Reflexión sobre historias polémicas del PCUS, de la Revolución de Octubre y de La URSS

Traducción del portugués realizada por Red Roja

 

Este artículo fue escrito para ser incluido en un libro póstumo que estoy escribiendo. Cambié esta decisión porque mi compañera me persuadió de que, en estos días en que la Humanidad (incluido Portugal) está inmersa en una crisis estructural del monstruoso sistema capitalista condenado a desaprecer, su inmedita publicación puede ser útil.

 

 

 

 

 

 

Leí en 1961, en Guinea Conakry, la traducción francesa de la Historia del Partido Comunista (bolchevique) de la URSS, revisada y aprobada en 1938 por el Comité Central del PCUS. En Portugal, a iniciativa del camarada Carlos Costa, la citada Historia fue publicada en 2010 con el subtítulo Breve curso y un prefacio, muy elogioso, de Leandro Martins, entonces jefe de redacción de “Avante!”. La iniciativa generó polémica en el PCP.

MIRADAS INCOMPATIBLES SOBRE LA HISTORIA

Tengo en mi biblioteca de Gaia la citada Historia del Partido Comunista (bolchevique), diferentes ediciones de la Historia de la Unión Soviética editadas en castellano por la Editorial Progreso de Moscú y la traducción en portugués de la História da Grande Revolução Socialista de Outubro [Historia de la Gran Revolución Socialista de Octubre], de la misma editorial, de 1977.

La Historia del PCUS, publicada en 1938 y aprobada por el Comité Central del Partido, fue traducida a 67 idiomas y se vendieron más de 42 millones de ejemplares. Pero después del Congreso fue retirada de las librerías soviéticas.

Decidí, no sin cierta sensación de malestar, expresar mi opinión sobre esta obra, la de la Revolución de Octubre y una de las Historias de Rusia y de la URSS, la elaborada por los historiadores A. Fadeiev, Bridsov, Chermensky, Golikov y A. Sakarov, miembros de la Academia de las Ciencias de la Unión Soviética. Fue editada en castellano también por la Editorial Progreso en 1960.

¿Por qué ese malestar?

Por ser consciente de la extrema dificultad de establecer fronteras entre lo positivo y lo negativo, entre la evocación de la Historia y la tergiversación de la Historia que, a veces en el mismo capítulo, o coinciden, o se funden, o se cruzan en una confusión laberíntica.

En la Historia del partido Comunista (bolchevique), los primeros tres capítulos están dedicados a la lucha para la creación de un partido obrero revolucionario (el futuro Partido Obrero Sociel Demócrata de Rusia –POSDR- inicialmente marxista), la lucha de los bolcheviques contra los mencheviques y la primera revolución rusa (1904/1907). El relato es muy interesante y hace hincapié en el papel decisivo que Lenin desempeñó en esta fase histórica.

Los capítulos 4, 5 y 6 se fijan en el periodo que va de la reacción de Stolypin hasta la Revolución de Febrero de 1917 que derrocó la autocracia zarista. Una información muy rica e inédita para los lectores de Occidente da valor a estas páginas pues iluminan el ascenso y el fortalecimiento continuo del Partido bolchevique y la importancia de la obra teórica de Lenin como ideólogo. Las Tesis leninistas de Abril, que supusieron un viraje decisivo en la línea del Partido, merecen especial atención. Al exigir “todo el poder para los soviets”, Lenin enterró la idea de la larga duración de la revolución democrático-burguesa, movilizando al Partido y a los trabajadores contra el Gobierno Provisional de Rusia, dibujando la estrategia de la revolución proletaria hacia el socialismo.

En el capítulo 7, los autores de la Historia del Partido evocan los acontecimientos que precedieron a la Revolución de Octubre y su preparación, con citas de Lenin que facilitan la comprensión de las luchas emprendidas contra el Gobierno Kerenski y dentro del propio Soviet de Petrogrado.

Pero el lenguaje del libro, a partir del capítulo 4 dedicado a la reacción de Stolypin, en el periodo precedente al inicio de la guerra de 1914/18, cambia mucho y se distancia del rigor, de la serenidad y lealtad exigidas a historiadores responsables como lo son académicos soviéticos de prestigio mundial como Evgueni Tarlé.

Para caracterizar el oportunismo de los mencheviques, de los economicistas, de los empiriocriticistas, y denunciar y criticar los errores de Kamenev, Zinoviev, Rikov, Preobragensky o Trotsky, y demostrar su incompatibilidad con el leninismo, los autores de la Historia del Partido Comunista (bolchevique) de la URSS recurren a una adjetivación agresiva e insultante y distorsionan groseramente la Historia.

Stalin comienza a aparecer de forma repetida en muchas páginas, y le son atribuidas decisiones e iniciativas importantes en una época en que aún era un dirigente poco destacado del partido, aunque próximo a Lenin.

 

No es verdad que Trotsky se haya adherido al partido para minarlo por dentro o con el objetivo de destruirlo.

Kamenev y Zinoviev, en la víspera de la insurrección de Octubre, asumieron posiciones que llevaron a Lenin a calificarlos de traidores, sin embargo la actitud de Trotsky, que era presidente del Soviet de Petrogrado, no suscitó ninguna crítica de parte de Lenin.

En cuanto a las negociaciones de Brest-Litovsk, los autores de la Historia del Partido Comunista, tergiversan también los acontecimientos. Lenin censuró a Trotsky, que era el jefe de la delegación soviética, por no haber cumplido las instrucciones para firmar la paz con los alemanes, pero nunca llamó traidores ni a él ni a Bujarin que asumió una posición ultraizquierdista, ni a Radek ni a Piatakov. Los historiadores afirman que formaban un grupo anti bolchevique que tramó, “en el seno del partido, una lucha furiosa contra Lenin”. Es falso que planeasen “detener a Vl. Lenin, a JV. Stalin y a IM. Sverdlov, asesinarlos y formar un nuevo gobierno de bujarinistas, trotskistas y social-revolucionarios de izquierda”.

Es falso que Trotsky, con “Kamenev, Zinoviev y Bujarin como lugartenientes, intentase “crear en la URSS una organización política de la nueva burguesía, el partido de la restauración capitalista”.

La prueba de que no habían actuado como conspiradores y traidores fue el posterior nombramiento de todos ellos para tareas de la mayor responsabilidad precisamente a instancias de Lenin. Trotsky fue nombrado Comisario de Defensa en el periodo más dramático de la guerra civil y de la intervención militar de la potencias de la Entente, de USA y de Japón; Zinoviev asumió la presidencia de la III Internacional con la aprobación de Lenin; Bujarin fue el jefe de redacción del Pravda desde 1924 hasta 1929 con el aval de Stalin.

 

En el capítulo 9, sigue la tergiversación de la Historia.

Aun en vida de Lenin, Trotsky, durante el debate sobre los Sindicatos y la fundación de la NEP, asumió posiciones que fueron duramente criticadas por Lenin, pero continuó en el Politburó con la aprobación de éste.

En las páginas dedicadas al XIII Congreso del Partido, la breve referencia a la carta que Lenin, ya inválido, le dirigió el 24 de diciembre de 1922, meses antes de sufrir el último y devastador derrame cerebral, se omite el contenido y el significado de ese documento fundamental.

Los historiadores de la Historia afirman que “En los acuerdos tomados por el XIII Congreso se tuvieron en cuenta todas las indicaciones hechas por Lenin en sus últimos artículos y cartas”.

 

Se trata de una mentira inexcusable.

La carta de Lenin y el apéndice del día 4 de enero de 1923 fueron leidas ante muchos delegados pero no publicadas. Solo a partir de 1956 se divulgaron públicamente en la URSS.

 

¿Por qué?

En esa carta Lenin transmitía al Congreso su opinión sobre los más destacados miembros del Comité Central cuya ampliación propugna.

 

LA CARTA DE LENIN AL XIII CONGRESO

Por su importancia transcribo a continuación algunos pasajes de la extensa carta de Lenin al XIII Congreso en la que llamaba la atención sobre el grave peligro que amenazaba al Partido si no se introducían modificaciones en la estructura de su dirección.

El camarada Stalin, llegado a secretario general, ha concentrado en sus manos un poder inmenso, y no estoy seguro de que siempre sepa utilizarlo con la suficiente prudencia. Por otra parte, el camarada Trotsky, según demuestra su lucha contra el CC con motivo del problema del Comisariado del Pueblo de Vías de Comunicación, no se distingue únicamente por dotes relevantes. Personalmente, quizá sea el hombre más capaz del actual CC, pero está demasiado ensoberbecido y se deja llevar demasiado por el aspecto puramente administrativo de los asuntos.”

 

Unas pocas líneas más adelante, esboza los perfiles de Kamenev, Zinoviev, Piatakov, y Tomsky que eran por entonces, con Bukarin, Trotsky, Stalin y él mismo, miembros del Politburó. A Bujarin le atribuía ciertas fragilidades pero también lo elogiaba mucho.

Sobre Stalin advierte en ese apéndice: “Stalin es demasiado brusco, y este defecto, plenamente tolerable en nuestro medio y en las relaciones entre nosotros, los comunistas, se hace intolerable en el cargo de secretario general. Por eso propongo a los camaradas que piensen la forma de pasar a Stalin a otro puesto y de nombrar para este cargo a otro nombre que se diferencie del camarada Stalin en todos los demás aspectos sólo por una ventaja, a saber: que sea más tolerante, más leal, más correcto y más atento con los camaradas, menos caprichoso, etc. Esta circunstancia puede parecer una pequeñez insignificante. Pero creo que, desde el punto de vista de prevenir la escisión y de lo que he escrito antes de las relaciones entre

Stalin y Trotsky, no es una pequeñez o se trata de una pequeñez que puede adquirir importancia decisiva”.

En contra de frecuentes especulaciones en historiadores de Occidente, la hipótesis del nombramiento de Trotsky como secretario general, es absurda. La vieja guardia del partido nunca lo aceptaría.

Hay algunas discrepancias en las traducciones en inglés, francés, portugués y castellano de la Carta de Lenin al Congreso y del siguiente apéndice. Pero son irrelevantes.

 

LA EPOPEYA DE LA RECONSTRUCCIÓN DE RUSIA Y DE LA INDUSTRIALIZACIÓN

 

El capítulo 10 es el mejor del libro.

Rusia salía arruinada de la guerra mundial, de la guerra civil y de la agresión de las potencias de la Entente. Decenas de ciudades, centenares de aldeas fueron destruidas. La producción agrícola e industrial cayó a niveles muy inferiores a los de 1913. Durante la catastrófica sequía de 1921 millones de personas murieron de hambre.

 

El Gobierno Soviético se enfrentó a desafíos tremendos.

Las fábricas existentes estaban obsoletas.

Transcribo de la Historia del Partido:

Era necesario construir toda una serie de sectores industriales desconocidos en la Rusia zarista; construir nuevas fábricas de maquinaria y herramientas de automóviles, de productos químicos y metalúrgicos, organizar una producción propia de motores y materiales para la instalación de centrales eléctricas; incrementar la extracción de carbón y minerales, pues así lo exigía el triunfo del socialismo en la URSS.

Era necesario crear una nueva industria de guerra, construir nuevas fábricas de artillería, municiones, aviones, tanques, ametralladoras, porque así lo exigían los intereses de la defensa de la URSS en aquellas condiciones de cerco imperialista.

Era necesario construir fábricas de tractores, fábricas de maquinaria agrícola moderna para abastecer a la agricultura, para dar a millones de pequeños campesinos individuales la posibilidad de pasar a la gran producción del koljoz, porque así lo exigían los intereses del triunfo del socialismo en el campo”.

Estas tareas gigantescas exigían miles de millones de rublos. Y las cajas del Tesoro estaban vacías.

Como el poder soviético había anulado todas las deudas a países capitalistas contraídas por la autocracia zarista, el crédito extranjero era una imposibilidad absoluta.

Los excedentes de la agricultura eran la única fuente a la que el poder soviético podía acudir. Pero para conseguirlos era indispensable que la agricultura estuviera en condiciones de producirlos.

Un doble desafío se presentaba: emprender la colectivización de las tierras y modernizar en un tiempo mínimo la agricultura dotando a los koljozs y a los sovjozs (haciendas del estado) de medios técnicos adecuados.

El Poder Soviético, contra las previsiones de París, Londres y Washington que consideraban imposible su supervivencia, ganó aquella batalla épica.

Ésta coincidió con las intensas luchas internas en el Partido (Trotsky fue expulsado en 1927 y deportado a Kazajistán, Kamenev y Zinoviev también fueron expulsados, aunque posteriormente fueron readmitidos) y exigió la destrucción de los kulajs [agricultores y campesinos que poseían propiedades] que se habían enriquecido enormemente durante la NEP.

No hay precedentes en la historia de la Humanidad de transformaciones tan profundas y rápidas como las que por entonces tuvieron lugar en la URSS.

Entre 1926/27 se invirtieron en la industria mil millones de rublos, tres años después, cinco mil millones. En ese breve periodo se construyeron la Central Eléctrica del Dniéper, el ferrocarril de Turquestán a Siberia, la gigantesca fábrica de tractores de Stalingrado, la fábrica de automóviles AMO.

En 1928, la superficie de koljos era de 1.390.000 hectáreas; en 1929, sobrepasaba los 4.262.080 hectáreas y en 1930, 15 millones de hectáreas.

 

En el trienio 1930/33 la industria creció el doble.

Estos éxitos inimaginables estuvieron sin embargo manchados de graves desvíos de los principios y valores leninistas.

En la colectivización de las tierras no fueron solo los kulaks el objetivo de la represión, también alcanzó, y muy brutalmente, a millones de pequeños campesinos que se resistían a su integración en los koljozs.

Stalin criticó los “excesos izquierdistas” de cuadros del partido en un artículo en el que denunciaba los “graves errores de aquellos que se habían desviado de la línea del Partido” a través de medidas de “coerción administrativa”.

Son, obviamente, fantasiosas las estadísticas forjadas en Occidente según las cuales decenas de millones de campesinos rusos y ucranianos murieron en el proceso de colectivización.

 

Pero es innegable que incumben a Stalin grandes responsabilidades por crímenes cometidos en ese periodo.

La Historia del Partido Comunista (bolchevique) a este respecto se omite.

Las ideas de Lenin sobre la colectivización eran incompatibles con la política de Stalin para la agricultura y con los métodos a que recurrió en un contexto de lucha exacerbada dentro del Comité Central.

Pero mi discordancia frontal con la estrategia del secretario general del PCUS, ya investido del enorme poder que Lenin temía y denunció, no me impide reconocer que fue un revolucionario excepcionalmente dotado que realizó en menos de una década una obra colosal.

Me distancio totalmente de los elogios obstinados y ditirámbicos a Stalin, pero constato que, terminado con éxito antes de plazo el I Plan Quinquenal, Rusia se transformó de un país agrario atrasado, con estructuras medievales, en un gran país industrial. Un país en el que casi el 75% de la población adulta era analfabeta se convirtió en un país instruido y culto con una red impresionante de escuelas superiores, secundarias y básicas en las que se enseñaban las lenguas de las decenas de nacionalidades que convivían en el espacio soviético desde el Báltico y el Mar Negro hasta el Pacífico; el primer país del mundo en el que el estado garantizaba la salud y la educación gratuita a todos los ciudadanos.

 

CONCLUSIONES

En el capítulo de las Conclusiones, los autores de la Historia del Partido (bolchevique) pretenden presentar el régimen soviético de finales de los años 30 como la concretización del leninismo. Stalin sería su intérprete fiel.

El discurrir de la historia demostró la falsedad de esa pretensión.

Ya en aquella época, el culto a la personalidad de Stalin era incompatible con el proyecto de Lenin.

Solo en 1956, en el XX Congreso del PCUS fue planteado el tema.

Kruschev, que nunca había dirigido la más leve crítica al secretario general, dibujó un perfil horrible de él. Posteriormente se ha sabido que el famoso Informe al Congreso estaba sembrado de informaciones falsas. Pero el culto a la personalidad, estimulado por él, fue una realidad.

La llamada desestalinización no puede esconder que la llegada al poder de Kruschev señaló el principio de la política revisionista que condujo a la destrucción de la URSS.

Fue Gorbachov el que enterró el Socialismo en la Unión Soviética, pero el que cavó su fosa fue Kruschev.

 

SOBRE LA HISTORIA DE LA GRAN REVOLUCIÓN SOCIALISTA DE OCTUBRE

La versión portuguesa, publicada en 1977 por la editorial Progreso estuvo a cargo de un grupo de académicos, pero la editorial soviética no cita sus nombres.

Por el estilo, por el lenguaje, por las fuentes consultadas (que ocupan 71 páginas en el índice), es una obra muy diferente de la Historia del Partido Comunista (bolchevique) de 1938.

Las primeras referencias a las divergencias en la fracción bolchevique del POSDR no aparecen hasta las páginas 152 y 163. Los autores subrayan que Trotsky, Kamenev y Zinoviev no creían en la “victoria de la revolución socialista en Rusia”. Los dos últimos denunciaron incluso en un artículo la preparación de la insurrección del 7 de noviembre (25 de Octubre por el calendario juliano aun vigente), lo que llevó a Lenin a acusarlos de “traidores”.

La III Parte de la Historia en cuestión está dedicada a la Edificación del estado Soviético y a las Transformaciones Revolucionarias en el País.

En las 200 páginas que ocupa son frecuentes las críticas a Kamenev y a Zinoviev y escasas las referencias a Stalin y a Trotsky.

Las críticas a Trotsky surgen a propósito de las posiciones contradictorias que asumió como jefe de la delegación soviética en las negociaciones de paz de Brest-Litovsk con los alemanes y los austriacos.

Pero el lenguaje en esas líneas no es agresivo. Los autores escriben que “tal como los comunistas ‘de izquierda’ (entonces liderados por Bujarin), Trotsky no creía en la posibilidad de conservar el Poder Soviético sin el apoyo de los países de Europa occidental. Lenin había dado instrucciones para firmar el tratado de paz si los alemanes presentaban un ultimátum”.

Y Trotsky, como jefe de la delegación, ignoró las indicaciones de Lenin amparándose en la fórmula absurda “¡ni paz ni guerra!”. Pero cuando los alemanes retomaron la ofensiva el 18 de febrero, Trotsky, en la reunión de emergencia del Comité Central, votó con Lenin a favor de la firma inmediata del tratado impuesto por los alemanes que tuvo lugar el 3 de marzo.

Los autores no señalan siquiera la expulsión de Trotsky del Partido en1927 y su deportación a Asia Central.

Es obvio que este grupo de historiadores sigue disciplinadamente la línea revisionista adoptada por le PCUS después del XX Congreso. Reflejan en su Historia un tipo de sectarismo tan condenable como el de los redactores de la Historia del Partido Comunista (bolchevique).

La escasez de referencias a Trotsky no se justifica.

Si bien es falso que él hubiera sido el cerebro de un tenebroso plan que apuntaría a la desmembración de la URSS, entregando el Extremo Oriente a los japoneses y Ucrania a Hitler, es innegable que el fundador de la IV Internacional conspiró permanentemente en su exilio contra la Unión Soviética.

 

UNA HISTORIA DE LA URSS TAMBIÉN POLÉMICA

La Historia de la URSS elaborada por los cinco miembros de la Academia de las Ciencias citados al principio de este artículo, es también una obra polémica en la que la tergiversación de los acontecimientos refleja el espíritu del revisionismo kruscheviano.

Es un manual poco ambicioso destinado a los jóvenes. El título es por lo demás incorrecto porque los autores pretenden condensar en 400 páginas la historia de los pueblos que desde el neolítico se instalaron a lo largo de los siglos en el espacio de la futura Unión Soviética.

El capítulo I, de Bridsove y A. Sajarov, está dedicado a las comunidades primitivas y al periodo de esclavitud.

En el capítulo II, desde Sajarov, el tema es el feudalismo y abarca desde la fundación del Estado Ruso, las invasiones mongoles, la desintegración de la Horda de oro, para terminar con el desarrollo en Rusia de las relaciones capitalistas.

La perspectiva marxista no se identifica fácilmente en estas páginas que contienen informaciones muy interesantes ausentes en los trabajos de los historiadores occidentales sobre esos periodos. El nombre de Stalin aparece por primera vez en la página 141 incluido en una lista de bolcheviques que luchaban contra los mencheviques. Kamenev es citado en la página 202 como “líder de los oportunistas de derechas”. Bujarin y Preobragensky, en la página 206 como “capituladores”.

Trotsky es criticado (Pág. 212) por “haber violado las instrucciones del CC del Partido y del Gobierno Soviético, al negarse a firmar las condiciones de paz”.

A Stalin se le atribuye el éxito, con Vorochilov, de la victoria sobre Krasnov (pág. 231) en Tsaristin (futura Stalingrado).

El trotskismo vuelve a ser citado críticamente en la página 528. Bujarin y Rykov son calificados de “grupo anti partido de oportunistas” (pág. 261).

En las páginas dedicadas a la colectivización de la agricultura, la violación de los principios del Partido es atribuida a funcionarios y a los soviets locales y valora como importante la crítica de Stalin a tales desvíos. Pero sin hacer referencia a los crímenes cometidos y a la deportación en masa de campesinos.

El historiador ni siquiera alude a los procesos de los años 30 que terminaron en los fusilamientos de Kamenev, Zinoviev, Rakovsky, Bujarin, Preobragensky y otros viejos bolcheviques.

Las primeras referencias al culto a la personalidad de Stalin aparecen en la página 281. El autor del capítulo afirma que “la idolatría a Stalin infligió graves daños al Partido Comunista y a la Sociedad Soviética” y subraya que los éxitos obtenidos por el partido y las masas populares fueron injustamente atribuidos a Stalin.

En el capítulo dedicado a la II Guerra Mundial se subraya que Stalin “asumió la dirección militar, económica y política concentrando en sus manos la totalidad del Poder del Estado” (pág. 287).

En el capítulo IV, el académico F. Golikov dedica un amplio espacio (pág, 312 y ss.) al XX Congreso. Informa que en él se discutió el informe del primer secretario, Kruschev, subrayando que “la cuestión de superar el culto a la personalidad de Stalin y sus consecuencias” mereció especial atención.

El Congreso - escribe – reveló audaz y sinceramente las faltas y las deficiencias en el trabajo resultado de la idolatría a Stalin, sobre todo en los últimos años de su vida y actividad. Extraño al espíritu del marxismo-leninismo y a la naturaleza del régimen socialista de la sociedad, la androlatría impidió el desarrollo de la democracia soviética e impidió el avance de la Unión Soviética hacia el comunismo.

Pero al criticar los “aspectos erróneos de la actividad de Stalin”, la nueva dirección del Partido afirma que “como fiel marxista-leninista y firme revolucionario, Stalin ocupará su debido lugar en la Historia”.

En la sesión plenaria del CC de junio de 1957 se indica que “fue derrotado y desenmascarado el grupo anti partido integrado por Malenkov, Kaganovich, Molotov, Bulganin y Shepilov”.

Siguen unas páginas apologéticas sobre los extraordinarios éxitos que el PCUS bajo la dirección de Kruschev estaba logrando y que permitirían a la URSS “ocupar en los próximos años el primer lugar en el mundo tanto en el volumen global de producción como en la producción per cápita. En este país se creará la base material y técnica del comunismo”.

Para desgracia de la Humanidad, esa previsión optimista fue desmentida por la Historia.

Por el estilo y lenguaje, el Informe en cuestión trasluce con claridad la mentalidad revisionista que empujó a la URSS a su disgregación y a la reimplantación en Rusia del capitalismo.

Es un trabajo que no contribuyó en nada al prestigio de la historiografía soviética.

Transcurridas décadas, es mi firme convicción que la Historia del Partido Comunista (bolchevique) de 1938, la Historia de la Gran Revolución de Octubre y las diferentes Historias de la URSS editadas en los años 70, tergiversaron, cada cual con objetivos dispares, la Historia real de unos acontecimientos que dejarán marcas indelebles en el caminar de la Humanidad.

Conviene  recordar que la gran mayoría de los historiadores occidentales, epígonos del capitalismo, lejos de contribuir a iluminar la historia real de la Unión Soviética, la falsean con perversidad, con el fin de demonizar al marxismo y a Lenin.

En vísperas de las conmemoraciones del Centenario de la Revolución de Octubre, siento la necesidad de afirmar que, a pesar de las graves deformaciones que desnaturalizaron el proyecto de Lenin, la desaparición de la URSS supuso una tragedia para la humanidad. La victoria de la Revolución Socialista fue el mayor acontecimiento de la Historia y su herencia confirma que fue la experiencia más justa y ambiciosa de liberación del hombre su explotación milenaria.

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*História do Partido Comunista (bolchevique) da URSS, Edição de Para a História do Socialismo, Portugal, Agosto de 2010, 527 páginas

** História da Grande Revolução Socialista de Outubro, Edições Progresso, Moscú, 1977, 676 páginas

*** Historia de la URSS (Ensayo), publicada en 1960 por Ediciones Progresso, de Moscú, 422 páginas

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Serpa y Vila Nova de Gaia, Septiembre y Octubre de 2016