Encuentro de Juntos y juntas hacemos barrio

 

 

El 25 de mayo nos reunimos en el Centro cívico El Crucero convocados por Las Marchas de La Dignidad con vecinos y vecinas en una charla abierta sobre el movimiento vecinal entre 1970 y los primeros años ’90 en estos barrios de Pinilla y Crucero, extensivo a La Vega y Paraíso Cantinas, en el oeste de la ciudad de León. Desde el surgimiento de Las Marchas en León hemos visto la necesidad de llegar a la gente trabajadora de los barrios y explicar lo más cercanamente posible las razones que nos sacaron a la calle: la exigencia de pan, trabajo y techo, y para ello no pagar la deuda. Nos centramos en estos barrios obreros donde viven algunos compañeros de Las Marchas y donde ya en febrero desarrollamos una campaña informativa sobre las pensiones, con el ánimo de continuar la labor en la línea de contribuir a la construcción de un movimiento barrial que tuviera como referencia al que existió entre los años 70 y 90. Así es que invitamos a José Luis Gómez, trabajador de Renfe jubilado, y a Argimiro Turrado, maestro, también jubilado, ambos muy activos en relación con las asociaciones de vecinos de entonces, para que contaran sus experiencias en ellas.

 

José Luis nos dio una información general sobre el surgimiento del movimiento barrial en León. Hizo un recorrido desde la llegada de los nuevos vecinos del barrio desde distintos puntos de la provincia y de fuera, hasta la participación de algunos militantes de organizaciones sindicales en la puesta en marcha de la asociación de vecinos, considerando que el trabajo en los barrios obreros es una parte de la lucha de los trabajadores. Situó estos primeros pasos en el contexto de sensibilidad social y rechazo del franquismo en las clases populares, que se expresaba también en la actitud crítica de algunos ámbitos cristianos, parroquias, creación de teleclubs o del propio Club Cultural de Amigos de la Naturaleza (CCAN). Decía: “nacían de la lucha y para la lucha y construían centros de cultura obrera y popular”. Con esas mimbres, las AAVV se construían como organización plural con ese elemento común- la vecindad- y con la máxima participación, organizados en la asamblea que a su vez activaba comisiones concretas (cultura, urbanismo, etc…). “Era una escuela de participación democrática y funcionaba como un organismo popular paralelo al ayuntamiento”.

Sus luchas alcanzaron logros concretos como los pasos a nivel en los sitios donde los reclamaba la gente o la construcción del parque de la Granja, espacio que se rescató para el pueblo de los planes especulativos de vivienda privada previstos por el ayuntamiento.

Pronto las AAVV de los distintos barrios de León avanzaron a una Coordinadora de barrios que integró los de El Crucero, la Vega, Armunia, Trobajo del Cerecedo, San Mamés, Puente Castro, El Egido, que posteriormente llegaron a estar federados. José Luis reivindicó el carácter político de las AAVV en tanto que trataban de favorecer la convivencia ciudadana promoviendo el mejoramiento y la igualdad de condiciones entre su población.

 

Argimiro, se centró en el desarrollo y las luchas de la Asociación de vecinos de Paraíso Cantinas a mediados de los años ’80, entonces un barrio en plena expansión, con población joven. Explicó cómo el crecimiento del barrio se produjo por extensión tanto de León como de San Andrés de Rabanedo, con la calle Cardenal Cisneros como línea de encuentro o frontera. Se centraron en tratar de resolver problemas “gordos”: Las industrias SYVA (sueros y vacunas) y Los Pablos (alimentación animal), un foco de contaminación y de malos olores para el barrio, las inundaciones causadas por los chaparrones de agosto, la falta de semáforos de alumbrado público y de papeleras, etc. La lucha de las y los vecinos se constituyó en una Coordinadora Cívica entre los años 1988 y 89 y finalmente en Asociación de Vecinos que mantenía sus reuniones en los locales parroquiales. Se crearon cuatro comisiones: cultura, deporte, medioambiente y festejos, con un programa de actividades sociales dirigido a cohesionar y desarrollar una cultura popular entre la población (formación de adultos en el Aula de adultos en Cardenal Cisneros y en Las Dominicas). La comisión de medioambiente fue la “mosca cojonera” para el Ayuntamiento.

Los logros fueron: la sustitución de las viejas tuberías de desagües, la paralización de la construcción de un crematorio humano, la reubicación de las empresas contaminantes fuera de población, los semáforos en las calles Azorín y Párroco Pablo Díez, extensión del alumbrado público en zonas demandadas, papeleras y canchas de baloncesto.

El criterio de independencia de la Asociación era muy importante y se expresaba en que la presencia o participación en ella era a nivel personal, no en representación de organizaciones políticas o sindicales. Autonomía, autoorganización y centradas en problemas colectivos…

 

No eran batallitas del abuelo. Los dos intervinientes destilaban un regusto de experiencias de resolver problemas reales, que son sentidos por la gente y adquieren la capacidad de movilizar organizados a los afectados, que a su vez llegan a intuir el propio poder colectivo frente a instituciones como el Ayuntamiento. Reconocían que se vivieron experiencias de un poder popular paralelo al Ayuntamiento. Explicaban que al no existir el derecho de revocación de los cargos públicos en nuestra legislación, las asociaciones de vecinos se encargaban de pedir cuentas del cumplimiento de promesas electorales…

Finalmente dos compañeros de las Marchas también vecinos del barrio dieron pie a un diálogo con las personas presentes. Afloraron problemas como las insuficientes condiciones higiénicas de los servicios del Centro Cívico hasta la problemática situación de algunas señales de tráfico en la calle Doña Urraca o la asistencia de los servicios de pediatría y urgencias en Pinilla y una extensa reflexión sobre la falta de actividad reivindicativa de la Asociación de vecinos de Quevedo, quejándose de que nunca habían canalizado demandas en relación con las necesidades de las y los vecinos a los que para participar en ella, se les exige el pago de una cuota, como si de un club de socios se tratara. Se concluía que estábamos en una fase en la que después de ir languideciendo, las asociaciones de vecinos se habían quedado fuera de juego y se limitaban a dinamizar las fiestas del barrio para mayor gloria del ayuntamiento al que se debían.

 

Pero no estamos para resignarnos porque la crisis no ha terminado para muchísima gente y con la legislación de la UE (Tratado de la Zona Euro, de 2012, y de cumplimiento del Déficit) y la española (art. 135 priorizando el pago de la deuda y la Ley orgánica 2/2012 imponiendo a todas las administraciones públicas , incluida la Seguridad Social, los objetivos del pago de la Duda y de la reducción del Déficit), que dejan a la población de los barrios populares en mayor situación de precariedad, con pensiones más mermadas, con copago sanitario y sometidos a pesadas listas de espera para consultas, con una ley de dependencia que no cubre las necesidades reales y comedores escolares deficitarios, las AAVV reivindicativas están desaparecidas. Las que hay no se ocupan de exigir servicios públicos en el barrio, transportes y espacios públicos adaptados a las necesidades de sus gentes. Es esa quiebra general de las aspiraciones sociales y de las condiciones de vida de los barrios como consecuencia de la crisis y de la posición de las instituciones (reducción en los presupuestos de las partidas para la atención social) la que ha motivado la salida de las MM de la D en un proyecto de acercar y coordinar las luchas que tienen que librar las y los trabajadores tanto en sus lugares de trabajo como en los de residencia.

En ello estamos.

 

Pilar García Sánchez