De la represión al escándalo de estado


Rémy HERRERA

(domingo, 29 de julio)

A lo largo de estos últimos meses, la represión antisocial ha subido considerablemente de tono en Francia. El estado de emergencia, remplazado en noviembre de 2017 por una Ley antiterrorista, tiene mucho que ver en ello. Pero es sobre todo la multiplicación de las luchas de los trabajadores y trabajadoras en diversos sectores, lo que explica la extensión de las operaciones policiales y militares.

Hasta hace poco, la oposición más visible al Presidente de la República, Emmanuel Macron, venía de la calle, de los sindicatos y del pueblo movilizados más que de la clase política o de los medios. Todo cambió el 18 de julio con el estallido del “caso Benalla”. Tres días fueron suficientes para hacer pasar al Elíseo de la euforia de la victoria del equipo de Francia  en la Copa del Mundo de Fútbol a un  seísmo político de una envergadura inimaginable.

Los mismos medios que habían servido de máquina de guerra al candidato Macron para ser elegido jefe de Estado recuerdan hoy al Presidente que su poder ejecutivo se limita al de ejecutor de los deseos de los grandes capitalistas. En el Parlamento el choque provocado por el “caso Benalla” ha logrado soldar a la derecha tradicional (los republicanos) y eso que yo llamaría “la nueva derecha” (residuos de la socialdemocracia) con  la extrema izquierda (France insumise y Parti communiste) y la extrema derecha (el exFront national, hoy Rassamblement national) en una oposición generalizada contra Macron

Pero ¿de qué se trata en este “caso”? El 18 de julio comenzaron a circular por internet unos vídeos del último 1º de mayo que mostraban a un hombre con casco – que resultó ser el jefe adjunto al director del gabinete del Presidente Macron, Alexandre Benalla – interpelando y golpeando a una joven pareja  después de la manifestación de la Fiesta de los/as Trabajadores/as en París. Benalla se muestra brutal – al igual que numerosas otras operaciones de represión – incluso exhibiendo distintivos de las fuerzas del orden cuando él no es ni policía ni militar. Él no es más que un guardaespaldas, violento y alborotador, pero muy apreciado por Macron quien lo había reclutado durante su campaña electoral y más tarde promovido en su gabinete presidencial.  

Entonces nos enteramos que con apenas 26 años y sin ninguna otra formación que la recibida sobre la marcha en el servicio de orden de exPartido Socialista, Benalla se habría beneficiado de privilegios tales como una promoción ultra-rápida, una confortable remuneración, permiso de armas obtenido por procedimientos no reglamentarios, atribución de un apartamento en los barrios chic de la capital… Algunos de estos favores salían de ojo por desorbitados: costumbre de dar órdenes a policías y militares, portar brazaletes de las fuerzas del orden, entrada libre en la Asamblea Nacional, “contactos amistosos” con la Prefectura de Policía que le proporcionaba libre acceso a los registros de la cámaras de video-vigilancia… Aunque el gabinete de Macron pretende haber sancionado inmediatamente al interesado por sus excesos de celo… no hay visos de sanción alguna: Benalla sigue desplazándose con el Presidente, percibe su salario, continúa con sus privilegios... 

Los eslóganes que prometían una « República ejemplar” dan paso a la sospecha de la creación de una policía paralela (ilegal, “privada”) que obedece al Presidente de la República. Ante las explicaciones reclamadas de todos lados, Macron y su Gobierno se quedaron mudos durante unos días. Fueron necesarias diez horas de debate parlamentario para que la oposición lograra suspender los debates sobre la Reforma constitucional (promovida por Macron pues estaba destinada a dotarle de poderes  aun más amplios que los inmensos de que ya dispone) y para formar una comisión de investigación. Ante esta última, el ministro de Interior vino a decir que no sabía nada, mientras que una fila de altos funcionarios añadía que ellos tampoco sabían nada.

Y con razón, pues todo se cocinaba en el Elíseo. Hubo que esperar una semana (de caos) a que interviniera Macron. Lo hizo a su estilo, provocativo, diciendo básicamente: “Yo soy el único responsable. ¡Los que quieran que vengan a buscarme!”. ¿Buscarle? Pero si los que conocen las instituciones francesas ya lo saben : la Constitución de la Vª República protege eficazmente a la persona del Presidente de la República. De hecho, lo que viene a declarar Macron, como marioneta de las finanzas, es que irá adelante, que hará aplicar la voluntad de sus amos capitalistas desafiando a todos los contra-poderes: parlamento, medios, manifestaciones populares… 

Algunas voces (no parlamentarias) piden su destitución. Dos mociones de censura han sido presentadas en la Asamblea nacional contra el Gobierno. El “caso Benalla”, aun pendiente, empaña la imagen de Macron en el país y en el extranjero. ¡Qué mejor para que los trabajadores se preparen para la futura vuelta de luchas sociales en septiembre!

Traducción: Red Roja