Debates para construir poder obrero y popular y avanzar en la unidad revolucionaria de clase.

La crisis estructural del capitalismo avanza en la destrucción de las políticas que lo han sostenido hasta ahora en los ámbitos institucionales, políticos, sindicales y sociales, con ella arrastra a amplios sectores de la izquierda social y sindical del sistema, pero también agudiza las contradicciones en los movimientos políticos, sindicales y sociales alternativos de clase. Por otra parte la agudización de la crisis mantiene la movilización social, pero no implica de momento un mayor desarrollo organizativo de estos sectores, se constata que la movilización social continúa desde la espontaneidad y que los sujetos que debían ponerse al frente, como los que conforman la Coordinadora de Sindicatos Alternativos de Clase o la izquierda política comunista y revolucionaria, seguimos en general perdidos entre tropezones políticos y recelos, cuando no sectarismos.

Con este debate que hacemos desde la Plataforma Comunista/Red Roja, pretendemos situar ante el actual panorama de ofensiva del capitalismo imperialista (que afecta profundamente las condiciones de vida y trabajo de nuestra clase y pueblo) las contradicciones y problemas que nos impiden situarnos en lo inmediato al frente de la movilización con estrategias de unidad política, obrera y popular.

La tremenda crisis de superproducción a escala mundial, avanza en la destrucción de todo lo que se ha mantenido relativamente estable desde el triunfo de la reforma democrática en el estado español y en Europa desde el triunfo de la revolución soviética, a la que sumamos los procesos revolucionarios y de liberación abiertos con la finalización de la segunda guerra mundial. Pero los sistemas de libre mercado aplicado al mercado laboral y social una vez desaparecida la URSS, ha dejado a las clases trabajadoras, especialmente a los/as jóvenes y mujeres al borde del precipicio, entre la opción de la miseria o la esclavitud. El despido libre, sin ningún tipo de cobertura social a corto o medio plazo, nos ha llevado desde las hipotecas basura y desahucios en alquileres a la imposibilidad del pago de la comunidad de propietarios, de la luz, del gas, en muchos casos todo a la vez.

Los millones de parados implican una tremenda desestructuración y desesperación social, tanto por la falta de trabajo y perspectivas de futuro, como por la inestabilidad e inseguridad que se instala en nosotros en un mundo tremendamente competitivo en lo laboral y social, con lo que conlleva para la persona y su familia la imposibilidad, ya en muchos casos, de la asistencia médica, enseñanza o la dependencia de la vejez en los servicios públicos, que en un futuro muy cercano previsiblemente todo privatizado, arrastra a la parte más débil, la mujer, a la vuelta del cuidado de la familia, del hogar y al trabajo negro e ilegal mal remunerado.

La responsabilidad es del sistema dominado por la oligarquía financiera y de quienes lo sustentan en el marco parlamentario como mercenarios de la política, en estos momentos todos menos AMAIUR, que con coherencia defiende a las clases populares. El capitalismo representa la forma de vivir y actuar de quienes lo controlan (similar al patriarcalismo de los orangutanes, el más reaccionario que conocemos entre los homínidos vivos) las grandes fortunas de las transnacionales que conforman una oligarquía financiera, sus sociedades tienen nombres y sus presidentes y consejos también. Los principales bancos y multinacionales españolas, todos y todas les conocemos dominan la vida social, económica y política: ellos son el enemigo principal, los que han ordenado acabar con su corrupto estado de bienestar, con una estrategia clara y concreta de llevar todo lo susceptible de beneficio al libre mercado como la sanidad, la enseñanza, la dependencia, la justicia, la ayuda social; los que han ordenado acabar con el estado de derecho en todo aquello que afecta a la clase obrera y pueblo, tanto como trabajadora como consumidora, todo se tiene que pagar y para pagarlo tienes que vivir en el filo de la miseria y la esclavitud.

Queremos decir con esto, que quien nos domina y explota tiene nombre, es la oligarquía financiera, la banca y multinacionales españolas, desde sus orígenes vascos, catalanes, gallegos o castellanos, son internacionales y su estrategia de dominación de las clases trabajadoras y pueblos de España supera las fronteras nacionales, sus aliados son el imperialismo europeo y estadounidense principalmente, quienes nos llevan a la miseria, esclavitud y a la confrontación y guerra contra otros pueblos.

Contra este tremendo enemigo, que concentra su fuerza y poder en muy pocas manos y mentes, solo cabe contraponer la unidad del conjunto de las clases trabajadoras y pueblos, la clave de nuestra estrategia es unir a la inmensa mayoría. Nuestra fuerza es la unidad de esta inmensa mayoría en un objetivo común, la igualdad de todos/as en el único sistema inventado por la humanidad para ello: el socialismo.

Nada nuevo se dice sobre el poder que nos domina ni sobre la única salida política que la experiencia y la historia nos ha demostrado, sin embargo en el ámbito de la izquierda plural revolucionaria, comunista, anarquista, independentista; tanto en sus políticas de alianzas, como en sus estrategias en los movimientos sociales, populares o sindicales, pocas son las que estando enmarcadas en el trabajo de masas, lleven este signo de la unidad como clave del triunfo, se dedican muchos esfuerzos en ser la facción dominante, criticar el trabajo de los demás creando capillas que se unen entorno amiguismo, sin estrategias políticas o abrazando una para ser diferente a los demás, comportamientos que dan una explicación a la atomización y escasa presencia política de masas de la izquierda revolucionaria alternativa.

De todos los movimientos sociales, el troncal que debe abarcar todos los discursos de forma transversal, uniendo lo viejo con lo nuevo es el movimiento obrero, donde nacen y se ejecutan las claves de la lucha de clases, la desigualdad y la explotación, el sindicalismo y el sindicato. Pero si miramos a nuestro alrededor veremos también un espectáculo de tremenda diversidad, en principio esto no es malo, es el estado natural de las cosas, el problema está en que cada facción antepone su verdad a la experiencia de la lucha histórica del movimiento obrero: el enemigo común nos une y la unidad como clase y como pueblo es nuestra fuerza. Si abarcamos con la mirada al conjunto de las organizaciones sindicales alternativas de clase, no solo veremos algunas prácticas de sindicalismo fácil en ellas, sino también liderazgos enquistados en formalidades democráticas, que no solo nos asemejan al sindicalismo del sistema, sino que por la presión de la crisis, nos alejan cada día más y más de la unidad de la clase y del pueblo, prácticas que ni independizan ni liberan a las clases trabajadoras.

Cualquier estrategia sindical o social que no proyecte como objetivo fundamental en el centro de trabajo, sector o barrio, la capacidad de decisión y representación directa mediante procesos asamblearios y democráticos, potenciamos la delegación de responsabilidades en otros, no es difícil ver en el ámbito del sindicalismo alternativo, practicas donde el liberado sindical es el único instrumento de trabajo del sindicato, junto con su teléfono, fax, ordenador y despacho, todo absolutamente cedido por la empresa, incluida la bolsa de horas sindicales y si es en el barrio por el ayuntamiento. El problema no es el liberado sindical, que seguro que es buena persona, el problema es que la estrategia sindical que abraza que es corrupta en sus principios, pues está sustentada en la suplantación de las decisiones del conjunto de las clases trabajadoras, haciendo nuestras las concepciones del sindicalismo burocratizado y corrupto del sistema, que busca desde la comodidad de los demás, la delegación en sus servicios. El sindicalismo alternativo de clase debe marcar una diferencia aquí de principio: el sindicalismo en los centros de trabajo y sectores se dirige desde el puesto de trabajo, trabajando como los demás, buscando la participación de los demás, su concienciación y su organización, lo mismo en cualquier ámbito social.

Otra de las prácticas negativas en el ámbito del sindicalismo de clase alternativo o social, es ocultar de la crítica al enemigo principal que combatimos, normalmente el odio hacia los burócratas sindicales en los centros de trabajo, sectores o del barrio, se superponen a los enemigos principales de clase, se hace o no se deja de hacer tal cosa, en relación a las decisiones que tomen los liberados sindicales de CC.OO y UGT y si es en la función pública también con los corporativos. Aquí también debemos marcar diferencias y ninguna crítica justa al mensajero, debe tapar las responsabilidades principales de los que están cometiendo el mayor genocidio contra nuestra clase y nuestro pueblo desde la finalización de la dictadura fascista de Franco: los empresarios, y dentro de ellos su facción dominante, la oligarquía financiera y sus políticos mercenarios en el parlamento con el gobierno a la cabeza. Aquí el problema no son los burócratas sindicales, es la nula concienciación política de nuestra clase y de nuestro pueblo, la burocracia corrupta solo desaparecerá si lo concienciamos, politizamos y organizamos para la revolución.

También avanza un fenómeno nuevo por Europa que fructifica en nuestra clase, que nace de la despolitización existente en nuestros pueblos por los años que llevamos de delegación de nuestras responsabilidades políticas, en el trabajo, en el barrio o pueblo, en las elecciones de cualquier tipo, siempre hemos delegado para que otros hagan por nosotros, por los pequeños avances y aceptables condiciones de vida llevadas hasta estos momentos. A esto se le ha llamado estado de bienestar y democracia, por la comodidad de la delegación para el pueblo, pero la crisis capitalista ha puesto a cada uno en su sitio, ahora muchos vemos que el capital a corrompido las cúpulas políticas, institucionales, sindicales y sociales que trabajan para quienes dependen y pagan: la patronal y los gobiernos del sistema son su representantes políticos.

Esta despolitización también abarca a sectores de la izquierda sindical y social militante, que implica una desorientación por la pérdida de transmisión de memoria histórica, sectores mayoritariamente ajenos a la experiencia de la lucha de la clase obrera y el pueblo contra la dictadura fascista, pero si acomodados en el pensamiento y comportamiento por el avance del estado de bienestar durante estos últimos treinta años, claves en su formación política y clave ahora en su reacción contra los mensajeros o representantes políticos del poder dominante de clase, sindicalistas y políticos, a los que culpan de la degeneración de la democracia, de la pérdida de nuestros derechos y de falta de perspectivas en el futuro. El resultado es el crecimiento del populismo, criticando lo que vemos en lo inmediato, al diputado, al sindicalista burócrata, al parlamento o la escasa democracia que tenemos, que son el árbol, no nos deja ver el bosque, que es el sistema capitalista y quienes ostentan dentro de él el poder, los principales responsables. También radicalismo optando por medidas o salidas que en vez de organizar, concienciar y politizar al pueblo lo suplantan, aislándonos más de ellos, en definitiva un infantilismo sectario que nos desvía de las principales guías de una estrategia de la conquista del poder por la clase obrera y el pueblo, que son en concreto: conocer quién es nuestro enemigo principal al que combatimos y que la unidad de la clase obrera y el pueblos es nuestra principal fuerza de poder.

Actualmente tres sectores políticos e ideológicos diferenciados de la población se movilizan contra la crisis del sistema capitalista, el primero de ellos con una hegemonía política y social desde la transición política, con representación parlamentaria y sindicatos completamente institucionalizados y dependiente del poder, implicados hasta la médula en todas las medidas contra la clase obrera y el pueblo que se han adoptado por los gobiernos del PSOE como el PP en el estado, comunidades o ayuntamientos. En sus convocatorias realizadas desde la “cumbre social” arrastran a centenares de miles de trabajadores y ciudadanos, su punto débil es que solo buscan mediante la movilización la negociación del mantenimiento del estado de bienestar, centrándolo principalmente en la sanidad y la enseñanza pública, más como consigna para mantener opciones de poder, que en la posibilidad de la vuelta del corrupto sistema del estado de bienestar, liquidado también por ellos con el acatamiento al poder dominante. Aquí participamos, aunque no todos, sectores militantes de partidos de la izquierda revolucionaria y social, conformando bloques, criticando su parte débil y demostrando nuestro espíritu unitario al pueblo; luchando por la hegemonía.

El segundo lo conforman sectores muy radicalizados, desde el sindicalismo alternativo, movimientos sociales de nuevo carácter, antifascistas, independentistas, con participación de sectores ideológico y político ligados al comunismo, anarquismo y al izquierdismo radical. En general fragmentados, atomizados y competitivos entre ellos, aunque con la crisis ha aumentado la participación de manifestantes, su avance orgánico ha sido nulo, no quieren saber nada de los grandes sindicatos ni movimientos sociales burocratizados, ni en general participan de sus movilizaciones, la exclusión, el sectarismo y marcar la diferencia es el aspecto dominante, comportándose más como tribus, que como un movimiento político y social que busca la destrucción del capitalismo y la toma del poder para la clase. En general la mayoría participamos en estas movilizaciones, pero sus actos radicalizados y sectarios, ahuyentan más que arriman a la participación, la parte positiva es la tremenda honradez de este movimiento, su parte débil, que si no maduran acabará siendo pasto de la frustración y de lo que ahora certeramente critican, por ello debemos explicar concienzudamente, que no somos diferentes, simplemente que apostamos por una estrategia de clase inteligente, la que nos ha enseñado la historia de la lucha de clases del movimiento obrero.

Por último tenemos a las movilizaciones espontaneas, pero muy persistentes ya en el tiempo, que surgieron de la movilización contra los recortes de derechos y salarios a los empleados/as públicos o la corrupción de la democracia, como son las mareas verde, blanca, de los viernes negros o rodea el congreso provenientes del 15M, en general son movilizaciones amplias, con criterios claros de culpabilidad de los gobiernos del PSOE y PP, pero su componente de politización y conciencia de clase es muy bajo, los sectores políticos y sociales más institucionalizados dentro de la “cumbre social” son temerosos ante él, porque en sus consignas se ven reflejados, los sectores más radicales de la izquierda simpatizan de las mareas blancas y verdes, pero tropiezan con la negra donde participan sectores sindicales de las distintas policías, guardia civil o ejercito y esto los excluye en general de las movilizaciones más mayoritarias que son las unitarias de mareas, también se excluyen de participar en las relacionadas con el 15M por su espontaneidad y a veces poca claridad política. Pero la movilización continúa, la crisis y los recortes continúan y ante ella, nuestra intervención tiene que situar claramente la experiencia de la lucha de la clase obrera y los pueblos, de la unidad como fuerza contra el enemigo principal, politizando y estando siempre un paso por delante del movimiento que protesta y lucha.

Con esto no se acotan todas las luchas, pero son tres manifestaciones de la movilización actual, siendo posiblemente las más importantes, donde no intervenimos en unidad las distintas culturas revolucionarias que participamos organizados políticamente en el movimiento que lucha, ni surgen entorno a la movilización propuestas políticas generales de unidad revolucionaria, quizás por ello cobran especial fuerza experiencias unitarias como la recientemente creada UNIDAD POPULAR DE CLASE en Madrid. Coordinación y unidad política revolucionaria, son actualmente las claves que el pueblo y las clases trabajadoras necesitan para mejorar su organización, elevar su nivel político y avanzar en la movilización contra la Europa del capital, el imperialismo y las guerras, creando poder popular.

Alonso gallardo militante de la Plataforma Comunista/Red Roja y de la Corriente Sindical de Izquierda