Los Chalecos Amarillos: «Rencorosos», «alborotadores», «antisemitas»… ¿Qué más?

Rémy HERRERA

(12 de marzo de 2019)


Al principio, comienzos del mes de noviembre de 2018, cuando los primeros « chalecos amarillos » protestaban en las redes sociales contra las subidas de la tasa sobre los carburantes decididas por el Gobierno de Édouard Philippe, los medios dominantes, todos propiedad de los poderosos del dinero, les reprochaban que se oponían a la defensa del medioambiente. Así que, inicialmente, los chalecos amarillos eran presentados por sus críticos como arcaicos garrulos - ¡aunque estaban conectados a internet! – ferozmente “agarrados a su coche” y obtusamente indiferentes a la causa ecológica. Como si los escasos céntimos de euro recaudados en esas tasas y destinados a la llamada “transición ecológica” fueran suficientes para hacer olvidar que Francia, aureolada del prestigio de la COP21 de París, sigue sin tener hasta hoy una política creíble en materia medioambiental.


Inmediatamente después, de hecho tras la primera movilización de los chalecos amarillos del 17 de noviembre, los ataques mediáticos subieron de nivel y los acusaron de “racistas” de extrema derecha. De entre los cientos de miles de chalecos amarillos manifestándose por todo el país, encontraron uno o dos, a los que se grabó y filmó intimidando a gente “rara” o de origen extranjero. Y también se les llamó “misóginos” porque otro de la misma ralea tuvo expresiones fuera de lugar para con una dama. ¡Tres brutos en total a los que se dotó del poder de transformar a 300 000 manifestantes en xenófobos machistas! En esta misma línea, sus adversarios vieron a los chalecos amarillos volverse “rencorosos”, con el pretexto de unas acciones colectivas que utilizan la fuerza para bloquear carreteras y nudos viarios y de reivindicaciones expresadas con ardor y vehemencia.


No les hizo falta mucho tiempo a los expertos en seguridad, alertados por los medios, para mezclar a chalecos amarillos con “alborotadores”. Ese fue el machacón leitmotiv de las cadenas de (des)información a cada sábado de movilización. Y así hasta que el presidente Emmanuel Macron acabara por declarar que aquellos y aquellas que responden a los llamamientos de los chalecos amarillos a manifestarse, se hacen ipso factocómplices” de las eventuales violencias que puedan ocurrir. Lo siguiente, tomar a los chalecos amarillos por tontos. Y así lo hicieron los lacayos mediáticos de Macronia que, al entrevistar a chalecos amarillos, se deleitaban con sus torpezas en el lenguaje y su inexperiencia en el arte de la oratoria. Solo faltaba afirmar que todos eran unos refractarios” a las reformas, unos ingratos con la generosidad del Estado e incoherentes en la expresión de sus demandas.


Llegó después el momento en que el eje principal de argumentación mediática hostil a los chalecos amarillos era insistir en sus “divisiones”. Algo que representa el movimiento social francés más vigoroso y unificador de las últimas décadas, apoyado además por una amplia mayoría de sus conciudadanos (los cuales, sin vestir el chaleco amarillo, lo llevan puesto en el corazón), de golpe venía a ser algo heteróclito, contradictorio, pendenciero, “dividido”... Y finalmente, antisemitas, porque uno de ellos, reaccionario, lanzó en una ocasión insultos contra el intelectual Alain Finkielkraut, también él reaccionario (¿o acaso no declaró él un día que los palestinos de Gaza eran “gente de más”?). He ahí dos inaceptables frente a frente. El rizo se riza; por lo visto: “¡los chalecos amarillos, son extrema derecha!”.


Roselyne Febvre, la responsable del Servicio político de la cadena de televisión pública France 24 resumió, el 28 de febrero, la opinión burguesa: “En el fondo no queda más que una cólera bruta (…) de donde emerge un regusto por la violencia, el antisemitismo, el racismo, el complotismo, en una palabra, todo lo que de peor hay en el hombre. ¿No se ha convertido ya [la movilización de los chalecos amarillos] en una especia de cuadra de impresentables? (…) Cuando hoy se les oye, no hay nada racional”. Todo esto está claro; los chalecos amarillos encarnan “lo peor que hay en el hombre”; las élites, obviamente, la razón. Sin embargo, la carta deontológica de los periodistas dice: “El tratamiento profesional de la información requiere el respeto de los principios de integridad, de imparcialidad. Comunicar los hechos de manera honesta, abstenerse de toda mentira, prejuicio o manipulación”.


Así es como, constantemente y de mil maneras, los medios de la burguesía en guerra contra todo un pueblo en lucha, insultan a los chalecos amarillos. Así es como se les desacredita, se les calumnia, se les humilla. A estos chalecos amarillos que se han levantado por nuestra dignidad, porque ya no soportan más lo insoportable. Ahora ya se está diciendo que “son muy poco numerosos”. Cuando solo se cuenta uno de diez, y a pesar de que la simpatía difusa de muchos franceses les acompaña y les sigue animando. ¿Llegará pronto el momento de la estocada? Lo que no comprenden nada esos señores y señoras de los medios, del poder y de las finanzas, sin embargo, es que la cólera de los chalecos amarillos no va a desparecer tan pronto porque las razones profundas de esta cólera no han desaparecido. Los límites del movimiento tal vez sean visibles. Pero el espíritu chaleco amarillo ha puesto en pie a todo un pueblo.


Traducción de Red Roja