La movilización de los Chalecos Amarillos no ceja

Rémy HERRERA

(miércoles, 9 de enero de 2019)


Un primer dato, estadístico, para comenzar: la única fuente de conteo del número total de participantes en las movilizaciones de los “chalecos amarillos” es, en Francia, el Ministerio del Interior. Lo cual es extremadamente problemático; en primer lugar porque la naturaleza misma de este movimiento hace imposible un recuento exacto; después, porque el Estado, para este recuento, recurre cada vez más a empresas privadas especializadas cuya independencia hay que poner en cuestión; y en fin, porque el evidente interés de las autoridades es contar a la baja, como lo ha hecho siempre con cualquier manifestación organizada por los sindicatos los cuales ofrecen en general una estimación alternativa.


Un ejemplo: en el “ Acto VII ” del 29 de diciembre de 2018, el Ministerio del Interior anunció que en el conjunto del territorio se habían movilizado12 000 chalecos amarillos. Ahora bien, la simple suma de los datos oficiales relativos a las actividades de los chalecos amarillos en solamente nueve ciudades (concretamente, Burdeos [con 2500 participantes], Toulouse [2400], Marsella [2000], Metz [2000], Lyon [1000], Rouen [1000], Brest [750], Caen [700], y Sens [300]) – datos ofrecidos por las prefecturas, pero ampliamente subestimadas – sobrepasa esos 12 000. Y ¿qué hay de las otras 35 991 comunas de Francia, comprendida la capital? ¿No había nadie ese día en las rotondas? ¡Absurdo! Sin embargo es esta “estimación”, 12 000 chalecos amarillos, la que se repitió machaconamente en todos los medios dominantes sin cuestionamiento ni matizaciones. ¡Tan ridículo como que una de las consignas de los chalecos amarillos es de ir a protestar… sin chaleco! Para mejor mezclarse con la gente y evitar así ser detenidos por las fuerzas del orden…



Las autoridades, relevadas por sus portavoces mediáticos, tenían objetivos muy claros, justo antes de la presentación del mensaje de felicitación navideña del presidente Macron a los franceses el 31 de diciembre: demostrar: 1. que la movilización de los chalecos amarillos se iba agotando; 2. que aquellos y aquellas que decidieran a proseguir en la lucha eran elementos radicales”, “extremistas” aislados del resto del movimiento, partidarios de la violencia con el fin de arruinar a los “pobres comerciantes” en periodo de fiestas de fin de año, y lo que es peor, “atacar a la República”, “alzarse contra la democracia” y “derrocar el gobierno”; y 3. que la huida hacia delante del gobierno en la escalada de la represión estaba justificada


Mientras se encontraba junto con unos cincuenta chalecos amarillos rindiendo homenaje a las víctimas de la violencia policial, Éric Drouet, una de las figuras más conocidas del movimiento, era de nuevo arrestado y detenido el 2 de enero. Centenares de demandas de cárcel han sido cursadas (algunas ya confirmadas) contra varios cientos de chalecos amarillos. ¡A uno porque le gritó a la cara a un diputado de la mayoría: ¡a la guillotina!; a otros porque decapitaron un muñeco con la efigie del presidente Macron… En cuanto a la prensa escrita, la palma se la lleva sin duda ese periodista que en una de sus líricas inspiraciones afirmaba que apoyar a los chalecos amarillos era declararse partidario de “los gulags soviéticos, de los campos de concentración cubanos y del genocidio de los jemeres rojos”. ¡Disculpémosle! El pánico que corre actualmente por las filas de la burguesía les hace decir a muchos cualquier cosa. Y sugiramos a sus jefes que le den una semana de vacaciones en el trópico para que se tranquilice un poco y verifique por sí mismo si hay o no campos de concentración en Cuba.


El “ Acto VIII ” del sábado 5 de enero, ha demostrado que la movilización de los chalecos amarillos no se debilita. Y que una clara mayoría de franceses (siempre más del 55 o el 60 % según todos los sondeos recientes) continúa manifestando su simpatía y apoyo al movimiento en curso. Según informaciones de la policía, 50 000 chalecos amarillos (con toda seguridad, muchos más) estaban aun en la calle, con el frío invernal, bloqueando carreteras o manifestándose en las calles de las grandes (así como en las más pequeñas) ciudades del país, exigiendo más democracia y más justicia social. En toda Francia, y en algunos casos en los pueblos más pequeños, hubo numerosas concentraciones populares de chalecos amarillos, pacíficas, desenfadadas, de buen humor, entre amigos, como en familia, todas y todos motivados y determinados a luchar más y más. Valientemente. Fraternalmente. Y saludados por los cláxones de automovilistas solidarios.


En algunos sitios, hubo las inevitables escenas de exasperación, de tensiones, de caos; fueron éstas las únicas imágenes difundidas sin descanso por las cadenas de televisión, para intentar inquietar, dividir, disuadir, desanimar (¡en vano!): barricadas en las calles, hogueras en la noche, enfrentamientos, a veces violentos, con las fuerzas del orden en varias ciudades de provincia, bajo una lluvia de granadas lacrimógenas y golpes de porra, o en París, aquí y allá, hasta las inmediaciones de los Campos Elíseos bajo las guirnaldas rojas centelleantes del decorado navideño. En medio de turistas venidos a festejar el nuevo año a la francesa. Así que ¡Feliz y buen año 2019 a todas y a todos!


¿Novedades de este 5 de enero? Un recorrido predeterminado de manifestación declarada “en regla” según las autoridades policiales por organizadores de chalecos amarillos en la capital, que iba desde la plaza del Ayuntamiento hasta la Asamblea nacional. Varios intentos de intrusión de chalecos amarillos en el recinto de edificios oficiales (prefecturas…) de las que la más espectacular fue la de un pequeño grupo echando abajo con la ayuda de una carretilla elevadora la puerta delMinisterio de Relaciones con el Parlamento, destruyendo con el mismo método algunos coches oficiales y provocando la evacuación precipitada del portavoz del gobierno, Benjamin Griveaux, antiguo miembro del Partido socialista (y brazo derecho de Dominique Strauss-Khan), y de sus colaboradores.


Más impresionantes aun, las imágenes de un manifestante haciendo recular a puñetazos toda una fila de policías con casco y protegidos con escudos en un puente de París; o las de Toulon, de un oficial superior de la policía golpeando varias veces la cara de un individuo que acababa de ser detenido. El primero, que resultó ser un viejo campeón de Francia de boxeo, ganado a la causa de los chalecos amarillos, fue obligado a rendirse dos días después de la “fuga” (que tomen nota los que quisieran financiar la “hucha” de apoyo a su familia, ¡una secretaria de Estado amenaza con procesarlos!). Por su parte, el segundo, justificó su actitud declarando que estaba neutralizando a un “delincuente peligroso” y a “alborotadores”… y que él no temía en modo alguna ninguna denuncia en contra pues era… ¡comandante de policía! Y para colmo, ¡condecorado con la Legión de Honor desde el 1 de enero!


Más allá de estos acontecimientos, para nada anodinos, conviene evaluar la crisis política en la que hoy está hundido el país. Y entender bien lo grave de la situación: el presidente Macron, que aun no hace mucho decía que tanto le gustaba “entablar contacto con los franceses”, no ha hecho la más mínima salida pública desde… ¡el 4 de diciembre! Fecha en la que efectuó una visita a Puy-en-Velay después de que los manifestantes quemaran la prefectura de Haute-Loire (región de Auvergne-Rhône-Alpes). Una visita de la que volvió, se dice, que traumatizado: efectivamente, un comité de acogida de protestatarios en cólera lo abucheó, lo motejó con diversos nombres de pájaro persiguiendo el coche presidencial a través de la ciudad…


Un mes y cinco días más tarde, el gabinete presidencial de la República francesa hizo saber que todas las “ceremonias de felicitación” a las que estaba previsto iba a participar quedaban anuladas – con excepción de la prevista ante las fuerzas armadas. ¿Motivo? El presidente deseaba “concentrarse” en la redacción de una “Carta” a sus conciudadanos y sobre la “apertura del Gran Debate”…


¡Porque se contemplaba “la apertura de un Gran Debate” ! Un “Gran Debate” que debería tratar de responder a las “profundas expectativas de los franceses”… ¡pero tratar solo las temáticas seleccionadas por el Gobierno! Con el fin de coordinar esta farsa de democracia, Emmanuel Macron designó a la actual presidenta de la “Comisión nacional del debate público”, Chantal Jouanno, ex colaboradora y ministra de Nicolas Sarkozy. No hicieron falta más que unos días – y la revelación de la confortable remuneración a percibir por la señora Jouanno (más de 176 000 euros brutos anuales a pagar del erario público) – para obligarla a renunciar a conducir el “Gran Debate” (pero, tranquilos, ¡sin renunciar a ser remunerada!


Frente a la “odiosa turba”, como ya califica Macron a los chalecos amarillos, éste, atrincherado detrás de los compactos muros del palacio del Elíseo, advierte: piensa ir “más lejos y con más fuerza”, ser “aun más radical”, es decir, retomar las “reformas”; léase: adoptar nuevas medidas de destrucción de los servicios públicos (la aceleración del desmantelamiento del sector de la energía, entre otros), de retroceso de la protección social (empezando por el endurecimiento de las condiciones para la obtención del subsidio-paro y las pensiones de jubilación), del cuestionamiento del estatuto de los funcionarios, etc.


Y el Primer ministro, Edouard Philippe, que no le va a la zaga: participar en una manifestación no autorizada ya no será objeto de un mero incumplimiento (susceptible de una multa); a partir de ahora será considerada delito (susceptible de condenas de cárcel). El año 2019 en Francia, promete ser desde ya, un año particularmente “delictivo”.





Traducción de Red Roja