Revista Pim Pam Pum nº 15

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Este es el editorial del número:

Los cambios decisivos en la correlación de fuerzas, no serán electorales

Las apariencias engañan, dice la sabiduría popular. Y lo hacen mucho más cuando, desde el poder, se construyen precisamente para que la gente no comprenda lo que está sucediendo.

El debate de los tertulianos acerca de las diferentes posibilidades de gobierno, oculta que el factor más destacado que resulta tras estas elecciones, al igual que ocurrió con las del 20D, es la debilidad de las clases dominantes y la gran inestabilidad política. En otras palabras, los dueños de todo, los que mandan, no tendrán mayorías estables y tendrán más difícil cumplir su programa que pasa por asestar nuevos golpes a las clase obrera y sectores populares.

Si consiguen formar gobierno, será el ejecutivo más débil de las últimas décadas. Es decir, el que encontrará mayor resistencia popular para llevar a cabo las medidas de ajuste que impondrá la Troika y que – como ha ocurrido en Grecia – dejarán pálidas a las anteriores.

El resultado de la indignación y de la movilización social ha sido demoledor. Se resquebraja la monarquía, las instituciones políticas, las judiciales, las burocracias sindicales, ..en definitiva los pilares de la Transición.

Mucha gente creyó que votando se resolverían sus problemas. Hoy vemos que no. Y es muy importante que quienes lo creyeron no se desmoralicen, no abandonen la pelea. Ese es nuestro trabajo principal. Hay que ser pacientes. Cada persona es producto de un recorrido vital y, lo que importa, es que no se pierda para la lucha, que no abandone las trincheras de sus compañerxs de clase.

Su problema es que hemos aprendido mucho

El problema para los dueños de todo es que hemos aprendido mucho, a golpes, pero hemos aprendido. Mirando cara a cara a la precariedad, al paro, a los desahucios, al desmantelamiento de la educación y la sanidad, hemos comprendido lo fundamental: que son capaces de todo con tal de garantizar sus beneficios. Y “todo”, es la corrupción, el robo y el crimen, a costa de nuestra vida.

También la UE está mucho más débil que nunca y menos legitimada tras el referéndum de Gran Bretaña. El Brexit- que también ha negado todas las encuestas – surge con fuerza y con rabia desde las zonas obreras más golpeadas. Es una patada en la boca a los políticos de la City que tiene como la miseria - que decía Quevedo – cara de hereje. Y si han sido partidos racistas y xenófobos los que se apuntan el éxito es por la subordinación de la izquierda integrada en el sistema a las políticas del capital, temerosa de que le acusen de cuestionar a la UE.

Y, sobre todo, por la ausencia, todavía, de alternativas de clase revolucionarias que cumplan con la tarea histórica de destruir el orden impuesto por la Troika, que cada vez más sectores de la clase obrera perciben como responsable de su desesperación.

Y esa debilidad de las oligarquías europeas, es la que al desestabilizarles – como ha ocurrido en todas las grandes crisis de la historia - abre más posibilidades a los procesos revolucionarios. Siempre que la ira popular tenga un referente político capaz de construir el camino de la toma del poder.

Para eso precisamente es para lo que se ha mostrado incapaz Unidos Podemos.

No ha aprendido la lección de Syriza que mostraba dramáticamente que el tiempo de los reformismos se agota. Del millón largo de personas que dejó de votarles, unos entendieron que se parecía tanto al PSOE (como tantas veces le pasó a IU) que prefirieron votar al original y, otra vio ahora lo que no había percibido antes.

Podemos ha ido perdiendo credibilidad y apoyos a medida que pasaba el tiempo y mostraba que para su cúpula dirigente toda posición política era prescindible ante el objetivo de ganar votos. Han traspasado muchos límites, atentando a la dignidad y a la inteligencia de mucha gente que en un principio les creyó. Pongo sólo dos ejemplos.

Excluir de su programa el cuestionamiento de la UE y el pago de la Deuda, cuando el fiasco de Syriza está tan próximo, arguyendo como hicieron Varoufakis y Errejón que (da hasta vergüenza decirlo) “aquí no pasaría lo mismo porque España es demasiado grande”, es llamar estúpida a la gente. Y la gente ha aprendido mucho en los últimos años, sobre todo construyendo unas Marchas de la Dignidad que colocaban como lema central no pagar la Deuda y echar a la Troika.

El otro ha sido la omisión de la República en su programa y , sobre todo, haber tenido la poca vergüenza de prohibir las banderas republicanas en sus mítines. Eso no se veía desde Carrillo. Quizás a eso se referían con la “2ª Transición”.

Acompañar la decepción de tanta gente que creyó que votando se podía.

Es preciso volver a explicar que, en el plano electoral, quien represente los intereses de la clase obrera siempre jugará en terreno enemigo. Y que por lo tanto los resultados son siempre ilegítimos.

Por eso, a diferencia de Unidos Podemos, aun cuando la izquierda coherente opte - cuando lo considere útil - por presentarse a las elecciones, será siempre como una herramienta secundaria de la lucha; sabiendo que los cambios decisivos en la correlación de fuerzas no serán electorales.

El abandono de cualquier posición rupturista por parte de Unidos Podemos deja un gran espacio político vacío que es imprescindible construir desde posiciones de clase firmes y sobre pilares, no ideológicos, sino políticos. Y la columna vertebral será, inevitablemente, no pagar la Deuda y salir de la UE y del Euro. El objetivo fundamental no será electoral, sino la construcción desde abajo de organizaciones de poder popular forjadas al calor de la lucha obrera y popular.

Para eso hay que prepararse; porque van a venir golpes muy serios y la respuesta popular debe ser superior en organización y en objetivos políticos a la del periodo anterior.

Este otoño va a ser duro. El FMI, la UE y el BCE no ocultan su impaciencia por aplicar los recortes exigidos y que se calculan en más de 20.000 millones de euros. Para valorar su envergadura baste decir que es casi la mitad del gasto público anual en sanidad y que tendrá que aplicarse en menos de seis meses.

Y no serán sólo recortes en el gasto público, sino nuevas reformas laborales, más privatizaciones, reducciones en las pensiones.. Por desgracia, el sufrimiento del pueblo griego muestra el camino que seguiremos si no lo remediamos.

No es descartable que, si consiguen formar gobierno, tomen las medidas más agresivas aprovechando el verano, como hizo el ahora “progresista” Zapatero con la reforma del articulo 135 de la Constitución. Por ello hay que acelerar el reforzamiento organizativo de todas las estructuras organizativas obreras y populares, como las Marchas de la Dignidad u otras, y abrir los debates en torno a la construcción del referente político.

Los cambios decisivos en la correlación de fuerzas, no serán electorales. Los parirá la lucha de clases, y para que se consoliden, es imprescindible construir la organización obrera y popular basada en la independencia de clase. Independencia de clase es la conciencia de quién es el enemigo, saber que no nos ofrece otro futuro que la barbarie y que, organizando el poder del pueblo, el porvenir es nuestro.