Diferencia(le)s de guerra

La experiencia histórica demuestra que la persistencia del capitalismo mundial lleva a la guerra. Y entre potencias. Cuando no pueden pegarse directamente exportan su barbarie intrínseca y contradictoria a la periferia. Hay mucho de ello en la permanente desestabilización en Oriente Medio, las amenazas a Irán, etc. La cuestión es hasta cuándo pueden seguir jugando a tapar diplomáticamente sus conflictos de intereses. En los últimos meses crecen las alertas ante estallidos de guerras comerciales, de divisas, etc. Y el montante de la deuda mundial es una permanente espoleta de ictus financieros a repetición. Pues bien, una de las grandes diferencias desestabilizadoras es el propio diferencial de la deuda entre EEUU y Alemania.

Hace unos días la prensa económica, concretamente Expansión, se hacía eco de que el diferencial de rentabilidad de la deuda a dos años de Alemania y EEUU se estaba ampliando al borde de los 300 puntos básicos, alcanzando sus máximos en cerca de tres décadas. Y que a más largo plazo, en la deuda a diez años, el diferencial de rentabilidad entre Alemania y EEUU se afianza por encima de los 230 puntos básicos, sus cotas más elevadas desde finales de 2016.

A EEUU sólo le queda una vía para que no le reviente su parasitismo a que le ha abocado ser el gendarme occidental durante décadas de Guerra Fría: la amenaza militar. A propios y a extraños. O más bien al revés, cronológicamente hablando. De momento Macron se ha ido a apaciguar a Trump, instándole a que respete el acuerdo nuclear con Irán. Y este viernes es el turno de Merkel. Ella se centrará en rebajar las amenazas de guerra comercial.

E. M.