Nuestros mártires en la Transición: Vitoria, 3 de marzo de 1976

“Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes y mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia parece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas.”

Rodolfo Walsh

 

El 3 de marzo, en Vitoria, son acribillados por la policía los trabajadores que participan en una asamblea que tiene lugar dentro de la iglesia de San Francisco de Asís. A consecuencia de los disparos mueren cinco obreros: Francisco Aznar Clem ente, Pedro María Martínez Ocio, Romualdo Barroso Chaparro, Jos é Castillo García y Bienvenido Perea.

A 50 años de su asesinato: El pensamiento revolucionario de Malcolm X

Malcolm X es uno de esos pensadores que desgraciadamente la izquierda latinoamericana no ha analizado de forma suficiente. Probablemente, porque parte de su pensamiento (en sus primeros años) estuvo cargada de una fuerte impronta religiosa y porque en dichos años nunca comprendió la opresión racial como algo que iba más allá de la maldad de una raza opresora por sobre la otra.

Años que siguiendo las enseñanzas de la Nación del Islam (grupo religioso que tomando vagamente las doctrinas de la creencia musulmana, planteaba la superioridad negra y consideraba al hombre blanco como un “demonio”), nunca tuvo los márgenes de acción como para elaborar un pensamiento propio y capaz, por lo mismo, de entender las verdaderas determinaciones que sostenían el sistema racista estadounidense, siguiendo disciplinadamente la idea del suprematismo negro sostenida por su entonces líder Elijah Muhammad. Sin embargo, en dicho periodo cerrado y plegado en lo religioso, ya se encontraba el germen de un nuevo pensamiento, liberador y más profundo que por desgracia solo logró desarrollar el último año de su vida.

Fue en 1964, el momento en el cual Malcolm X, luego de quebrar con la Nación del Islam, tiene un despertar de ideas que tuvieron fuertes repercusiones en el movimiento de liberación negro en Estados Unidos. Si bien fue siempre un partidario de la autodefensa como forma de lucha, fue en dicho año que logró tener la claridad de un horizonte estratégico y de entender las verdaderas causalidades de la sociedad racista en la que vivía. Fue su viaje a La Meca el cual le permitió entender las taras que la Nación del Islam le imponía incluso dentro de su religión, pero fueron, principalmente, sus viajes a República Árabe Unida, Egipto, Nigeria, Argelia, entre otros países africanos, los que le permitieron tener una nueva perspectiva, internacionalista y revolucionaria. Comprendió, entonces, que el problema racial en Estados Unidos no era ni un hecho aislado ni independiente, y más aún, entendió que el racismo no era ni la única ni la principal forma de opresión. En otras palabras, entendió desde la totalidad el problema que antes entendía de forma particular y parcial.

Y su internacionalismo fue más allá, pasando del pan-africanismo a la necesidad de la alianza de los países tercermundistas para la derrota de todas las formas de explotación y opresión. En este mismo periodo logró identificar la relación entre capitalismo y racismo, “no puedes tener capitalismo sin racismo”, dijo en una de sus conferencias de dicho periodo. Y es que el capitalismo se ha servido del racismo en Estados Unidos y en otras tantas partes del mundo para determinar la estratificación de clase de sujetos sociales, todo para convertir a éstos en mano de obra barata en beneficio de la burguesía. Racismo que también sirvió como discurso guía para oprimir a partes del mundo enteras durante la Era del Imperialismo, y que luego sirvieron para justificar prácticas intervencionistas y post-colonialistas como por ejemplo en el Congo, en el mismo tiempo que Malcolm X estaba modificando y profundizando su pensamiento.

En ese sentido, este artículo buscará analizar el pensamiento de Malcolm X en su último periodo, el más fructífero, revolucionario, y tristemente truncado por su asesinato.

Sobre el Capitalismo

Como se señaló más arriba, Malcolm X durante el año 1964 y hasta su muerte el 21 de febrero de 1965, logró identificar al capitalismo como un elemento motor del sistema opresivo tanto en Estados Unidos como en el mundo. Su visión era clara, el capitalismo no debería sobrevivir al cambio de una sociedad por una no opresiva. Eso se nota claramente porque desde entonces progresivamente va a acompañar el concepto de “opresión” con el de “explotación”. En su último discurso, el 18 de febrero de 1965, deja esto claro: “Lo que estamos viendo hoy es la rebelión global del oprimido contra el opresor, del explotado contra el explotador”. Ambos conceptos se conectan y complementan en el pensamiento del luchador afroamericano, dejando claro que el enfrentamiento contra la explotación es fundamental para la formación de una nueva sociedad.

Del mismo modo, y un mes antes, deja claro que la determinación de la lucha no es racial: “Yo creo que finalmente habrá un choque entre los oprimidos y sus opresores. Yo creo finalmente habrá un choque entre los que quieren libertad, justicia e igualdad para todos y aquellos que quieren mantener los sistemas de explotación. Yo creo que va a existir ese tipo de enfrentamiento, pero no creo que dicho enfrentamiento será basado en el color de la piel, como enseñó Elijah Muhammad”. Este movimiento en su pensamiento deja con claridad que ve al imperialismo y al capitalismo como los verdaderos enemigos a vencer, y que el enfrentamiento para lograr la liberación de los explotados y oprimidos tendrá dichas características.

La determinación económica también se vuelve un aspecto ascendente en su pensamiento, y se plasma con gran claridad en su último discurso, dado el 19 de febrero de 1965: “[Las naciones industriales occidentales] deliberadamente han sojuzgado al hombre negro por razones económicas. Estos criminales internacionales violaron el continente africano para alimentar sus industrias, y son ellos los responsables por los bajos estándares de vida prevalentes en todo África.” Se ve aquí un análisis histórico de cómo la colonización de África responde al desarrollo del capitalismo, y que por lo tanto la opresión a los pueblos de dicho continente tiene un fundamento y una base eminentemente económica.

Una frase, célebre hasta el día de hoy, resumen su visión del capitalismo: “El capitalismo solía ser como un águila, pero ahora es más como un buitre. Solía tener la fuerza suficiente como para ir y succionar la sangre de cualquiera, sea este fuerte o no. Pero ahora se ha vuelto más cobarde, como un buitre, y solo puede succionar la sangre de los indefensos. En la medida de que las naciones del mundo se liberen, el capitalismo tendrá menos víctimas, menos donde succionar, y se volverá cada vez más débil. Es solo cosa de tiempo, en mi opinión, para que colapse completamente”. Si bien, la reflexión fue demasiado optimista para su tiempo, el hecho queda claro: es a través de la lucha internacional de liberación que el capitalismo encontrará su perdición.

Sobre los medios de comunicación y la hegemonía

Uno de los puntos más brillantes de Malcolm X fue sin duda su reflexión respecto a los medios de comunicación y los métodos que utilizan los poderosos para legitimarse. Su postura se resume en la siguiente máxima: “Si no están prevenidos ante de los medios de comunicación, te harán amar al opresor y odiar al oprimido”. Esto lo ve con gran claridad en el célebre debate de Oxford en diciembre de 1964, donde analiza el rol de los medios de comunicación respecto a la intervención imperialista en el Congo: “Entonces, ¿por qué un acto como el del Congo, que es tan claramente criminal, se debiera condonar? Se condona principalmente porque ha sido glorificado por la prensa, y han hecho que luzca bello, y por tanto el mundo automáticamente lo aprueba. Y ese es el papel que desempeña la prensa. Si uno estudia la historia pasada, distintas guerras, la prensa siempre…cada vez que un país que están en el poder quiere intervenir, injustificadamente, e invadir la propiedad de otro, usa la prensa para que parezca que el área que están por invadir está llena de salvajes, o está llena de gentes que se han vuelto locas, o que están violando mujeres blancas, abusando de monjas; usan la misma técnica año tras año…Ahora bien, hubo una época en que el mundo obscuro, la gente de piel obscura, creía cualquier cosa que veía en los diarios que se originaban en Europa. Pero hoy, no importa lo que se ponga en el diario, se detienen y lo ojean dos o tres veces y tratan de discernir qué motiva al escritor. Y por lo general pueden determinar qué motiva al escritor…Usan la prensa, los que están en el poder usan la prensa para dar al diablo una imagen angelical y dar una imagen de diablo a quien en verdad es angelical. Hacen que la opresión, la explotación y la guerra parezcan en realidad un acto de humanitarismo.”

Es por eso, que para Malcolm X, la prensa, y la instalación de un discurso hegemónico, es uno de los métodos principales para justificar y normalizar la explotación y la opresión. Llama así mismo a comprender siempre los motivos de por qué se escribe o se dice algo, como forma y método de entender y solidarizar con las luchas de liberación. Lo que vio en su tiempo Malcolm X con el Congo es lo que vemos hoy con Ucrania, o con la criminalización de la protesta social que desde todos los medios hegemónicos se sustenta discursivamente. Los medios de comunicación, si una analiza finamente, no condenan la violencia, sino solamente la violencia que tiene como fin la liberación de los pueblos de su explotación y opresión, justificando siempre la violencia del Estado y de las potencias imperialistas.

Lucha conjunta, lucha internacionalista

Malcolm X comprendió en su viaje a África de 1964, que no es posible llevar a cabo la Revolución Negra en Estados Unidos, si ésta no va en conjunto de la lucha de liberación de todos los países del Tercer Mundo. En ese sentido, planteó una lucha internacionalista que primero tuvo un carácter pan-africano, pero que luego extendió a la necesidad de una lucha tricontinental para librarse del yugo imperialista. Abogó desde entonces por la toma de conciencia de que la lucha negra en Estados Unidos no podía ir separada de las distintas luchas de liberación nacional a lo largo del mundo. Del mismo modo, dio a conocer en África su lucha como un aliado a todas aquellos movimientos de liberación, y que solamente en conjunto se podía golpear fuertemente al enemigo.

Es interesante que aun en el centro mismo del imperialismo (New York), Malcolm X situara la lucha del tercer mundo como factor decisivo en la liberación del hombre y mujer negros de Estados Unidos, ya que situaba su propia lucha como una de liberación nacional, aunque se encontrase en las entrañas del imperio.

Por todos los medios necesarios: la importancia de la táctica

El alcance de la reflexión de Malcolm X no sólo se da por sus lúcidos diagnósticos y análisis, sino también por tener un planteamiento táctico para llevar a cabo la lucha revolucionaria. Y en esto llegó mucho más lejos que otros luchadores por los Derechos Civiles, como por ejemplo Martin Luther King. A diferencia de este último, Malcolm X no descarta la violencia como método de lucha, y considera que para llevar a cabo su objetivo se deben “utilizar todos los medios necesarios”. De ahí que levante la necesidad de la autodefensa como un planteamiento táctico dada la realidad que observaba. En especial cuando veía que la vía no-violenta de desobediencia civil era respondida con represión y violencia tanto del Estado como de grupos supremacistas blancos, los cuales nunca eran perseguidos por la ley. Así lo señaló con gran claridad en Oxford: “Bien, siempre que uno vive en una sociedad que supuestamente se basa en la ley, y no hace cumplir su propia ley porque sucede que el color de la piel de un hombre es equivocado, entonces yo digo que se justifica que ese pueblo recurra a los medios que sean necesarios para lograr justicia donde el gobierno no les puede dar justicia”

También señaló, de un modo similar, en los últimos días de vida: “Yo creo en todo lo que sea necesario para corregir las condiciones injustas -políticas, económicas, sociales, físicas-, todo lo que sea necesario. Yo creo en ello siempre y cuando sea dirigido inteligentemente y diseñado para obtener resultados. Pero no creo en involucrarme en cualquier tipo de acción política o cualquier otro tipo de acción sin antes sentarme y analizar las posibilidades de éxito y derrota (…) Un enfoque táctico está diseñado para obtener ciertos resultados. Está diseñado para mantenerte vivo. Está diseñado para darte la victoria. Porque no podemos decir que la victoria ha sido lograda [siendo no violento], no podemos decir que se ha preservado la vida. No lo estoy criticando, ni tampoco condenando, pero le estoy cuestionando sus tácticas”

Deja ahí claro su escepticismo respecto a una vía no-violenta de resolver el conflicto racial y social en Estados Unidos, como asimismo, define con claridad que las tácticas se deben adecuar a los objetivos (estrategia), y que éstas deben ser tomadas de forma inteligente. Y es en ese sentido que considera a la autodefensa y métodos no pacíficos como las formas adecuadas para responder y poder enfrentarse al grupo dominante: “Leí una vez, de pasada, acerca de un hombre llamado Shakespeare. Sólo leí acerca de él de pasada, pero recuerdo algo que escribió que me conmovió. Lo puso, creo, en boca de Hamlet, quien dijo: “Ser o no ser” -sentía dudas sobre algo- [risas]: “Si es más noble en la mente del hombre sufrir los golpes y flechas de una fortuna atroz” -la moderación- “o alzarse en armas contra un mar de dificultades y, al enfrentarlas, darles fin”…Eso si me gusta. Si uno se alza en armas, le pone fin a eso. Pero si uno se queda sentado esperando a quien está en el poder decida si le va a poner fin, entonces se va a quedar esperando por un largo rato.”

Fue este método y este legado el que tomó en 1966 el Partido de las Panteras Negras, y que les sirvió para aplicar el concepto de Poder Negro más allá de la consigna, Poder Negro que significaba tener como horizonte un Poder Revolucionario, y que se oponía directamente al poder de la clase dominante. Fueron las Panteras Negras quienes tomaron ese legado final de Malcolm X, interrumpido por su muerte, y lo llevaron a su aplicación, y a una teorización más profunda, dándole un carácter plenamente socialista.

Es en ese sentido que desde nuestra América debemos también leer a Malcolm X, como un pensador que nos da perspectivas revolucionarias y un potente análisis el cual podemos integrar a nuestra reflexión, para alimentar la lucha que debemos sostener contra el capitalismo, el imperialismo y toda forma de opresión. Su lucidez, su caracterización de los medios y la ideología, como asimismo su planteamiento respecto a la táctica a desplegar en el campo revolucionario, son aprendizajes que debemos integrar para “cambiar las condiciones miserables que existen en esta Tierra”.

Bibliografía
– X, MALCOLM. “Malcolm X habla a la Juventud” Monte Ávila, Caracas, 2007
– X, MALCOLM; BREITMAN, GEORGE. “Malcolm X Speaks” Secket & Walburg, Londres, 1966

 

Joaquín Hernández, militante del Colectivo Poder Popular de Chile

Fuente: Revista Nuestra América

Nuestros mártires en la Transición: 35 años de los asesinatos de Yolanda González Martín y de José Miguel Zubikarai

“Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes y mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia parece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas.”

Rodolfo Walsh

La noche del 1 de febrero de 1980 es asesinada por un comando ultraderechista la estudiante Yolanda González Martín, de 18 años. Esa misma tarde, David Martínez Loza, Emilio Hellín Moro, Ignacio Abad y el policía nacional Juan Carlos Rodas Crespo se han reunido en un piso del centro de Madrid. Martínez Loza, responsable de la «Sección C», la estructura militar de Fuerza Nueva, les ordena secuestrar y matar a la joven Yolanda González, militante del Partido Socialista de los Tra­bajadores (PST) que se ha destacado en la lucha de los estudiantes uni­versitarios y de enseñanza media contra la Ley de Autonomía Universi­taria (LAU), que está teniendo lugar durante los últimos meses. Las movilizaciones estudiantiles han sido reprimidas duramente por la poli­cía y en el transcurso de una manifestación, el 13 de diciembre del año anterior, han muerto José Luis Montañés y Emilio Martínez. Yolanda ha nacido en 1961 en el barrio bilbaíno de Deusto y estudia Electrónica en el Centro de Formación Profesional de Vallecas.

Más tarde, Martínez Loza confirma telefónicamente sus órdenes. La operación adquiere prioridad sobre la prevista colocación de una bomba en los locales de Publicidad Cinco Cero, agencia del grupo Z (Interviú es una de las obsesiones de los ultraderechistas durante la Transición). Félix Pérez Ajero y Ricardo Prieto Díaz -miembros de Fuerza Nueva-, el po­licía Rodas y el guardia civil Juan José Hellín Moro, hermano de Emilio Hellín, se quedan vigilando en los alrededores del portal 101 de la calle de Tembleque -Aluche-, mientras éste y Abad secuestran a Yolanda. La llevan hacia San Martín de Valdeiglesias y allí, en plena carretera, le dis­paran dos tiros en la sien -Hellín- y uno en el brazo -Abad-. En la más pura tradición de los «paseos» franquistas. El atentado lo reivindica el Batallón Vasco Español, que también ha hecho lo propio con el asesina­to en Eibar de José Miguel Zubikarai, el mismo día 1 de febrero. A Yo­landa, probablemente, la asesinan pasadas las 24 horas, ya el día 2.

Tras la detención de Hellín y Abad, se descubre en los pisos francos alquilados a nombre del primero y en los locales de su escuela de electróni­ca, un conjunto abrumador de medios a su disposición: armas, cartuchos de goma-2, material de grabación, transmisión y emisión, granadas de mano PO, reglamentarias del Ejército español, material auxiliar de explosi­vos, detonadores de mecha corta, cebos electrónicos, un bolígrafo pistola... y lo más interesante: receptores emisores de la Guardia Civil y un terminal de computador Skaner VHF, conectado directamente con el computador central del Grupo 8 de los Servicios de Información de la Guardia Civil. Se descubre que ese minicomputador-terminal corresponde a una partida de ingenios de la misma serie vendidos al Estado y destinados al Ministerio del Interior. Es desconectado, sin orden judicial, por los inspectores encargados de la investigación y desaparece para siempre, a pesar de todos las gestiones que se hacen para conocer su paradero y poder recuperarlo.

Félix Pérez y Ricardo Prieto, aunque pesa sobre ellos una orden de búsqueda y captura, continúan viviendo durante meses en sus domicilios. David Martínez Loza es detenido pero obtiene la libertad del titular del Juzgado número 1 de la Audiencia Nacional, el reconocido juez fran­quista Ricardo Varón Cobos, que decide no procesarle. Este magistrado se opone también al registro de la sede de Fuerza Nueva en la calle ma­drileña de Mejía Lequerica.

Posteriormente, las resistencias judiciales continúan obstruyendo la investigación. Los abogados de la acusación particular dirigen fuertes críticas a la actuación, en las diligencias sumariales, del fiscal de la Au­diencia Nacional Miguel Ibáñez, que califica los hechos como un delito de homicidio, no de asesinato. Señalan que el fiscal no se ha tomado la molestia de escuchar siquiera las cintas magnetofónicas intervenidas a los procesados, ni ha estado presente en las declaraciones ante el juez de algunos testigos propuestos por la acusación particular. Insisten en que, a través de la investigación del asesinato de Yolanda, «se puede profundi­zar en las conexiones de miembros de los aparatos de seguridad del Esta­do con organizaciones ultraderechistas».

Finalmente, Hellín es condenado a 43 años de prisión y Abad a 28, como autores materiales de la muerte de Yolanda. Además, Félix Pérez Ajero y José Ricardo Prieto Díaz, subjefe y secretario de Fuerza Nueva en el distrito madrileño de Arganzuela, son condenados a seis años, por allanamiento de morada y detención ilegal. Y David Martínez Loza, jefe nacional de seguridad de Fuerza Nueva -que es defendido por Antonio Muñoz Perea, yerno de Blas Piñar-, a otros seis años, como autor del asesinato por inducción.

«Aún pienso en esos momentos que mi hija pasó hasta que la mataron, eso es algo que no podré olvidar», afirma Lidia Martín, la madre de la joven estudiante bilbaína. «Los momentos de Yolanda desde que entraron en su casa, la tiraron al suelo, revolvieron todo, la amenazaron, la pegaron, la hi­cieron bajar al coche con la pistola pegada a los riñones, la llevaron al campo en plena noche oscura, mientras le pegaban y le escupían en la cara...»

Emilio Hellín se escapa de la prisión de Alcalá de Henares unos me­ses después de su detención, pero pronto es capturado de nuevo. A pesar de este hecho, en 1987 se beneficia, insólitamente, de un cambio de cla­sificación en su situación penitenciaria, autorizado por el juez Jesús Va­llés y, a continuación, el juez de vigilancia penitenciaria de Zamora, José Donato Andrés, le concede un permiso. Hellín lo aprovecha para fugar­se nuevamente. Varios años después, es localizado en Paraguay por el re­dactor de Interviú José Luis Morales, se consigue su extradición y vuelve a prisión. En la actualidad, ya se encuentra definitivamente libre, como todos los demás implicados en el asesinato de Yolanda.

De La sombra de Franco en la Transición de Alfredo Grimaldos. OBERON 2004

 

Nuestros mártires en la Transición. 24 de febrero de 2015, 39 años del asesinato de Teófilo del Valle

“Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes y mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia parece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas.”

Rodolfo Walsh

 

1976 El 24 de febrero, durante una manifestación celebrada en la localidad alicantina de Elda, fallece el trabajador Teófilo del Valle. Es el primer muerto del año y de la recién instaurada Monarquía a manos de las Fuerzas de Orden Público. Cinco días antes, en una multitudinaria asamblea, los trabajadores del calzado han decidido ir a la huelga por su convenio laboral. Reclaman 5.000 pesetas semanales de aumento salarial o 2.500 de incremento lineal para todas las categorías; 40 horas de tra­bajo en 5 jornadas laborales, 28 días de vacaciones al año y que las em­presas se hagan cargo del pago del IRTP.

En el ámbito de la provincia de Alicante hay alrededor de 21.000 asalariados en el sector del calzado, entre los que se encuentra el joven obrero de 20 años Teófilo del Valle. El seguimiento de la huelga va cre­ciendo hasta llegar a paralizar el 90% de las fábricas del ramo.

En su número de marzo de este año, la Gaceta de Derecho Social pu­blica la siguiente crónica de la muerte de Teófilo: «El día 23 de febrero, lunes, faltaban 24 horas para la tragedia. Cuatro mil personas reunidas en la plaza de Castelar, de Elda, habían decidido, en asamblea, marchar hasta el vecino pueblo de Petrer, donde sólo llegarían después de haber experimentado varias cargas de la policía en coches y con las sirenas al viento, que obligaron a los marchantes a salirse de la carretera, para evi­tar ser atropellados. Cuando llegaron a Petrer eran siete mil.

Un día después, el 24 de febrero, en la misma plaza de Castelar, se habían reunido 5.000 personas ya a las ocho de la tarde, ante lo que las Fuerzas de Orden Público, para evitar quizá lo ocurrido el día anterior, daban orden de que no se formasen grupos de más de cinco personas y, luego, cargaban repetidamente contra los congregados, empleando todo tipo de material antidisturbios. Era el comienzo.

Los manifestantes, dispersados, acosados y perseguidos por todo el pueblo, optarían al fin por replegarse hacia un polígono existente en las afueras de Elda, sin iluminar y lleno de cascotes, por estar aún en cons­trucción. La policía, que había dado orden de cerrar los bares de la loca­lidad, optaría por no entrar en el polígono. Mientras, unas doscientas personas realizaban una asamblea en una iglesia del barrio en construc­ción, y sería al salir de la misma cuando se encontrarían con varios vehículos de la policía que pasaban frente a ellos. Se lanzan piedras al úl­timo coche. Sus ocupantes bajan del mismo y disparan...» Teófilo del Valle cae herido de muerte.

El día siguiente, el Gobierno Civil de Alicante emite la siguiente nota: «En las últimas semanas se han venido produciendo en algunas lo­calidades de la provincia, y con diversos motivos, manifestaciones, apa­rentemente espontáneas, que, en determinados casos, como el de Elda, habían adquirido carácter casi diario y que venían disolviéndose pacífi­camente al simple requerimiento de las autoridades locales y de las fuer­zas conservadoras del orden público. Sin embargo, en los últimos días se apreciaba no solamente un aumento del número de participantes, sino también la aparición de actitudes de agresividad inesperadas, dado el comportamiento pacífico de los días anteriores. Estas actitudes nuevas se materializaron ampliamente el pasado lunes día 23, cuando ya en acti­tud airada, ante la Casa Sindical de Petrel, al ser requeridos para disol­verse, atacaron con piedras y otros medios, e insultaron a la Fuerza Pú­blica, a la que incluso agredieron y que hubo de cargar repetidamente para dispersarlos.

(...) Según informa a mi autoridad la jefatura de la Policía Armada, cumplida su misión, la Fuerza actuante emprendió, sobre las veintitrés horas y quince minutos, el regreso a esta capital, y que cuando el vehícu­lo que cerraba marcha, de gran cabida de personal, transcurría por la ca­lle de San Roque, para tomar la de Antonio Maura, que enlaza con la carretera general, fue atacado con piedras y otros objetos contundentes por su parte posterior, lo que obligó, dada la violencia del ataque, a que parase para repeler la agresión por los medios disuasorios ordinarios y propios para estos casos; pero que al sonar algunos disparos, hubieron de hacer uso de sus armas, resultando alcanzado unos de los atacantes, que falleció posteriormente, siendo detenidos otros tres e instruyéndose dili­gencias por la Autoridad judicial competente.» Evidentemente, los ma­nifestantes no realizan ningún disparo y los únicos casquillos que se en­cuentran en el lugar del crimen son los disparados por la policía.

Fieles a las técnicas de desinformación practicadas a lo largo de su carrera política por el titular del Ministerio de la Gobernación, Manuel Fraga Iribarne, los funcionarios del Gobierno Civil de Alicante empren­den una campaña para desprestigiar al trabajador asesinado: «El fallecido es Teófilo del Valle Pérez, nacido el 1 de febrero de 1956, natural de Silleda (Pontevedra), oficinista, residente en Elda desde 1964, y de vida irregular, el cual había sido detenido con otros en junio de 1975, en Ma­drid, como componentes, al parecer, de una banda de traficantes de dro­ga, habiéndoseles intervenido siete kilos y trescientos cincuenta gramos de hachís que tenían escondidos en un piso franco del barrio de Canillejas». Por supuesto, esta historia es absolutamente falsa.

Como respuesta al asesinato, se produce una huelga general -no sólo en el sector del calzado- en las comarcas del Vinalopó (Elda, Petrer, El­che...). Más de 20.000 personas se concentran ante la casa de los padres del obrero asesinado y acompañan el féretro hasta el cementerio, donde los restos mortales de Teófilo del Valle son apresuradamente inhumados. Se crea una comisión ciudadana para exigir el esclarecimiento de los he­chos, que no consigue ninguna reparación o explicación adicional a las indignas notas oficiales.

De La sombra de Franco en la Transición de Alfredo Grimaldos. OBERON 2004

 

Nuestros mártires en la Transición: Arturo Ruiz García y de Mari Luz Nájera Fernández

Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes y mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia parece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas.”

Rodolfo Walsh

“- El 23 de enero de 1977, en Madrid, es asesinado Arturo Ruiz García, de 19 años, por disparos de un pistolero ultraderechista. El fallecido era estu­diante y trabajaba de albañil en una obra. Su muerte se produce durante una manifestación a favor de la amnistía, convocada en la Plaza de España madrileña, que ha sido prohibida por el ministro Martín Villa. El gober­nador civil de la capital es Juan José Rosón. Las calles de Madrid han apa­recido llenas de pintadas que llaman a la manifestación. Incluso el granito franquista del Arco de Triunfo de Moncloa sirve de soporte para la convo­catoria. En letras grandes se puede leer sobre uno de sus laterales, el que da al parque del Oeste: «Amnistía Total. Las paredes no estarán limpias mien­tras las cárceles estén llenas» y «España mañana será republicana». El PCE no apoya la cita reivindicativa. Ya no quedan militantes suyos en las prisio­nes y Carrillo quiere desmarcarse claramente de las manifestaciones pro amnistía, para que no entorpezcan sus negociaciones con el Gobierno en­caminadas a conseguir cuanto antes la legalización del partido que él enca­beza. El ambiente en el centro de Madrid pesa, se barrunta que va a ser una jornada dura. Es imposible acercarse a la Plaza de España, y los saltos comienzan a producirse en la calle de la Princesa y en Callao, minutos an­tes de la hora convenida. Las primeras cargas provocan la dispersión de algunos manifestantes por las peligrosas calles de Libreros, Silva, Tudes­cos... Una zona donde suelen estar agazapados elementos fascistas que ac­túan con la protección de la propia policía política y de los antidisturbios.

En la confluencia de las calles de Silva y la Estrella, junto a la Gran Vía, espera un grupo de ultras. Un hombre con un abrigo loden verde dispara al aire para disolver a varios jóvenes manifestantes y, cuando és­tos huyen, otro de los fascistas le pide la pistola, la empuña con ambas manos y dispara por la espalda a Arturo Ruiz, que cae fulminado. La bala le atraviesa el pulmón y le destroza el corazón.

Herido de muerte, es retirado de la zona en ambulancia, mientras la policía deja escapar a los asesinos y carga contra los manifestantes que gritan indignados. Poco después, en el lugar donde ha caído Arturo, un grupo de jóvenes coloca varios ladrillos en círculo, alrededor de la sangre del muchacho muerto, y hacen una cruz con dos palos y una cuerda que les arrojan los vecinos de una casa cercana. Inmediatamente vuelven a intervenir los antidisturbios, que retiran los ladrillos, rompen la cruz y restriegan la sangre del suelo con sus botas.

Mientras tanto, otros manifestantes son heridos de bala y golpeados con saña por los grupos de Guerrilleros de Cristo Rey que actúan en la zona. La más grave de todos, Florencia Marcano González, que recibe un disparo en el pecho.

La nota oficial del Gobierno Civil, encabezado por Juan José Rosón, señala que la muerte del joven Arturo Ruiz se ha producido a conse­cuencia de «un enfrentamiento entre grupos de significación política contraria».

El hombre del loden verde es Jorge Cesarsky Goldstein, pistolero ar­gentino afincado en España desde los años sesenta, colaborador del SCOE, los servicios paralelos de información que organizó el coronel Blanco. Cesarsky es un nazi de origen judío. También se consigue identifi­car entre los miembros del grupo de asesinos de Arturo Ruiz a Ángel Sie­rra, otro conocido activista de extrema derecha. El autor material del dis­paro que acaba con la vida del joven manifestante es José Ignacio Fernández Guaza. Después de disparar, se retira de la zona y va a refugiar­se a las dependencias policiales de la calle de Rey Francisco, 21, sede del SCOE, adonde acude también Cesarsky tras la manifestación. Posterior­mente, Fernández Guaza huye de España. Recoge dos pistolas de su casa, precipitadamente, y viaja en coche hasta el País Vasco, por donde pasa a Francia. Antes de cruzar la frontera pide a su mujer, María del Carmen Chacón, que le envíe un giro a una dirección que, según se comprueba después, es la de un guardia civil, Juan García Cabrera. Fernández Guaza nunca será detenido.

Cesarsky es el único condenado por la muerte de Arturo. De los años a los que es condenado pasa sólo uno en prisión y, paradójicamen­te, sale en libertad beneficiándose de la amnistía que reivindicaba Arturo Ruiz cuando fue asesinado.

El ultra argentino declara, poco después de ser detenido: «El ex camarada Martín Villa quiere mostrar a la opinión pública que está ac­tuando. Con su pasado falangista, Martín Villa y Suárez están utilizando esta trampa para decir que ya no lo son». El sumario por la muerte de Arturo Ruiz lo inicia el Juzgado de Instrucción número 15 de Madrid, cuyo titular realiza una importante labor de investigación, a pesar de las dificultades del caso, logrando hallar indicios de participación directa en el hecho de Jorge Cesarsky y Juan Ignacio Fernández Guaza. También implica en el asesinato al cubano anticastrista Carlos Pérez. Pero cuando el caso llega al titular del Juzgado Central de Instrucción número 1 de la Audiencia Nacional, Rafael Gómez Chaparro, la investigación se cierra inmediatamente.

La manifestación de protesta por el asesinato de Arturo, que tiene lugar la mañana siguiente, el terrible día 24 de enero, es brutalmente re­primida policialmente por orden de Rosón. Vuelven a sonar los gritos de «Amnistía», «Disolución de los cuerpos represivos» y «Vosotros, fascistas, sois los terroristas». Muy cerca de donde ha caído Arturo 24 horas antes, un policía hiere gravemente a Mari Luz Nájera Fernández, de 20 años, estudiante de sociología. El agente antidisturbios, cuyo nombre no llega a conocerse, le dispara a bocajarro un bote de humo que le destroza la cara. Mari Luz muere al día siguiente.

También recibe el impacto de un bote de humo disparado a escasa distancia Francisco Galera Quevedo, de 21 años, quien sufre traumatis­mo craneal, fractura del temporal izquierdo y conmoción cerebral. Per­manece muy grave durante varios días, pero consigue salvar la vida.”

De La sombra de Franco en la Transición de Alfredo Grimaldos. OBERON 2004