MACRON, ¿qué quiere decir eso en francés?

Red roja inicia con este texto la traducción de  una serie de crónicas con las que el  economista marxista francés remý herrera da cuenta del periodo de luchas obreras y estudiantiles que está teniendo lugar en francia

Rémy HERRERA1

(domingo 8 abril de 2018)



Traducción de Red Roja

Desde el mes de marzo, Francia ha entrado en una zona de turbulencias sociales. Por todas partes surge el descontento. Se multiplican las manifestaciones, también las huelgas, sobre todo en el transporte público (desde los ferroviarios al personal de Air France), en los servicios de recogida de basura, así como en el sector de la gran distribución (trabajadores del grupo francés de supermercados Carrefour, la empresa privada más importante del país, después del anuncio de cierre de centenares de sucursales y la supresión de miles de empleos a pesar de haber obtenido mil millones de euros de beneficios el último año). Estamos ante el primer enfrentamiento del mundo del trabajo con Emmanuel Macron desde su elección a la presidencia del Estado pronto hará un año.


Pero, ¿saben ustedes quién es Macron? Se dice que es guapo, elegante, brillante. A sus apenas 39 años fue elegido presidente de la República en mayo de 2017, después de un ascenso político absolutamente fulgurante. Además ha seducido a Donald Trump que ha sido invitado a París a la celebración de la fiesta nacional del 14 de julio y a asistir al desfile militar en los Campos Elíseos. Es la primera vez que tenemos en Francia a un presidente que habla tan bien el inglés y que sonríe “como un americano”. Es normal; fue miembro de los « Young Leaders » de la French-American Foundation, institución encargada de “reforzar los lazos entre Francia y Estados Unidos”

No quita que la base electoral de Macron sea de lo más ajustado; efectivamente, llegó a la cabeza de la primera vuelta de las elecciones presidenciales de abril de 2017 con solamente el 24 % de los sufragios (8,66 millones de votos), a corta distancia de la candidata del Front National, Marine Le Pen (21,3 %, es decir, 7,68 millones de votos), y seguido más de lejos por sus adversarios François Fillon (20,0 %) a la derecha, y Jean-Luc Mélenchon (19,6 %) a la izquierda. Enfrentado a la candidata de extrema derecha en la segunda vuelta, Macrón tenía todas las de ganar – de sobra se sabe que Francia no es un país racista – y salió elegido sin problemas con un 66,1 % (aunque con un 25,4 % de abstención). Seguro de sí mismo, ya había celebrado su victoria la víspera de la primera vuelta en un lujoso restaurante parisino rodeado de la jet-set del poder (desde Jacques Attali, antiguo consejero del presidente Mitterrand y gran amigo del establishment, hasta Daniel Cohn-Bendit, ex-líder de mayo 1968 convertido en lacayo de la Europa neoliberal).

Macron es un puro producto de la alta finanza. Después de haber sido inspector de Finanzas, renunció a la propuesta de la patrona de patrones, Laurence Parisot, de ocupar el puesto de director general del sindicato de la patronal MEDEF, prefiriendo el de agente financiero con Rothschild donde llegó a socio administrador. El presidente Hollande lo nombró secretario general adjunto al Elíseo (2012); más tarde fue ministro de Economía e Industria (2014). Un banquero de ministro de economía ¿qué hay de más lógico? La “Ley Macron” impuesta por la fuerza al Parlamento (2016), flexibilizó aun más el mercado del trabajo para, parecer ser, “desbloquear” la economía francesa.

El éxito de Macron se explica perfectamente por la descomposición de las fuerzas políticas del país: la de la derecha tradicional (Los Republicanos) y la… de la nueva derecha (el partido Socialista). Bajo las presidencias de Sarkozy (2007-2012) y de Hollande (2012-2017), Republicanos y “Socialistas” ya habían modificado su trayectoria histórica para rendirse manifiestamente ante las finanzas y hacerse sus fieles servidores. Esto era algo nuevo en Francia. Y fue la causa principal del hundimiento de estos dos principales partidos que se repartían el poder en una alternancia sin alternativa antes de su llegada. Macron no es pues sino la síntesis del nuevo look rejuvenecida, de esa tendencia de fondo de la vida política francesa, de ese abandono de soberanía nacional, de esa sumisión absolutamente lamentable del Estado. No es de extrañar pues que el alineamiento atlantista pro-americano se viera al mismo tiempo consolidada.

Solo faltaba conseguir que saliera elegido. Su campaña electoral, orquestada por unos medios obsequiosos y unánimes a las órdenes de un puñado de oligarcas, lo vendió como una mercancía. Con un idilio de novela en portada: ¡su esposa, Brigitte, había sido su profesora de teatro en el instituto! Y es que, en esta democracia de pacotilla, solo faltaba un actor de talento para hacer olvidar a los franceses que su país ya no es soberano, sino gobernado por las finanzas. La obra cuya representación hoy se anuncia, sin embargo, todavía no está escrita. El cabreo social se va agrandando…




1 Rémy Herrera es economista marxista.