusieron precisamente en movimiento por la defensa de las pensiones. Potentes huelgas paralizaron entonces el país durante más de un mes (noviembre-diciembre); obligaron al Gobierno de entonces (el de Juppé, Primer ministro de Chirac) a abandonar su “reforma” bajo la presión de dos millones de manifestantes. En 2010, con Sarkozy, otros tres  millones de manifestantes no fueron suficientes para parar la máquina infernal  neoliberal. ¿Cuántos millones seremos en 2019 para forzar a Macron a dar “marcha… atrás”?

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Traducción de Red Roja