Revista Pim Pam Pum nº 24

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SI AL 1-O

El movimiento por la emancipación nacional de Catalunya se enfrenta a una fase decisiva. El referéndum del 1 de Octubre plantea, más allá de su resultado, la ruptura expresa de un territorio del Estado español con el Régimen de la Monarquía borbónica heredada del franquismo porque el pueblo catalán reivindica su soberanía.

El "Estado de las Autonomías" surgido en 1978 concedía cierto gobierno administrativo y político a éstas bajo el forzado “café para todos”, una herramienta que impedía reconocer la diversidad nacional en el marco estatal español. La única “nación” reconocida en la Constitución es la española, que no es más que una asimilación imperialista de todos los territorios y culturas. Frente a los anhelos rupturistas de los años de la Transición, y a fin de avalar la aprobación de la Constitución, ésta se hizo acompañar de falsas promesas y esperanzas de desarrollo, tras 40 años de dictadura y represión.

Pero en los últimos años el margen de maniobra de este sistema autoritario y centralista se ha agotado llegando a perder gran parte de la confianza democrática que había llegado a cosechar entre la población. La posibilidad de actualizar el "Estado de las Autonomías" sin ir a la raíz del problema fracasó cuando el Estatut de 2006, aprobado en el Parlament de Catalunya y en las Cortes, fue severamente mutilado por el Tribunal Constitucional –completamente caducado y politizado- sin tener en cuenta que había sido refrendado por el pueblo catalán. Los artículos recortados fueron precisamente todos los referidos a la consideración de Catalunya como nación y a su especificidad política, cultural y lingüística para ejercer algunas competencias exclusivas.

El estallido de la crisis no ha hecho sino poner en estrecha relación las reivindicaciones democráticas y sociales desde los pueblos oprimidos que aún no han resuelto sus cuestiones, expresándose estas con una contundencia que amenaza con romper las costuras del sistema.

El derecho de autodeterminación de las naciones es un principio democrático básico negado para sí mismo por el Estado español. Cuando un pueblo lo reivindica mayoritariamente, la “legalidad” constitucional lo excluye. La soberanía de “la nación española” como base legal es un concepto que pretende borrar la diversidad y la historia, la ocupación de otros territorios y la imposición de normas y lengua por “derecho de conquista”.

El desarrollo económico y cultural diferenciado al resto del Estado facilitó la reivindicación nacional catalana sobre la base de una resistencia popular aunque nunca tuvo una expresión política capaz de resolver la contradicción. Los partidos de la burguesía catalana han intentado durante más de un siglo arrancar a la oligarquía reaccionaria concesiones democráticas en lo que se refiere al ejercicio político de la soberanía y han retrocedido después, haciendo causa común con ella, cuando el movimiento obrero y popular ha amenazado sus privilegios de clase.

En el presente, estamos viviendo un proceso similar, esta vez, en un contexto de crisis económica internacional que apenas deja margen de maniobra al Estado español, endeudado al máximo; un escenario en el que incluso se agudizan las contradicciones entre las diferentes burguesías (española y catalana) por gestionar la misma política de conducción de la crisis y su responsabilidad en este hecho.

Mientras, aparecen terceras vías por parte del PSOE que intentan salvar los muebles en el último momento llamando al federalismo y a la “reconciliación nacional”. Por otro lado la izquierda institucional, encabezada por los ayuntamientos del “cambio”, Podemos, En Comú, ICV mantienen posturas ambiguas, tachan de imprudentes a las fuerzas independentistas o llaman a participar en el referéndum votando NO, negando en lo más profundo de su ser los objetivos de libertad, autodeterminación y democracia que este referéndum plantea.

Mientras, los pilares del régimen del 78 comienzan a resquebrajarse a medida que se recortan y amoldan a los intereses dominantes: la Ley de Partidos, la ley “mordaza”, la reforma de la ley de Seguridad Nacional, el endurecimiento del Código Penal, la reforma del Tribunal Constitucional... son pasos que jalonan la degradación, el aumento de la represión, las medidas antisociales, las reformas laborales, el pensionazo como contrapunto al rescate de la banca y los negocios de la oligarquía a cargo de la deuda pública o incluso con la reforma del art. 135 de la Constitución para priorizar su pago son ejemplo de ello.

El acorralamiento al independentismo pone sobre la mesa el verdadero rostro antidemocrático de este sistema que golpea no sólo a Catalunya sino también a todo el Estado. Por ello, la derrota de la reivindicación nacional catalana supondría una involución autoritaria generalizada. Se trata de una crisis política terminal del régimen monárquico-constitucional donde nada va a seguir igual, pues la celebración del Referéndum del 1 de Octubre con una eventual victoria independentista acelerará la crisis estructural de un Régimen ilegítimo en origen, facilitando las reivindicaciones nacionales, democráticas y sociales en los demás territorios. Y, en definitiva, facilitando que se pongan en primer plano el camino hacia la Tercera República y hasta el propio cuestionamiento de la UE y los dictados de la Troika, a condición, esto último, de que las fuerzas populares se desmarquen de la burguesía y tomen peso en el movimiento nacional preservando su independencia de clase y estratégica.

El movimiento soberanista catalán, cuya base es popular pero es visto con recelo por una parte de la clase trabajadora al estar dirigido por los continuadores de los gobiernos que ejecutaron los recortes antisociales, necesita que su derecho a la autodeterminación tenga apoyo decidido y decisivo entre la clase obrera, es así que hace falta que las organizaciones obreras y populares, los movimientos sociales y locales se agrupen en torno a un programa de clase, levantando las reivindicaciones pendientes desde un proyecto independiente para un cambio radical de sistema que ponga las instituciones públicas y los recursos al servicio de la mayoría. Nuestro reto es contribuir a que se llenen de contenido social las reivindicaciones nacionales, acabar con la explotación laboral, la opresión de género y la solución a todas las penas y fatigas de toda la clase obrera. Al tiempo que la unidad de clase ha de garantizar que la lucha nacional no se quede a medio camino ni sea objeto de componendas burguesas, lo que hoy pasa por la  defensa del Referéndum, la unidad de clase lo ha de aprovechar en todo momento con la lucha nacional para que el resultado real vaya más allá con un programa de verdadera liberación social. Sin olvidar que, entretanto, habrá que seguir garantizando el máximo de unidad internacionalista y obrera, tanto en lo que respecta a la relación con la clase trabajadora de otras zonas del Estado, como en lo que atañe al trabajo político entre los trabajadores inmigrados a territorio catalán, lo que además contribuirá a no entregarlos en manos del españolismo.

De la firmeza y decisión de esa movilización popular masiva y de la solidaridad que logre convocar en el resto del Estado y a escala internacional dependerá el desenlace del 1-O. También será la movilización obrera y popular -y su organización independiente- la mejor garantía para evitar, como decimos, que la burguesía nacionalista acabe claudicando de sus tareas democráticas.

La conquista de la soberanía en Catalunya ha de ser una palanca para impulsar la lucha contra la UE y la OTAN, por el no pago de la deuda impuesta y la ruptura de los compromisos imperialistas, como la permanencia en el euro; una lucha que hemos de compartir con los pueblos del Sur de Europa y del Mediterráneo. El movimiento de base en defensa del Referéndum habrá de continuar después del Referéndum para levantar el debate constituyente desde la auto-organización de base, abordando los cambios profundos que no se pueden realizar desde el formalismo parlamentario y la “seguridad jurídica” del capital: la expropiación de la banca y las grandes empresas para poner los recursos al servicio de la mayoría en una República inclusiva y soberana que garantice la libertad, la igualdad y los derechos sociales.

¡Por el derecho a la autodeterminación de Catalunya, llamamos a participar en el Referéndum y a defenderlo con la solidaridad y la movilización obrera y popular en todo el Estado!

¡Para acabar con el Régimen del 78 llamamos a votar SI! La independencia de Catalunya es progresiva para alcanzar la ruptura democrática y apoyar ese derecho es un deber internacionalista. ¡Por la República Catalana en el camino a la libertad y el socialismo! ¡Unión de pueblos libres e iguales!