Operaciones «Robín de los Bosques» y «Tortuga» militantes

Rémy HERRERA
(domingo, 27 de mayo)



En numerosos lugares de Francia, los movimientos sociales continúan en este final del mes de mayo. Su prolongada duración hablaría de un endurecimiento de los conflictos.  La contestación de fondo dirigida contra las políticas neoliberales aplicadas desde hace más de un año por el gobierno del presidente Emmanuel Macron, no cede. Aunque para muchas familias de trabajadores movilizados por las huelgas no resulte fácil ver sus nóminas recortadas a final de mes o tener que hacer el esfuerzo de acudir a la cantidad de manifestaciones que se planifican en las asambleas generales y las organizaciones sindicales.

En el transporte, desde hace meses, las huelgas prosiguen, con la regularidad de dos días de huelga y tres de trabajo en la SNCF (Sociedad Nacional de Ferrocarriles Franceses), y esporádicas, en Air France. El PDG (presidente director general) de Air France tuvo que dimitir a principios de mayo a consecuencia de los resultados de un referéndum interno que desaprobaba sus propuestas de aumento de los salarios consideradas insuficientes por los asalariados. En la SNCF, el 23 de mayo, la intersindical anunció que el 95% de los ferroviarios consultados se pronunciaba contra la “reforma” neoliberal del sector del transporte ferroviario que el gobierno pretende imponerles. Las manifestaciones de los ferroviarios, muy motivadas y en primera línea de los movimientos de protesta, se ven incrementadas con las de los funcionarios públicos  en las innumerables concentraciones periódicamente organizadas en las grandes ciudades del país.

En el corazón de la lucha están también y desde el primer momento – en realidad desde diciembre de 2017, antes incluso del inicio de la huelga de los ferroviarios  – los trabajadores del sector de la energía. El 7 de diciembre último, los empleados de las industrias eléctricas y gasísticas ya se habían puesto en huelga para presionar en las negociaciones salariales – después de la congelación del salario mínimo nacional de 2017 impuesta por la política de ajuste. Las eléctricas  y gasísticas tienen una larga experiencia de lucha. El sector de la energía efectivamente viene siendo liberalizado durante estos últimos años bajo la presión de políticas de privatización y de apertura a la competencia decididas por la UE y complacientemente secundadas por los sucesivos gobiernos franceses. La imposición de estas estrategias destructivas que apuntan al desmantelamiento del servicio público – considerado, por otra parte, como excelente en Francia – ha acrecentado el riesgo de rupturas en el abastecimiento y ocasionado restricciones y averías recurrentes, así como una diferencia en las tarifas según los usuarios y los territorios y frecuentes subidas de precio de la energía a costa de las familias, lo que infla los beneficios de productores privados que acuden a este mercado para acaparar los nichos más rentables. La multiplicación de ofertas de gas y electricidad, locales, privatizadas y competitivas, a veces llega a ser surrealista. Y sin mecanismo alguno, relativo a los compromisos climáticos de descarbonización, que permita fijar objetivos medioambientales a estos operadores privados.

Como acciones de choque, empleados del sector eléctrico y gasístico en lucha decidieron realizar intervenciones de choque llamadas “Robín de los Bosques”. Consisten en cortar la electricidad a grandes empresas que despiden personal mientras están registrando unos beneficios enormes para sus accionistas. Y, al revés, restablecer el suministro eléctrico y de gas a las familias con dificultades económicas que no han podido pagar sus facturas de la luz. A menudo se trata de barrios populares enteros, incluso de zonas en algunos departamentos reconocidas como desfavorecidas, que ven sus facturas con tarifas reducidas gracias a estas acciones “Robín-de-los-bosques”. Otras veces, estas actuaciones se realizan en el marco de las manifestaciones: unos camaradas con la cara cubierta forman una “tortuga” (como cuando en el rugby se hace una  melée) encima de una tapa de registro de contadores subterráneos, ocultando a uno de ellos que baja para cumplir esa misión… En cuanto sale, toda la “tortuga”, con los brazos en alto, grita: “¡La energía no es del sector privado, la energía es nuestra!”

La renacionalización del sector de la energía es una prioridad en sus reivindicaciones. Su eslogan: “¡Sí al servicio público de la electricidad y del gas!”. La seguridad energética y la igualdad de todos es su objetivo, así como la independencia energética del país y la garantía de tareas medioambientales aseguradas mediante compromisos climáticos y ecológicos de descarbonización.

La energía, esencial en todos los aspectos de la vida, no es una mercancía, sino un bien común. Y este bien común, resultado de enormes esfuerzos en equipamiento de todo el país con el consentimiento ciudadano, debe pertenecerles. La lucha por el servicio público de la electricidad y el gas es hoy una de las dimensiones clave de la lucha de los trabajadores franceses.

Traducción de Red Roja