¡Por fin (un día de) huelga GENERAL!

Rémy HERRERA

(jueves 21 febrero de 2019)


El martes 5 de febrero de 2019, en Francia, jornada de huelga general y de manifestaciones. El llamamiento lo hizo a nivel nacional la CGT (Confederación General del trabajo) junto con numerosos sectores de otros sindicatos (Solidaires, Force ouvrière, sindicatos de estudiantes…) y también con los líderes de los chalecos amarillos. Uno de estos, Maxime Nicolle, declaró: « Toda la gente que apoya este movimiento [los chalecos amarillos] tiene que ponerse en huelga porque la única cosa que hará plegarse al gobierno sin violencia es tocarle el aparato económico”. Varios líderes de partidos políticos (del Nuevo Partido Anticapitalista, de la France insumise, del Partido Comunista Francés....) también se unieron. Esta huelga intersindical e interprofesional, dirigida por trabajadores de los sectores público y privado y en la que se pedía un aumento de los salarios y de mínimos sociales, una reforma profunda de la fiscalidad frente a la emergencia social y la defensa de las libertades públicas, fue un éxito. Según estimaciones de la CGT, reunió a casi 300.000 manifestantes en unas 200 ciudades de todo el país. También concretaba – por primera vez "oficialmente", ¡por fin! –...una convergencia de las luchas sindicales y las de los chalecos amarillos. Pero los medios de comunicación dominantes hicieron lo que era necesario – ellos tienen los medios... – para que este éxito pasara casi desapercibido para el público en general.

El sábado siguiente, 9 de febrero, tuvo lugar el "Acto 13" de los chalecos amarillos: 51.400 personas según la policía, o.... más del doble según los organizadores, marcharon por toda Francia. Mientras la gran mayoría de los participantes en esta nueva movilización se manifestaron pacíficamente – pidiendo de paso la dimisión del Presidente Emmanuel Macron –, las manifestaciones degeneraron, sobre todo en varios puntos de la capital, en enfrentamientos con la policía, desperfectos en tiendas, rotura de cristales de los bancos y mobiliario urbano y coches quemados.... En la noche del 9 de septiembre, ninguna respuesta política o social por parte de las autoridades a esta crisis, estaba prevista. ¿Su "estrategia"? Siempre la misma, como desde el comienzo de la movilización de los chalecos amarillos a mediados de noviembre, es decir, que se vaya pudriendo: reprimir brutalmente a los chalecos amarillos, dejar que se desgasten, dividirlos lo más posible, desacreditarlos, acusarlos de todos los males, insultarlos, suscitar temores y odios, esperar a que la opinión pública dé un giro. Pero sobre todo, no ceder en nada a los manifestantes y pretender no entender que el orden establecido de esta sociedad de desigualdades e injusticias, causa náuseas y es insostenible.

Ese es el mensaje que los medios diseminan: que la manifestación se va pudriendo… En los últimos tres meses, unos sesenta parlamentarios de la mayoría presidencial informaron de que han recibido amenazas anónimas de diversa índole y a través de diversos canales, y que se han registrado más de 80 deterioros en sedes de cargos políticos o de domicilios de funcionarios electos de Republique en marche. Por ejemplo, a toda prisa por la noche se tapiaron puertas de entrada de las casas o de garajes de representantes electos; insultos escritos en las fachadas... En los últimos años ya se habían observado muchas de estas acciones de incivilidad contra otros políticos (de anteriores mayorías). Hace cinco años, durante una manifestación de agricultores en Champagne, una máquina agrícola arrojaba estiércol - con regocijo general- contra la fachada de una prefectura (e incluso dentro de sus oficinas); se soltaron ratas, en protesta, en edificios oficiales de Haute-Garonne; en la región de Pays de la Loire, tractores vertían estiércol -en cantidades generosas- en los jardines de la residencia de un ministro de agricultura (socialista), etc. Pero la tensión parece estar subiendo hoy un poco más. Hace unos días, algunas personas intentaron quemar una de las casas de Richard Ferrand, Presidente de la Asamblea Nacional, antiguo miembro del ala izquierda del Partido Socialista, y después, Secretario General del partido del Presidente Emmanuel Macron, La République en marche...

Es pues en este contexto envenenado que, el mismo día de la huelga general del 5 de febrero, una “ley anti alborotadores” fue adoptada por la Asamblea nacional. Un hecho nuevo, desde hace 18 meses: unos cincuenta diputados del grupo macronista rechazaron votar esta proposición de ley impulsada por el Gobierno. Esto no fue suficiente para rechazar el texto, pero revela un malestar que recorre las filas de la mayoría presidencial. – tanto más cuanto la advertencia emitida previamente por el Consejo de Estado, opuesto a una ley que atenta (según este último) a las libertades públicas, ha sido ignorada por el Parlamento. Este nuevo dispositivo jurídico, que será examinado por el Senado el 12 de marzo próximo, constituye de toda evidencia un viraje más en la espiral represiva. En adelante, en el feliz reino de Francia, un/a ciudadano/a podrá ver que se le prohíbe manifestarse, no ya en razón de una condena judicial (es decir, después de haber cometido un delito), sino, de manera previa, por la vía de una prohibición administrativa decidida por un prefecto; en otras palabras, por el representante del poder político en las colectividades territoriales. Y eso, por mera sospecha (documentada por las fichas de los servicios secretos). ¡Se pone así en marcha además, un “fichaje individual” de los manifestantes extremadamente peligroso!

El guiño de Emmanuel Macron a los sectores más derechistas y reaccionarios de su electorado, deseosos de que se restablezca lo más rápidamente el orden público, es burdo. Como resultado, volvemos a una época anterior a 1968, cuando el régimen del General de Gaulle suspendió el derecho a manifestarse durante la guerra de Argelia (desde 1958 hasta el 1 de mayo de 1968). Es verdad que la ley anti-alborotadores no ha entrado aún en vigor, y debe esperar a que el Senado dicte sentencia. Pero, por el momento, este texto liberticida, extremadamente grave, salvo algunas críticas de la izquierda, no ha suscitado una protesta general en el Parlamento. Al mismo tiempo, en las redes sociales, se han levantado voces cada vez más fuertes sorprendidas de que las personas involucradas en los disturbios, identificadas y vigiladas por la policía a lo largo del día (como el tipo que prendió fuego a varios coches el 9 de febrero, incluido un vehículo del plan Vigipirate), no hayan sido arrestadas inmediatamente. Los observadores señalan – lo que por otra parte todo el mundo conoce desde hace decenios– que pudiera ser que los policías se infiltraran ocasionalmente en las manifestaciones para "ayudar" a los alborotadores a hacer su trabajo y así desacreditar a los movimientos sociales... Daniel Cohn-Bendit, experto en la materia – desde sus destrozos en mayo de 1968 y de su actual colaboración con las autoridades –, lo reconoce, todo sonrisas....

Mientras tanto, la represión policial sigue a buen ritmo. Como todos los sábados durante las últimas 14 semanas. Incluso una escena de amputación de mano con una granada fue retransmitida en directo por los canales de noticias el 9 de febrero. Mientras un grupo de chalecos amarillos marchaban y trataban visiblemente de atravesar la empalizada frente al frontón de la Asamblea Nacional, un fotógrafo se encontró con un solo brazo ante los ojos aturdidos de millones de telespectadores. Como premio a su fidelidad, estos pudieron ver además a un oficial superior, de servicio frente a la Cámara de Diputados, pateado en la cara por uno de los manifestantes subido a las puertas del edificio.... ¡lo justo para conmocionar tanto a los partidarios del cambio como a los del orden! Todo un éxito de los medios de comunicación. Unos días más tarde, cayó el veredicto para el boxeador de CRS Christophe Dettinger: ¡un año en prisión! El 15 de febrero, Eric Drouet, una figura popular de los chalecos amarillos, también tuvo que acudir a los juzgados para responder a la acusación de "organizar manifestaciones no comunicadas"... El problema es que la mayoría de los líderes de los chalecos amarillos ya no quieren comunicar en la prefectura sus manifestaciones debido a estos excesos (espontáneos o, más a menudo provocados por la policía) que los exponen individualmente al riesgo de ser procesados por la justicia. Otro líder de los chalecos amarillos, Jérôme Rodríguez, declaraba haber perdido definitivamente un ojo después de recibir una bala en la cabeza. Mientras tanto, los miembros de la dirección de la France insumise (entre otros) sufrieron registros en sus casas, uno tras otro....

La violencia sin embargo, no solo está en la calle. Ni mucho menos. Está en todos los platós de televisión, en la boca de los expertos en seguridad – ¡expertos más bien en delación! – , apoyados por algunos universitarios melenudos tipo sesenta y ocho, que vienen a aclarar a los telespectadores, y con ellos los servicios de inteligencia, ejerciendo de denunciantes en directo de diversos manifestantes. “¡Miren, miren allí una bandera con la hoz y el martillo!” o “¡por allí está la CGT; yo vi sus pancartas hace un momento! O “¡miren aquellos; por las banderas que llevan, son maoístas!”… Sí, realmente ya empieza a oler mal en Macronia… La violencia está en las manifestaciones plenas de odio de un Luc Ferry, profesor de filosofía y exministro de Educación nacional de Jacques Chirac, vomitando en una emisión de radio (en Radio classique el 7 de enero) que las fuerzas del orden deberían estar autorizadas a emplear sus armas (¡y estas letales!) contra los rebeldes protestatarios. Y volver a repetirlo tranquilamente unos días más tarde, sin temor a que lo sancionen, en otra emisión, esta vez televisiva (en LCI el 3 de febrero), al tiempo que se quejaba de que en los barrios chic de París (entre los cuales el suyo, claro), “¡es espantoso lo que está pasando! Porque, entiéndase bien, “¡atacar a Macron es atacar a Francia! ¡Y los periodistas, sin comentario!

La violencia se la encuentra agazapada en el comportamiento del Presidente de la República que sigue afirmando que no retrocederá, que “no se va a mover”, que “no va a cambiar de ruta”, al mismo tiempo que lanza su “Gran Debate”. Debate que se resume, en el fondo, en una sobre-exposición mediática de su divina persona en vistas a emprender, de una manera falsa (¡y a cargo de los contribuyentes!), la campaña de las elecciones europeas del próximo mes de mayo. Está también en los ánimos que le dan sus partidarios pregonando que “el Presidente aún no ha hecho nada”, que “los grandes cambios del quinquenio está por venir”. Está en las zonas de sombra del derecho, en la cumbre del Estado, descubiertas en los meandros del affaire Benalla – el nombre del antiguo guardaespaldas del presidente que se creía por encima de la ley (pues estaba cubierto por su protector) y que la justicia tardó casi 10 meses en detener - , y en sus múltiples efectos: la dimisión del más próximo consejero especial de Emmanuel Macron, Ismael Emelien, citado en el mismo asunto (por haber presumiblemente recibido documentos ilegales); el cambio de la jefa del grupo de seguridad del Primer ministro (para proteger a su consorte, quizá implicado en un contrato entre relaciones del asunto Benalla y un oligarca ruso): más un reciente informe demoledor del Senado sobre el mal funcionamiento de los servicios del Elíseo; y tantas zonas de sombra aun (una caja fuerte desaparecida misteriosamente del domicilio de Benalla, pasaportes diplomáticos no devueltos por este sujeto, jugosas comisiones percibidas por contratos de protección privada…) Pero no se preocupen; los dos pobres diablos zurrados por Alexandre Benalla el 1º de mayo de 2018 en la plaza de la Contrescarpe en París, estos sí que fueron juzgados y condenados (¡a 500 euros de multa!) por haber lanzado contra los policías un cenicero y un cacharro respectivamente… La violencia está en ese espectáculo de la justicia de dos velocidades, impuesta por un poder acorralado y todo un régimen en delicuescencia… ¿Para cuándo una verdadera democracia en Francia?

La violencia en fin, en la continua destrucción de Francia, que se está llevando a cabo lentamente: un Parlamento que autoriza la aceleración de la privatización de los sectores de la energía (cuando camaradas ocupan centrales o vuelven a abrir agencias de acogida cerradas al público); un ministro de Educación a la cabeza de una iniciativa de una ley que exige a las comunas que financien aun más la enseñanza privada desde la guardería o de un texto que aumenta los gastos de inscripción de los estudiantes extranjeros en la universidad (y los profesores hacen huelga)… ¡Menos mal que a Francia le quedan sus ventas de armas! Mala suerte; los submarinos que acaba de comprarle Australia (cuyo presupuesto militar está contablemente integrado en el dispositivo global de defensa de Estados Unidos), no serán fabricados aquí, sino… ¡a 16 000 kilómetros de aquí; en Adelaida (Australia meridional)! Por otra parte ¿para qué sirve el material militar francés adquirido por Arabia saudita y los Emiratos del Golfo, sino para machacar las poblaciones yemenitas? Eso sí, no hay duda, en el respeto de los Derechos Humanos. ¡Esa es la admirable moral de Macronia!

“¡El Gran Debate está en la calle!, decía un tag de la manifestación del 16 de febrero último. La convergencia de las luchas de los sindicatos y de los chalecos amarillos es, hoy más que nunca, necesaria. Desde el mes de noviembre, amplios sectores de las bases sindicales están al lado de los chalecos amarillos, en sus movilizaciones de los sábados, en las rotondas durante las semanas, o en las empresas. Las direcciones sindicales, por un tiempo reticentes, al fin se han adherido. O han sido obligadas a hacerlo, a partir del 5 de febrero último, precisamente bajo la presión de sus bases militantes. Costó su tiempo. Este esfuerzo de convergencia es altamente encomiable, evidentemente, pero aun tan insuficiente… La próxima huelga general y nacional, ocasión para una nueva movilización conjunta sindicatos-chalecos amarillos, está anunciada por la CGT para el 19 de marzo. Demasiado tarde para tantos camaradas que luchan diariamente por aquí y por allá. Y encima las purgas se están acelerando (por qué no decirlo) en la pirámide de los poderes en el seno de los sindicatos para descartar a los elementos más contestatarios, los más rebeldes y los más motivados en ampliar y en profundizar las luchas. Hay pues que darse prisa, redoblar las energía,s convencer a cada vez más camaradas a que entren en la batalla. Hay que llevar la lógica de la huelga hasta sus últimas consecuencias. Y hacer recular la arrogancia de esta derecha que se divierte diciendo que “en Francia, la revolución, es el sábado y se para a partir del domingo por la mañana”. Los chalecos amarillos muestran el camino: ¡llaman a manifestarse también los domingos! En este momento histórico tan especial, tenemos que medir muy bien la importancia de lo que está pasando hoy en Francia, del arsenal represivo sin precedentes que se despliega para intentar parar la revuelta popular que va subiendo. La represión brutal es efectivamente el reflejo, no tanto de una contraofensiva burguesa, cuanto del miedo que la sobrecoge y de un repentino parón de su proyecto destructivo bajo la presión de un pueblo en lucha.



Traducción de Red Roja