Revista Pim Pam Pum Número 13

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Editorial:

Tiempos revueltos y tareas pendientes

Desde la Transición, hace ya casi cuatro décadas, se habían venido alternando en el gobierno las dos fuerzas políticas, PSOE y PP, que – con matices – expresaban la continuidad de la Dictadura empezando por su apoyo inquebrantable a su heredera, la Monarquía.

Tras los sucesivos cambios de caras en los diferentes departamentos ministeriales se aplicaban disciplinadamente las políticas que aseguraban los intereses de las oligarquías de aquí y de fuera. Todo ello sin que la permanencia de figuras del franquismo en las altas estructuras del Estado (y en las cloacas como el GAL) fuera alterada por depuración alguna e intensificando la subordinación – a cualquier precio – a las políticas de la UE y la OTAN. Las contradicciones interimperialistas – cada vez más agudas – no modificaban la actitud lacayuna de los diferentes gobiernos.

Así mismo, y a pesar de la progresiva dureza anti-obrera ejecutada a través de sucesivas contrarreformas laborales la “paz social” apenas estuvo alterada, hasta 2011, por huelgas generales que jamás desbordaron los límites del guión marcado por el poder. Aunque cada vez era más fuerte la represión dentro y fuera de la empresa.

Las elecciones del 20 D refuerzan el cuadro que empezó a perfilarse en las elecciones europeas de 2014 cuando se produjo un primer vuelco electoral con la espectacular bajada del PP y el PSOE. La subida fulgurante de Podemos y la menor de IU (aunque en este caso era más bien el canto del cisne) se produjo tras movilizaciones populares muy importantes iniciadas en 2011 con el 15M y continuadas con el salto cualitativo que supusieron las Marchas de la Dignidad, tanto desde el punto de vista organizativo (logrando una inédita unidad a lo largo del Estado y fuera de estructuras institucionales políticas y sindicales ), como programático con el inquietante – para el poder – emblema de No al Pago de la Deuda.

La inestabilidad política que arrojan los resultados electorales, marcados por la caída en picado del voto del PP, el PSOE, IU, BILDU, BNG y el ascenso de Podemos y Ciudadanos, no se explica fundamentalmente, ni por el “agotamiento”, ni siquiera principalmente por la corrupción. Es, por encima de todo, el resultado de las brutales políticas de destrucción de derechos laborales y de servicios públicos aplicadas por unos gobiernos mandatados por la Troika, en el marco de una crisis general del capitalismo de la que ya se barrunta la siguiente gran sacudida. Como decía Jean Claude Junker, actual presidente de la Comisión Europea: “sabemos perfectamente lo que tenemos que hacer. Lo que no sabemos es cómo hacerlo y que nos sigan votando”.

Sin embargo, aunque el esperpento ejecutado por Syriza el pasado verano dejó bien claro que no había filigrana política alguna que permitiera suavizar las criminales exigencias de la Troika, ninguna de las fuerzas políticas que aparecen en las pasarelas de las diferentes coaliciones de gobierno plantean estrategia alguna para enfrentar sus diktats.

Saben perfectamente que ninguna de sus promesas electorales de revertir los recortes, ni siquiera el menor plan de emergencia social – como hemos visto hace poco en Grecia – son posibles si se acepta el marco legal de la Eurozona (TSCG 2012) y que ha sido traspuesto a las leyes españolas (L.O. 2/2012).

Los oligarcas europeos no dejan el menor resquicio de duda acerca de que lo que deberá hacer el próximo gobierno. Sea cual sea el color que se pinte, deberá dejar como un “socialdemócrata” al mismísimo Rajoy. La “flexibilidad” en el cumplimiento de los objetivos del déficit – con el correspondiente recorte del gasto público este mismo año de 9.000 millones de euros – y que forma parte de todos los programas de gobierno ha recibido ya un sonoro portazo antes de plantearse formalmente: "España tiene que cumplir con sus obligaciones y para ello el nuevo Gobierno tendrá que actualizar el presupuesto y aplicar nuevas medidas de ajuste".

El enfrentamiento con las instituciones de la UE es el único camino posible que se abre ante la reivindicación de cualquier reforma, por mínima que sea. Y sea cual sea el resultado de las negociaciones será preciso ir caminando hacia la construcción unitaria y desde abajo del imprescindible referente político capaz de anteponer las necesidades del pueblo trabajador a la voracidad criminal de la Troika. Exactamente al contrario de la rendición esperpéntica que protagonizó Syriza en Grecia hace menos de un año y que no fue cuestionada por ninguno de los flamantes candidatos a presidentes (o vicepresidentes) del gobierno.

El párrafo final del editorial del número de enero de 2016 de la revista de Red Roja lo define con claridad: ”Dados los escenarios que se avecinan, toca advertir por “antiguo” que suene, de que la lucha de clases no preguntará si la reconocemos para hacer acto de aparición con toda su crudeza. Y lo hará con tanta más impunidad reaccionaria en la medida en la que la inestabilidad política para los de arriba se acompañe de la persistencia de ilusiones imposibles entre los de abajo. Nos toca superar nuestras “divisiones”. De las que nos sobran y de las que nos faltan”(1)

 

(1) http://redroja.net/index.php/noticias-red-roja/noticias-cercanas/3852-inestabilidad-e-ilusiones-de-divisiones-va-la-cosa