La necesaria confluencia política contra el muro del Régimen del 78

Ángeles Maestro*

Los graves acontecimientos vividos en Cataluña, y su repercusión en el resto de los pueblos del Estado español, han contribuido decisivamente a poner de manifiesto varios hechos de gran trascendencia. Ante los ojos del mundo, se ha mostrado cómo el engranaje de la Transición – con todos sus aparatos de Estado, desde la Monarquía a la Audiencia Nacional – representa un muro contra el que chocan inevitablemente las luchas obreras y las de los pueblos por sus derechos nacionales.

La importante movilización del pueblo catalán – como en otros tiempos y con otras formas, la del pueblo vasco – a pesar de su determinación y de haber involucrado a cientos de miles de personas, no ha podido conseguir sus objetivos de autodeterminación, propios de cualquier marco mínimamente democrático… Ha servido, sin embargo, para hacer ya inocultable que las estructuras del Estado, que se edificaron sobre la columna vertebral del franquismo, son incapaces de responder a reivindicaciones políticas con otra cosa que la represión. Así mismo el proceso catalán – como toda lucha contrahegemónica de envergadura - ha engendrado un importante proceso de organización popular, en torno a los CDR (Comités de Defensa de la República), que deberían permanecer.

Hemos asistido a la enésima representación – corregida y aumentada – del feroz escenario del enfrentamiento entre pueblos – atizado desde la amplísima caverna mediática y desde las mismas estructuras de poder - que tantos réditos electorales produce al tándem del Régimen del 78, PP-PSOE, ahora con la muleta del montaje de Ciudadanos que hay razones para asociar a una reinstitucionalización del falangismo.

También se ha revelado ante quiénes aún confiaban en ella, cómo la supuestamente muy democrática Unión Europea no vacila en anteponer la “estabilidad” de sus gobiernos al precio que sea, es decir, anteponiendo sus intereses de clase e imperiales a cualquier otra consideración democrática.

Ignorantes de la trascendencia de lo que estaba ocurriendo, o más bien agarrados a un clavo ardiendo, Unidos Podemos ha estado haciendo patéticos llamamientos a un imposible referéndum pactado en medio – una vez más - de una inaceptable ambigüedad política, dignamente rota en Cataluña por algunas personalidades aisladas. Su objetivo de cargar la responsabilidad política exclusivamente  en el PP y Ciudadanos estaba intentando salvar, aunque fuera retorciendo la realidad, su estrategia de descabalgar a Rajoy del brazo del PSOE.

Efectivamente el PSOE, con una cara o con otra, siempre va a jugar el papel para el que fue diseñado en la Transición, desbaratando los más ocurrentes  “relatos” del aparato mediático de Podemos (la casta, la trama, etc): defender a cualquier precio las estructuras del Estado heredero de la Dictadura, a cambio de que sus dirigentes formen parte de las oligarquías económicas. Y todo ello a pesar de que de la careta de búnker “progre” que exhibe desde la Transición, a la hora de la verdad - como le ha ocurrido históricamente a la socialdemocracia - le quede solamente la de ejecutor o cómplice de prácticas dictatoriales.

La propuesta de Pedro Sánchez de reforma de la Constitución es a todas luces un señuelo para intentar acompañar la vuelta de Puigdemont a la “legalidad”. Ni la credulidad más ingenua resiste ante los innumerables ejemplos de cómo para el PSOE decir una cosa en la oposición para embaucar a la gente y hacer todo lo contrario una vez en el gobierno, no es una excepción, sino la marca de la Casa.  Desde el “OTAN, de entrada NO”, pasando por la reforma del artículo 135 de la Constitución de Zapatero hasta ahora, seguramente se cuentan por centenares. El penúltimo juego de trileros ocurrió hace un mes, cuando tras votar en el Congreso este mismo año en contra de una Proposición de Ley de ERC para declarar nulas las sentencias de los tribunales franquistas, el Grupo Parlamentario Socialista presentó una Proposición no de Ley con ese mismo objetivo, cuando es evidente que sólo una Ley puede anularlas. El último esta semana: la vergonzante retirada de la propuesta de reprobación de la Vicepresidenta del Gobierno por la actuación de las fuerzas represivas a su mando el 1 de octubre.

En definitiva, Pedro Sánchez, Susana Díaz,  Alfonso Guerra o Felipe González son caras de la misma falsa moneda con la que se compró la lucha de la clase obrera y la de los pueblos del Estado español contra la Dictadura.

Las duras, pero imprescindibles lecciones políticas obtenidas estas últimas semanas, muestran dos hechos incontestables:

  • La Ruptura que la Transición abortó sigue pendiente y su culminación es un hecho político mayor, insoslayable para las aspiraciones políticas de los pueblos del Estado español y de la clase obrera.

  • Ninguno de los pueblos del Estado español puede realizar esa tarea de forma aislada. Para llevar a cabo la necesaria Ruptura con el Régimen del 78, una finalidad estrictamente democrática, es necesaria la acción conjunta y ello requiere construir la más amplia confluencia entre fuerzas políticas de la izquierda de todas las nacionalidades y pueblos del estado español. El objetivo central debe ser cambiar la actual correlación de fuerzas mediante la lucha y la movilización social.

Las palabras de l’Estaca, recuperadas como himno por el pueblo de Cataluña y los demás pueblos del Estado español, deberían marcar, además, una estrategia política.

(…) Siset, que no veus l'estaca on estem tots lligats?
Si no podem desfer-nos-en mai no podrem caminar!

(...)Ben cert sé que està podrida però és que, Siset, pesa tant,
que a cops la força m'oblida. Torna'm a dir el teu cant:

Si estirem tots, ella caurà i molt de temps no pot durar.
Segur que tomba, tomba, tomba, ben corcada deu ser ja.
Si jo l'estiro fort per aquí i tu l'estires fort per allà, 
segur que tomba, tomba, tomba, i ens podrem alliberar. 

* Ángeles Maestro es militante de Red Roja

19 de octubre de 2017