Guerra Social y Guerra Imperialista

Rémy HERRERA
(domingo, 22 de abril de 2018)


Francia está acostumbrada a huelgas y a manifestaciones. Pero en este comienzo de primavera, la atmósfera está extrañamente cargada, tensa. Los discursos presidenciales mediáticos  afirmando que el orden se va restableciendo, son demasiado frecuentes como para no sospechar que algo serio se está preparando. El descontento va subiendo de nivel las últimas semanas. Gracias principalmente a Macron que dice estar a la escucha de las protestas y sale a la escena dialogando con los que se meten con él y, por otra parte, manda aporrear a todo el que se mueva.

A mitad de abril, hizo enviar 2500 militares para evacuar a un centenar de activistas radicales de la ZAD (“zona a defender”) en Notre-Dame-des Landes, en el oeste del país. Estos militantes, de movimientos ecologistas y autónomos (de extrema izquierda), habían impedido la construcción de un aeropuerto y estaban ocupando desde entonces el terreno transformado en asentamientos a cielo abierto, a la búsqueda de espacios agrícolas alternativos, colectivos, que rechazan la propiedad individual. Al día siguiente a la intervención, los “zadistas” eran cinco veces más numerosos frente a las fuerzas del orden. Al mismo tiempo, Macron lanzaba a los CRS [antidisturbios] a desalojar a los estudiantes que estaban ocupando la Sorbona y Tolbiac en protesta contra la “reforma educativa”. Inmediatamente fueron ocupadas, o re ocupadas, otras universidades como la de Nanterre – incluido el Sciences Po  [Instituto de Estudios Políticos], la prestigiosa institución donde el mismo presidente de la República se había diplomado. En Lille los estudiantes tuvieron que hacer sus exámenes flanqueados por dos cordones de policías.

A los manifestantes parisinos de la jornada de acción interprofesional del 19 de abril, que organizó la CGT y reunió a unas 300 personas en todo el país, se les obsequió con cañones de agua y granadas lacrimógenas aun cuando nada grave lo justificaba. A falta de apoyo popular, el presidente pretende demostrar su fuerza  enviando a la tropa contra las resistencias pacíficas.  Apoyado por la alta finanza, ciertamente tiene por qué sentirse muy fuerte.  Tan fuerte que siente capaz de declarar la guerra social. Y de desafiar al pueblo en nombre de la “reformas necesarias” despreciando el diálogo social. Hoy es la columna vertebral del movimiento obrero lo que Macron quiere quebrar, empezando por los ferroviarios, en primera línea de defensa del servicio público y que han propiciado una consolidación de las contestaciones.

Es lo mismo que cuando  Teatcher aplastó a los mineros. Sin embargo, cuando el pasado 3 de abril, primer día de los 36 días de huelga intermitente en la SNCF [sociedad nacional de ferrocarriles franceses] anunciados a nivel nacional por los sindicatos ferroviarios, la dirección de Eurostar (compañía anglo-francesa encargada de los trenes de alta velocidad entre Francia y Reino Unido por el euro-túnel de la Mancha), intentó trasladar a empleados del depósito de Leyton (Este de Londres) a París, mediante una acción conjunta de la CGT y el RMT (sindicato de transportes británico), los obreros franceses y británicos se organizaron e impidieron que los patronos rompiesen –ilegalmente – la huelga en Francia recurriendo a empleados ingleses. La demostración de la eficacia de la solidaridad internacional entre trabajadores era un hecho.

Ahora mismo, el desafío es enorme. Dos visiones de la sociedad se enfrentan: una, presentada como “trasnochada”, es la de la solidaridad, la de la justicia social, la de la esperanza recobrada para la juventud, la de un porvenir en común; la otra, la neoliberal, la estrategia de las élites, está abocada al fracaso y deja sin salidas a la mayoría de la población. ¿Cuánto tiempo esta mayoría – la del mundo del trabajo – va a recular ante esta minoría de privilegiados que la aplasta?

El día 19, los sectores de la industria química, del gas y de la electricidad entraron en combate. Será una guerra de desgaste. La pregunta planteada ese día es la correcta: ¿cómo encontrar, en estas luchas, condiciones para la convergencia? A pesar de las divisiones sindicales – en las que las jóvenes generaciones descubren lo que los mayores ya saben desde hace tiempo, es decir, que los sectores social-demócratas traicionan a los trabajadores – un frente del trabajo está dibujándose. Es cierto que por el momento las fuerzas de la izquierda política no están a la altura de los desafíos. Para todos, el rechazo a discutir sobre el cuestionamiento del euro y del corsé europeo bloquea el futuro. Es solamente esta desorganización de la izquierda política la que permite a los burgueses dormirse más o menos tranquilamente. Al acecho, la extrema derecha observa.

Así como la Francia monárquica conquistó Argelia aplastando las revoluciones de 1830 y 1848, hacía falta de nuevo una guerra imperialista para acompañar la guerra social. Y así, cantándonos  la copla de las “armas químicas” entonada en otro tiempo por Bush, Macron se va a la guerra, dócilmente, tras de Trump y de May, para bombardear Siria. Las dos caras guerreras del capitalismo…

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Traducción de Red Roja