El presidente de ecuador será elegido el 2 de abril en una segunda vuelta; el ejército pide serenidad

Editorial de Odiario.info

Traducción: Red Roja

Las elecciones ecuatorianas resultaron mucho más agitadas que lo que era de esperar

La mayoría de los sondeos apuntaban a un empate técnico entre los dos principales candidatos: Lenín Moreno, apoyado por el presidente saliente Rafael Correa, y el banquero Guillermo Lasso, candidato del gran capital y del imperialismo.

Al contrario de lo que se esperaba, Lenín obtuvo en la primera vuelta – cuando aún faltaban pocas mesas por escrutar para el cierre del conteo –, el 39,23% de los votos emitidos; le faltaban apenas un 0,8% para alcanzar el 40% que le dispensaría de una segunda vuelta. Lasso por su parte, obtuvo el 28,3%.

Sin embargo, en la madrugada del martes se interrumpió el conteo en el Consejo Nacional Electoral y los rumores de golpe alcanzaron tal volumen que el Alto Comando del Ejército emitió un comunicado desmientiendo esos rumores y pidiendo a la población serenidad.

Aparentemente, la ventaja obtenida por Lenín Moreno le garantizan una fácil victoria. Pero el pueblo ecuatoriano desconfía de la aritmética electoral. La participación ciudadana fue superior al 87%, pero el pueblo no ha olvidado que la embajada de Estados Unidos intervino ostensiblemente en la campaña, en el marco de la estrategia ofensiva de Washington para América Latina cuyo objetivo es el derrocamiento de Nicolás Maduro en Venezuela y la expulsión de Evo Morales de Bolivia. Sería el complemento a la elección de Macri en Argentina y al golpe parlamentario que colocó a Michel Temer en la presidencia de Brasil.

Los ecuatorianos saben que la administración Trump desearía ver en el poder en Quito a un títere de la Casa Blanca que destruyese la herencia progresista de Rafael Correa.

Si Lenín Moreno fuese elegido, tal como se espera, se enfrentará a grandes problemas en un contexto político desfavorable.

En los diez años de sus dos manadatos, Correa desarrolló una política internacional de afirmación de la soberanía nacional, rompiendo la tradicional sumisión ecuatoriana a las exigencias de Washington.

En el plano interno el balance de su gobierno, marcado por grandes contradicciones, es menos positivo. Pero las limitaciones que lo condicionaron eran muy difíciles de superar. Un país que desde hace mucho tiempo impuso como moneda nacional el dólar, no podía tener una política económica propia e independiente.

Rafael Correa consiguió evitar lo peor: la conquista de la Presidencia por la derecha y el imperialismo. Pero el futuro inmediato de Ecuador justifica las aprensiones de las fuerzas progresistas del país y de América Latina en general.

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