¡Las luchas prosiguen y no paran!

Rémy HERRERA
(domingo, 8 de julio)



Mientras que en el conflicto en la SNFC [ferrocarriles franceses], las organizaciones « reformistas » CFDT [Confederación francesa democrática del trabajo]) y la de derechas UNSA [Unión nacional de sindicatos autónomos] han oficializado su retirada del movimiento de los ferroviarios el 28 de junio, los sindicatos combativos (CGT, Sud-Rail), que representan ellos solos más del 50% de los efectivos sindicados del sector ferroviario, han anunciado su voluntad de proseguir juntos la movilización en julio y, probablemente, avanzado el verano. Pero la estrategia va a cambiar; en vez de la “huelga intermitente” que se viene haciendo desde abril, con un calendario de los días de huelga establecido con mucha antelación (lo que permitía a los usuarios prever soluciones de sustitución para sus desplazamientos, y también a la dirección de la SNFC de organizarse para atenuar  los efectos de las movilizaciones), la CGT y Sud-Rail han decidido no desvelar las fechas de paro sino unos pocos días antes, apuntando sobre todo  a las grandes salidas de vacaciones (fin de semana del 6 al 7 de julio, después el 11 de julio para una acción específica en el sector del transporte de mercancías).

Las promesas del Presidente Macron no han durado ni unas horas. La dirección de la SNCF ya ha hecho saber que el sector del transporte de mercancías de la empresa va a suprimir 700 puestos de trabajo de aquí a 2021. ¿La razón? ¡El déficit registrado en el sector se habría agravado con las pérdidas ocasionadas por la huelga! ¡Los ferroviarios, muchos de los cuales llevan perdidos más de 30 días de salario los últimos tres meses, serían al fin los responsables de estos despidos! Y sin vergüenza alguna, los sindicatos CFDT y UNSA abandonando la movilización – como por otra parte ya se esperaba – están mendigando las migajas en negociaciones con la dirección de recursos humanos del nuevo “convenio colectivo del transporte ferroviario” (que reemplaza el estatuto de los ferroviarios abandonado). Como se dice por aquí “cuando el patrón haya decidido restablecer la esclavitud, los “reformistas” negociarán con sus amos el tamaño de las cadenas que han de llevar los esclavos”.

Al mismo tiempo otra movilización de gran envergadura, histórica por su fuerza, su determinación y duración, se está produciendo. Los trabajadores de la energía están en lucha desde hace diez semanas. Se trata de una huelga masiva, muy dinámica, capitaneada por jóvenes trabajadores que empezó sobre todo en Marsella. Al llamamiento de la federación de la CGT de la energía, los electricistas y gasistas se pusieron en marcha, en cooperación y apoyo a la huelga de los ferroviarios, siguiendo modelos muy parecidos, pero con reivindicaciones propias de su sector y en un espíritu de convergencia por la defensa de los servicios públicos.

Desde  la mitad de junio, este movimiento se ha ido acrecentando e implica las centrales de Enedis (filial de  EDF [Electricidad de Francia], primer suministrador de electricidad en Europa) y de GRDF (Red de Distribución de Gas de Francia), filial de Engie ([exGDF Suez] y principal distribuidor de gas natural en Europa). A finales de junio, unos 300 centros estaban bloqueados, más de la mitad ocupados por los trabajadores. Estas huelgas, al principio intermitentes, se van haciendo prorrogables, incluso ilimitadas, lo que hace de esta movilización la huelga más importante del sector de la energía desde hace diez años en Francia. El ambiente es informal, familiar, lo que hace tejerse lazos de solidaridad local.

Escandalizados por los dividendos astronómicos repartidos entre los accionistas privados, los huelguistas, a la ofensiva, reclaman aumento de salarios (al menos de 400 euros mensuales), contratación fija de colegas actualmente con contratos indefinidos o temporales, anulación de la programada supresión de puestos de trabajo, reinternalización de los servicios externalizados, y la nacionalización de los sectores energéticos por un servicio público auténticamente puesto en beneficio de los usuarios y no en el de los capitalistas.

Es la culminación de las luchas, múltiples y poderosas, llevadas por los eléctricos y gasistas desde hace dos años (sobre todo mediante los llamados “días de cólera” organizados durante varios meses a principios de 2017). Ante la magnitud de la rebelión, los medios dominantes imponen una censura total de la información. Patronal y Gobierno, temerosos, esperan impacientes las vacaciones de verano que probablemente supondrían una debilitación de las luchas. Aterrorizados ante el riesgo de contagio, el poder apuesta por la dispersión de los trabajadores que la privatización y el desmantelamiento del sector público vienen realizando desde hace años. Se discute sobre las primas que recibirían los trabajadores que se mantengan calmos en los sectores de la energía nuclear y los de las líneas de alta tensión… ¿Qué va a pasar a la vuelta, cuando vuelva la cólera de la ciudadanía contra Macron y vuelva a nacer la esperanza de cambio?



Traducción de Red Roja