[Valladolid] 1917-2017: A 100 años de la Revolución rusa

Se cumple este octubre de 2017 el centenario de la Revolución rusa (1917), sin duda, el acontecimiento más significativo del siglo XX para la gente común por el impacto que tuvo en las conciencias y las condiciones de vida de millones de trabajadores y trabajadoras en todo el mundo. Pues, como ha señalado un historiador recientemente, la revolución de octubre supuso “la materialización de una utopía alimentada secularmente en la memoria popular” de todas las generaciones que a lo largo de la historia lucharon por una sociedad de justicia social y sin explotación.

La revolución socialista de octubre inauguró la era de las revoluciones anticapitalistas, siendo la primera en la Historia que se propuso dinamitar las bases políticas, socioeconómicas y culturales del modelo civilizatorio capitalista imperante. Sus logros reales y concretos bastarían para justificar su importancia en todos los ámbitos de la vida de la gente sencilla, explotada, que hasta entonces había protagonizado las revoluciones populares anteriores sin conseguir imponer su poder y sus reivindicaciones sobre los grupos sociales dominantes -la aristocracia y la burguesía- que se auparon sobre sus sacrificios de lucha y rebeldía.

Así, de acuerdo con el espíritu de la “Declaración de los derechos del pueblo trabajador y explotado” promulgada en 1918, el derecho al trabajo, la prohibición del trabajo infantil, la jornada de 8 horas, las vacaciones pagadas, el derecho a la protección social o la integración de los trabajadores en la gestión de las empresas se hicieron efectivos para las clases populares. Asimismo, en lo que concierne a la educación, la revolución declaró un intenso combate al analfabetismo, abrió escuelas primarias, técnicas, universidades, bibliotecas, museos, escuelas de adultos, o  guarderías en fábricas; instituciones que acogieron a millones de personas. En cuanto a la sanidad, se adoptó un carácter universal y gratuito, se multiplicaron las unidades de salud, por todo el territorio con el fin de ensanchar la cobertura y aumento de los niveles de cuidados. La tasa de mortalidad se redujo drásticamente. En lo que respecta a las mujeres, éstas alcanzaron, antes que las de los países capitalistas más avanzados del mundo, el derecho al divorcio, al aborto, la eliminación de la potestad marital, el matrimonio civil sustituyó al religioso, el pleno acceso de las mujeres a los dominios culturales y económicos, y se planteó la eliminación del trabajo doméstico –mediante la creación de una economía doméstica comunal- para impulsar su protagonismo en la vida pública en todos los órdenes.

Pero su significado e impacto fueron mucho más allá de los logros concretos. La Rusia soviética despertó las simpatías en las filas del proletariado mundial de diversas tendencias y afiliaciones. Se convirtió en una experiencia inédita que, con la única excepción previa de la Comuna de París como guía, puso a prueba los distintos marxismos teóricos en la inaudita tarea de construir una sociedad sobre nuevas bases. De esta manera, la revolución soviética supuso una verdadera movilización de las clases populares y trajo consigo la posibilidad de pensar y crear nuevas formas de poder popular que no habían sido puestas en práctica hasta entonces.

Además, no hay que olvidar, que, una vez consolidado el poder soviético, la revolución se convirtió en la principal amenaza externa para los países capitalistas, imperialistas y colonialistas a lo largo del XX y también su principal peligro interno. Para hacer frente al peligro de la revolución, que aterrorizó a las clases dominantes, los Estados capitalistas recurrieron al fascismo o al reformismo social. Y, por tanto, sin ella no pueden entenderse  ni la derrota del nazi-fascismo ni el establecimiento de los llamados “Estados del bienestar” en Europa occidental de posguerra,  ni los procesos de descolonización en África y Asia.

ACTUALIDAD, INTERÉS Y VIGENCIA

Por todo ello, consideramos que la revolución de Octubre de 1917 es patrimonio de todas las personas sencillas, trabajadoras, explotadas y, por supuesto, de aquellas revolucionarias, antiimperialistas, anticapitalistas, comunistas que hoy seguimos resistiendo al capitalismo, que no nos resignamos y seguimos dispuestas a cambiar el mundo. Ahora más que nunca, cuando la promesa de la globalización capitalista neoliberal -el proyecto del capital enunciado con toda euforia a finales de los años 80-90 como el “fin de la historia”- muestra su agotamiento y deja al descubierto el balance desolador de una crisis sistémica (económica, social, ecológica…) de dimensiones desconocidas, apremia la necesidad de que la gente común conozcamos la historia de nuestras luchas y extraigamos lecciones de todas las experiencias revolucionarias que nos precedieron, incluido, por supuesto, la del Octubre rojo.

Cuando la Humanidad vive un momento de aguda crisis del sistema sin precedentes, en el que sigue sembrando el hambre, el desempleo, la pobreza, las guerras imperialistas, la destrucción de la naturaleza, la opresión patriarcal y sólo es capaz de reciclar con nuevos envoltorios el viejo capitalismo de sálvese quien pueda, los regímenes autoritarios o el fascismo, es entonces cuando una vez más se pone de manifiesto su decandencia. Es entonces cuando aparece con más claridad la impotencia de los planteamientos y métodos de las izquierdas reformistas, socialdemócratas, que subordinan todo al electoralismo, que desvían la lucha popular desde el conflicto social hacia los callejones sin salida del parlamentarismo, que se acogen a la legalidad burguesa, que renuncian a la movilización combativa, a la desobediencia, en definitiva, al cuestionamiento del poder mediante la construcción de poder popular. Dicho de otra forma, cobra especial urgencia colocar, una vez más, en el horizonte más inmediato de nuestra acción militante cotidiana, de acuerdo con las nuevas condiciones, cuestiones que ya la revolución rusa puso de relieve y que, en muchos casos, no pasan de moda, como son la organización y la militancia revolucionaria, la combinación de todas las formas de lucha, la construcción de poder popular, la destrucción del Estado burgués o la ruptura con el capitalismo. Entonces aparece, nuevamente, con claridad la necesidad de retomar el hilo rojo de Octubre.

ACTO PÚBLICO

Por todo ello, desde Red roja, os animamos a asistir a este acto público sobre la Revolución rusa el jueves 26 de octubre en el CSA Vientos del Pueblo. Este acto, lejos de plantearse como un ejercicio de nostalgia y mera conmemoración se propone, un ejercicio divulgativo, con rigor científico-crítico, de los acontecimientos que hicieron posible la Revolución, en el que realizaremos un breve recorrido histórico del proceso revolucionario, basado en algunas de las obras historiográficas más destacadas, así como material gráfico original, fragmentos de documentales y películas. Y, simultáneamente a ese relato histórico, nos detendremos en preguntas y reflexiones acerca de las condiciones en que tuvo lugar, los debates que existieron al interior del movimiento revolucionario con respecto hacia dónde debía caminar, etc. para que, desde la militancia revolucionaria y el campo popular, podamos hacer un balance de sus enseñanzas, a partir tanto de sus logros, conquistas, así como de sus errores y deficiencias, y extraer conclusiones útiles para los retos que el capitalismo nos plantea en la actualidad, que es tanto como reconocer los aspectos que guardan todavía vigencia al tiempo que damos cuenta de la existencia de problemas nuevos que los revolucionarios de aquel entonces no previeron.

Este planteamiento, por tanto, trata de evitar los relatos simplistas, mistificados o canónicos, que con una intencionalidad más propagandística que vocación de conocimiento, nos impiden desentrañar la complejidad y riqueza de experiencias que abrigó la revolución, al ocultar las dificultades, las contradicciones, regresiones y los porqués de la definitiva restauración capitalista. Y, por supuesto, este enfoque se propone refutar las visiones furibundamente contrarrevolucionarias, reaccionarias, que, desde los días de Octubre hasta la actualidad, no han parado de influir a través de la propaganda, la academia, el cine, hasta la historiografía revisionista, tratando de imponer una visión sesgada, con tintes apocalípticos, de la revolución, con el objetivo, más o menos velado, de intentar ocultar sus ideas y logros para alejar a las sucesivas generaciones militantes de su estudio, del marxismo, y, en definitiva, sepultar toda tentativa futura de emancipación anticapitalista.