La Larga Marcha y Mao Tse Tung

Artículo publicado en la Revista de Red Roja, número de Enero de 2015.

 

 

La Larga Marcha fue un recorrido revolucionario de 12.500 kilómetros en 370 días a través del interior de China que siguieron las tropas del Ejército Rojo, las fuerzas armadas del Partido Comunista de China, entre los años 1934 y 1935, huyendo del ejército de nacionalista comandado por Chiang Kai-shek.

Mao ascendió gracias a su actividad dentro y fuera del Partido. Fuera, al principio contra el ejercito nacionalista de Chiang Kai-shek; después, contra este más los japoneses que habían invadido China en el marco de la II GM y, por último, tras vencer a los japoneses, de nuevo contra el “generalísimo” (así se hacía llamar Chiang) hasta derrotarlo definitivamente en 1949.

Fundado en 1921 por Chen Duxiu, el PCCh contó desde el inicio con el apoyo soviético. Apoyo que, como toda alianza, no estuvo exenta de contradicciones. Entre 1930 y 1934, Chiang Kai-shek, que se hizo de la conducción del Kuomitang después de la inesperada muerte de Sun Yat-sen en 1925, suprimió la colaboración con el PCCh y lanzó cuatro grandes campañas de cerco y aniquilamiento contra él. Este quedó en una situación de gran debilidad.

Los golpes sucesivos causados por las campañas militares de Chiang Kai-shek llevan a los asesores soviéticos a criticar a los dirigentes chinos del partido, forzando la salida de varios líderes. Simultáneamente, el joven Mao Zedong dirigía y consolidaba el movimiento rural comunista controlando una extensa zona montañosa en las provincias sureñas de Jiangxi y Fujian, donde establecieron la República Soviética de China.

Los dirigentes chinos prosoviéticos no comulgan con las ideas de Mao, juzgándolas contrarias a la ortodoxia revolucionaria, por lo que intentan apartarlo de puestos de responsabilidad en repetidas ocasiones. Pero los llamados veintiocho “bolcheviques”, jóvenes militantes formados en Moscú, no consiguen apartar a Mao de la dirección.

En aquel momento, el sóviet de Jiangxi tenía los días contados. Cercado por un millón de efectivos de tropas nacionalistas, el soviet controlado por los “bolcheviques” decide organizar la retirada en forma secreta. Finalmente el 16 de octubre de 1934 se inicia la Larga Marcha , integrada por 86.000 hombres. Este grupo es el Primer Ejército Rojo (otros dos grupos importantes del Ejército Rojo, el Segundo y el Cuarto, vagaban ya por el interior de China). Las comunicaciones entre estos grupos eran inexistentes y no había aún una idea clara de cuál iba a ser el destino final del viaje.

En la batalla del río Xiang, el Primer Ejército Rojo logra romper el cerco, aunque al costo de 56.000 bajas, viendo reducida la columna a solo 30.000 efectivos. Esto desata la lucha ideológica, política y militar en el interior del PCCh. La reunión en Tongdao, en la que Mao participó ya como estratega militar, marca su ascenso hacia el poder, que se consolida un mes después en la histórica reunión celebrada en Zunyi, en enero de 1935. El Partido, debilitado, marcha hacia el Norte; no obstante, las dificultades de abastecimiento, de rutas, de comunicación con la población local (ni los soldados entendían sus dialectos, ni la población entendía la ideología revolucionaria) hicieron que la Larga Marcha se moviese en círculos durante cuatro meses. Mao, hábil estratega, avanza hacia el Oeste y se adentra en la provincia de Yunnan, en busca del Cuarto Ejército Rojo.

Se plantea cómo cruzar el río Dadu, pero antes se libra una de las batallas más conocidas y acaso mitificadas de la Larga Marcha, un acto heroico en el que el Ejército Rojo venció a tropas mucho más preparadas y mejor equipadas del bando nacionalista. Así logró materializarse la unidad con el Cuarto Ejército comandado por Zhang Guotao.

La satisfacción por la unión de los dos ejércitos se vio, sin embargo, empañada por la rivalidad personal entre Mao Zedong y Zhang Guotao. Mao se había convertido en el hombre fuerte del partido, pero Zhang tenía de su lado la superioridad militar. Este había conseguido mantener un ejército fuerte y bien equipado de más de 100.000 hombres, mientras que el Primer Ejército Rojo de Mao se había visto diezmado por la dureza de la Larga Marcha. Las diferencias estratégicas afloraron. Mao deseaba proseguir el viaje hacia el Nordeste para establecer una base al Este del Río Amarillo; Zhang prefería el avance hacia el Oeste para alejarse más de las tropas nacionalistas y acercarse a la Unión Soviética. Sin una unificación real, el grupo conformado por los dos ejércitos comunistas llegaron a Mao'ergai, donde Mao y Zhang acordaron, sin una gran justificación táctica, continuar el avance hacia el Norte divididos en dos columnas. La división convertía a los hombres de Mao, apenas 8000, en una especie de grupo fugitivo frente al mayoritario de Zhang Guotao que parecía tener todas las opciones para liderar el Partido Comunista de China.

Las dos columnas mantenían contacto por telégrafo y las discrepancias se acentuaron. El 9 de septiembre de 1935 se produjo la ruptura del Partido. El grupo de Mao, en el que estaban los principales dirigentes del partido, abandonó a Xu Xiangqian y a sus hombres. Haciendo caso omiso a las órdenes de este y de Zhang, prosiguió rumbo norte en solitario, rompiendo la cooperación con el Cuarto Ejército. El Cuarto Ejército de Zhang Guotao salió peor parado y su tropa fue diezmada por los señores de la guerra musulmanes, aliados con Chiang Kai-shek para defender sus intereses comunes. Los supervivientes, aún bajo el mando del propio Zhang, acabarían siguiendo el camino de Mao hacia el Norte. Mao acabaría fijando su destino definitivo en el llamado sóviet de Shaanxi, la zona comunista que había surgido en el Norte bajo el mando de Liu Zhidan.

El éxito del reagrupamiento final en el Norte no fue gratis para el PCCh, pero salió indudablemente fortalecido ideológica y políticamente. Definitivamente, los cuadros y militantes que sobrevivieron a la dura prueba salieron homogeneizados alrededor de las líneas de fuerza trazadas por Mao que quedaron sintetizadas en: vamos de lo pequeño a lo grande, de lo simple a lo complejo y priorizamos la necesidad de un correcto manejo de las contradicciones en sus distintas variantes, fundamentalmente en el seno del pueblo. Esta era la manera de enfrentarse a un enemigo poderoso, experimentado, muy bien equipado política y militarmente y con aliados internacionales poderosos también, siendo nosotros en cambio organizativamente débiles, poco experimentados en el arte de la política y la guerra, mal equipados y teniendo aliados débiles y dispersos. En la actualidad, condicionados por una correlación de fuerza y por estas premisas, debemos comprender que nuestro proceso por la liberación y el socialismo será prolongado, con avances y retrocesos, con dolores sin cuento y alegrías infinitas en cada victoria que logremos sobre el enemigo de clase, forjada en la fragua de la determinación militante y la voluntad revolucionaria.

 

Cátulo Saravia