Cuando Osama Bin Laden fue jefe de ventas de Iberia en Arabia Saudí

El autor intelectual de los atentados del 11-S trabajó a finales de los años 70 para la entonces empresa pública Iberia. Era el contexto de la crisis del petróleo,  de la consolidación de la monarquía y de la prosperidad de aventureros económicos.

Camiseta de Osama Bin Laden en una tienda de Nueva York. Foto de Gilbert Mercier.

Un joven Osama Bin Laden trabajó en Iberia en torno al año 1979. El episodio histórico lo recogió Mariano Guindal en su libro El declive de los dioses (Planeta, 2011), lo publicaron una decena de medios, y apenas ha tenido eco en las investigaciones periodísticas posteriores. ¿El motivo? La pregunta incómoda sobre qué intereses motivaron y quién promovió la apertura de una oficina de Iberia en Arabia Saudí en los albores de la democracia española.

Guindal, periodista económico durante 40 años, particularmente en La Vanguardia, cuenta en su resumen de la historia económico-político de la transición española cómo conoció la vinculación de Bin Laden con la aeronáutica española para la que trabajó como jefe de ventas. La historia de los primeros pasos del tráfico aéreo entre Madrid y Riad y por qué eso supuso la entrada de Bin Laden en una de las principales empresas públicas españolas comienza con la historia de la restauración monárquica en el contexto internacional de la crisis del petróleo.

Sin llamar la atención

El rey Juan Carlos quiso premiar a Manuel Prado y Colón de Carvajal por los servicios prestados a la Corona durante la primera fase de la transición —el período predemocrático que va desde 1975 hasta las primeras cortes constituyentes—. Pese a que los artífices de la segunda restauración borbónica renunciaron explícitamente a formar una corte, Prado había ejercido como el primero de los cortesanos, hasta el punto de que varios testimonios bibliográficos recogen la idea de que a menudo no se sabía si hablaba desde su interés personal o desde el interés de la Casa Real. 


Cuenta Guindal que el hombre de confianza del todavía rey de España —emérito— se desempeñó en la diplomacia interior, mediante contactos con el PSOE y con el PCE, y la exterior, mediante contactos confidenciales con el presidente francés o el arquitecto de la política exterior estadounidense, Henry Kissinger. El empresario —padre del actual presidente de Endesa y consejero de Mediaset, Borja Prado— se desempeñó especialmente en las relaciones con Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos.

En 1977, Manuel Prado fue uno de los 41 elegidos por el rey como senador de designación real, una efímera prerrogativa de la casa Borbón que sirvió para seguir aumentando el prestigio de Colón de Carvajal, descendiente del navegante Cristóbal Colón. Es precisamente en esa etapa entre 1976 y 1978 cuando Prado se hace con la presidencia de Iberia, desde donde quiso devolver a su principal valedor su alta estima, incluyendo la corona real en el logo de la compañía.

Documentos desclasificados por Estados Unidos en 2014, y recogidos por la web Voz Pópuli, han mostrado que el nombramiento de Prado buscaba algo más que reconocer servicios prestados. “El Rey me ha nombrado presidente de la compañía [Iberia] para que tenga un pretexto y pueda realizar los viajes que él me pide (...) “De esta manera, no llama la atención que aparezca por diversas capitales de vez en cuando”, explicó el diplomático a Kissinger. Entre los objetivos de esas tareas políticas estaba incrementar los contactos con Arabia Saudí.

“Un día se le ocurrió impulsar un vuelo directo Madrid-Riad por las buenas relaciones entre la familia real española y la de Arabia Saudita. Quería además garantizar el suministro de petróleo a España”, contó Guindal en una entrevista en 2014. Lo cierto es que en la operación de suministro de crudo también participaba el poder ejecutivo, a través de Alberto Aza, jefe de Gabinete de Suárez y posteriormente jefe de la Casa del Rey. Prado facilitó una operación entre los regímenes español y saudí de un monto aproximado de 8.600 millones de pesetas de la época para un periodo de un año, según ha calculado el periodista José María Zavala. 

El comercio de hidrocarburos, en un delicado estado generado en los años 70 por la crisis del petróleo, facilitó las cosas al precario Gobierno de Adolfo Suárez y derramó un caudal de comisiones de las que Prado y el rey se beneficiaron, según declaró años después el economista Roberto Centeno, exconsejero delegado de Campsa. “Hacienda pagaba por el petróleo lo que ponía en la factura, sin entrar en averiguación alguna y menos cometer la ordinariez de decir que se podía comprar más barato cuando el conseguidor era Prado”, explicó Centeno en una célebre entrevista en la que reseña también cómo el diplomático consideraba que “Arabia Saudí y los Emiratos son exclusivamente suyos y nadie más que él puede negociar ni un barril”.

En el contexto de una relación cordial entre dos casas reales, la Borbón y la Saud, que comienza con la llegada de Juan Carlos I a la jefatura de Estado, Iberia decidió, poco tiempo después de la salida de Prado, abrir una oficina en Riad. Según cuenta Mariano Guindal a través del testimonio de Juan Antonio Peláez Bohigas, trabajador de esa oficina comercial en Arabia Saudí, “se buscó a un miembro de una familia saudí destacada, como es costumbre en ese país… se eligió a un joven muy religioso y estricto con las leyes del Corán, de una familia muy rica, como director general de ventas, que pasó a ser empleado de ventas y cuyo nombre era Bin Laden”.

El autor intelectual de los atentados de Nueva York y Washington del 11 de septiembre de 2001 aterrizó en la aeronáutica española con apenas 20 años de edad. La única huella de su paso por Iberia también la recabó Guindal de boca de Peláez Bohigas, que lo califica como un joven religioso, preocupado porque la empresa pagase el ‘Zankat’, una especie de diezmo que las compañías sauditas pagan a modo de impuesto religioso.



Historia comercial e historia oficial

La historia de amistad y hermandad entre las dos monarquías no se interrumpió con el paso del tiempo. La gran industria española se vio beneficiada de la venta de material bélico y bienes de equipo a Arabia Saudí desde los comienzos de la democracia merced a la creación de Alkantara Iberian Export, participada por Focoex y el INI por parte española y por Triad Internacional, una sociedad saudí comandada por Adnan Khashoggi, el traficante de armas más famoso de la historia y para la que trabajó Borja Prado, hijo de Manuel Prado.


La relación permaneció en el tiempo, como se intuye por las confesiones de Corinna su Zayn-Wittgenstein respecto al papel del rey emérito en las negociaciones del AVE a La Meca. El recorrido diplomático empresarial de Prado senior, no obstante, llegó solo hasta mediados los años 90, cuando el sálvese quien pueda que fue la última legislatura socialista segó la hierba bajo los pies de (casi) todos los protagonistas de aquellos casos. Las investigaciones de Wardbase, Kio y posteriormente Grand Tibidabo dieron con sus huesos en la cárcel, si bien obtuvo rápidamente beneficios penitenciarios. Prado falleció en 2009.

En 1979, año en el que Guindal sitúa la presencia de Bin Laden como jefe de ventas de Iberia en Riad, el futuro líder de Al Qaeda establecía sus contactos con los muyahidines afganos. En la década que llega hasta 1989, los Gobiernos de Estados Unidos y Arabia Saudí financiaron con aproximadamente 40.000 millones de dólares la campaña contra la Unión Soviética en Afganistán. El resto ya es historia oficial.