La French-American Fusion

Rémy HERRERA
(domingo, 29 abril de 2018)


Como si no tuviera suficiente con la calamidad que se abatió sobre él el 8 de noviembre de 2016 con la elección de Donald Trump a la presidencia, el pueblo estadounidense ha tenido que sufrir la visita de Estado del mini-Napoleón, Macron I. «Y de su mujer Brigitte», como le gusta gorjear a la prensa rosa. Lo que ésta no cuenta es si entre el Goat Cheese Gateau y la Crème Fraîche Ice Creams del almuerzo aderezado por la First lady Melania, los dos presidentes pudieron explayarse sobre los “fallos” del ejército francés en la reciente intervención conjunta contra Siria.

Como anécdota: el 14 de abril ciertas deficiencias habrían impedido disparar siete de los dieciséis misiles franceses « punishing » que se había previsto lanzar. Solamente una de las tres fragatas de la Marina habría conseguido disparar; las otras parece que chocaron con algunos errores informáticos… A 2,8 millones de euros por misil ultra-sofisticado (del que  están también equipados los submarinos nucleares franceses), ¡salió caro el fallo! Uno de los cinco aviones de combate del Ejército del aire desplegados para la operación no logró disparar más que un misil de dos – el segundo tuvo que  ser soltado en el mar… ¡Otros 850 000 euros al agua! Un excelente escaparate para los mercaderes de armas made in France. ¡Los patronos estadounidenses a los que el dinámico dirigente de la star-up francesa, Emmnanuel Macron, estrechó la mano, debieron de quedar impresionados!

Macron no es un  rencoroso. ante las cámaras hizo de jardinero de la Casa Blanca y plantó un árbol en el jardín del mismo que erradicó, el 1º de junio de 2017, los acuerdos de París sobre el clima. ¿Para « make our planet great again » [hacer nuestro planeta otra vez grande]? Los medios franceses se complacen en decir que Macron está intentando cambiar la posición de Trump. Más bien se diría lo contrario; mientras visitaba los monumentos de Washington D.C., Macron hacía aprobar por la Asamblea Nacional Francesa la ley «Asilo e inmigración» que restringe considerablemente los derechos fundamentales de las personas extranjeras en Francia. Se comprometió sobre todo ante su homólogo americano a aumentar los gastos militares y la participación de Francia en la OTAN. Emmanuel Micron – que humildemente se había comparado a Júpiter después de las elecciones del año pasado – no solamente es un Trump whisperer [chivato de Trump], sino que se ha hecho un  little pet [perro faldero] de Estados Unidos.

Y mientras tanto, en Francia… El mismo día de la llegada de los Macron al otro lado del Atlántico, la huelga en la SNCF [Sociedad Nacional Francesa de Ferrocarriles] seguía adelante, coincidiendo con la de Air France. La publicación de un informe hecho por el gobierno sobre la «reforma» (léase: desguace) del transporte ferroviario a mediados de febrero, y después el anuncio por el gobierno de su voluntad de ponerlo en práctica, provocó inmediatamente una protesta de los sindicatos de ferroviarios.  Lo que estaba en cuestión – a pesar de los desmentidos mentirosos de la ministra de Transportes – era el mantenimiento del carácter realmente público de la SNCF y del estatuto de su personal. Para satisfacer a Bruselas, Macron quiere abrir el sector a la competencia. Pero allí donde los competidores privados ganarán (evidentemente en los tramos de la red más rentables), los ferroviarios transferidos al sector privado verán su estatuto desvalorizado, y sus salarios revisados según los desiderata de las nuevas direcciones. Y de añadidura, la previsión de numerosos cierres de líneas «no rentables», sobre todo en zonas rurales.

El chantaje del gobierno es perverso; su arma, la asunción de la deuda de la SNCF por parte del Estado. El problema es que esta deuda no es debida a un status pretendidamente «privilegiado» de los ferroviarios (pues a partir de ahora, trabajar por la noche o los días de Navidad para ganar 1500 euros al mes como guarda-agujas o como personal de mantenimiento va a ser ¡todo un privilegio!). La deuda proviene, por una parte, de la prioridad concedida a los trenes de alta velocidad y, por otra, a los encargos forzados impuestos a la SNCF para salvar del naufragio a Alstom1 – florón de la industria francesa que el mismo Macron, cuando era ministro de Hollande, dejó despiezar, bajo el alto patrocinio de la banca Rothschild, ¡para vender una parte (la rama de la energía) a Géneral Electric! ¿Y pronto otra rama (la de transportes) a la alemana Siemens? Es el desmantelamiento organizado de la industria francesa, a lo que se añade el desguace de los servicios públicos y la flexibilización del empleo!
Por eso los ferroviarios están en huelga. Hasta junio, o más si es necesario. Y por eso les apoyamos.

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Traducción Red Roja