Lumumba en nuestra memoria

A comienzos de este 2016 se cumplían 55 años del asesinato del primer ministro de la República Democrática del Congo (RDC), Patrice Lumumba. Lo que a todas luces suponía un asesinato político perpetrado por la CIA y los servicios de inteligencia belgas, tal y como se expresaría en boca del Ché de forma magistral el 30 de noviembre de 1964 en la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York, ha venido siendo reconocido por las propias instituciones belgas y estadounidenses en los últimos años. Pero aceptar un crimen de estado (aunque nunca es presentado como tal), puede suponer levantar muros con respecto a ese pasado, intentar enterrarlo, fomentar la desmemoria, como si nuestro presente no tuviera nada que ver con todo eso. Lo que pretendemos aquí es precisamente lo contrario. Señalar a los asesinos, sí, a los cómplices del terrorismo de estado, para luego avanzar hacia las causas de fondo, el tejido de la historia que llega hasta nuestro presente y nos desborda.

En la actualidad política, cuando se habla de la Unión Europea y de la necesidad de democratizarla, de avanzar en un marco jurídico que posibilite la vuelta de un estado del bienestar en su seno, muchas personas -cada vez más- gritamos bien alto que no es posible. Que no es posible y que no es deseable. No es posible porque bajo el capitalismo, la democracia no puede ser más que formal -en el mejor de los casos-, y no es deseable porque el estado del bienestar sólo ha sido posible históricamente gracias al colonialismo y al expolio neo-colonialista por parte de Europa y Occidente, en suma, que sólo ha sido posible gracias a ese imperialismo del que el Ché nos alertaba que no podíamos fiarnos “ni un tantito así”. Efectivamente. Y qué mejor ejemplo que la vida y muerte de Lumumba, así como la historia reciente de su país, la RDC, para mostrarlo.

Lumumba nació en un país colonizado, en lo que fue la joya de la corona de Leopoldo II, finca privada de la familia real belga y tierra de extraordinaria riqueza y -consiguientemente- extraordinarios beneficios para las empresas estatales y privadas belgas. Hablamos del Congo Belga. El Congo Belga era otro episodio más del fenómeno de la colonización europea de África, que iba vinculado, no sólo a una explotación salvaje de la mano de obra nativa y un expolio sistemático de sus recursos naturales para beneficio de la metrópolis, sino a un discurso racista que defendía la supremacía blanca y europea sobre los africanos (como desgarrador ejemplo, valga el famoso discurso sobre África de Víctor Hugo en 1879 ). Vale la pena recordar que Lumumba, que participaba en la vida política nacionalista del país en la década de 1950, vio una expresión de este racismo europeo en su visita a Bélgica como representante del Partido Liberal en 1958. En ese año se desarrolló, por primera vez tras la Segunda Guerra Mundial, la Exposición Universal, que tuvo lugar en Bruselas. Esta Exposición estuvo marcada por el escándalo que produjo la exposición de una aldea congoleña, al más puro estilo de los zoológicos humanos que tan comunes fueron en Europa desde finales del siglo XIX, exposición en la que los propios visitantes tiraron plátanos a los congoleños allí reunidos. Efectivamente, esto ocurría en Bruselas, un país que gozaba, como Francia o Inglaterra de un maravilloso sistema de bienestar; ocurría a apenas 5 km. de lo que años más tarde serían la sede del Consejo y la Comisión Europea, en un país que fundaría, pocos años antes, la CECA (1950), germen de la Comunidad Económica Europea y de nuestra actual Unión Europea. Los delegados congoleños en dicha exposición, evidenciando aún más el carácter colonialista y racista de Bélgica, redoblaron y radicalizaron su discurso anticolonialista e independentista, forzando lo que sería en 1960 la independencia del Congo.

Las ansias del movimiento de masas que supuso la independencia congoleña, podemos verla reflejada en el discurso ofrecido el 30 de junio de 1960 ante el rey belga, por parte de quien se había convertido tras unas elecciones en primer ministro congolés: Patrice Lumumba. En él, Lumumba no olvidaba el pasado colonialista y llamaba a romper con las políticas que beneficiaban a los extranjeros, para pasar a desarrollar un país en el que las riquezas redundasen en el pueblo congolés. Por supuesto, esto no era de agrado de la potencia colonial ni de sus aliados occidentales, que no permitirían abandonar lo que, de hecho, era un nicho de expolio y mercado muy beneficioso. En primer lugar, las potencias capitalistas hicieron la vista gorda y aceptaron una de las claúsulas de independencia, totalmente contraria a derecho internacional, como era que el nuevo país, la RDC, asumía la deuda interna belga que correspondía a los préstamos recibidos, en teoría, para desarrollar el país africano; ni que decir tiene que el dinero fue destinado a infraestructuras para las empresas mineras y los colonos belgas. En segundo lugar, programaron una desestabilización del país -a nivel militar y territorial- que desembocaría en un golpe de estado y asesinato del líder Lumumba, para sesgar las ansias de cambio político y dar un golpe en la mesa en el joven país. Así sucedió con el secuestro, tortura y asesinato de Patrice en enero de 1961. Por otra parte, suponía una advertencia al continente: que nadie juegue con los beneficios de las grandes empresas europeas en África. Un triste presagio que se cumpliría en las siguientes décadas, cuando en 1965 es expulsado del poder Ben Bella en Argelia y es asesinado el marroquí Ben Barka, cuando en 1977 aesinan a Steve Biko o en 1987 a Sankara...o cuando invadimos Libia en 2011.

El futuro de la RDC no será más alentador. Las guerrillas, la desestabilización política de los países vecinos -Ruanda y Burundi, principalmente- y los enfrentamientos étnicos, fueron el caldo de cultivo perfecto para evitar cualquier control por parte de los jóvenes estados de los recursos minerales de los que tan ávido están las empresas tecnológicas europeas. La RCD concentra el 80% de coltán del mundo y los beneficios millonarios que dan a las multinacionales europeas están íntimamente vinculadas con la pobreza a la que sumen a estas poblaciones y al macabro triángulo generado entre estas multinacionales -empresas extractoras, como la Sociedad Minera de los Grandes Lagos-, bandas guerrilleras y gobiernos corruptos.

Si viene hoy Lumumba a nuestra memoria, no debe ser para lamentar su muerte y dejar de mirar atrás, sino para rastrear a aquellos que lo asesinaron, a aquellos que fueron cómplices de su muerte para aumentar sus beneficios; cuyos herederos políticos están hoy sentados en consejos de administración de grandes empresas y parlamentos. Lumumba viene para mostrar el rostro asesino de esta Unión Europea, la naturaleza racista, deshumanizada y fría -como frías son los cálculos de beneficios- de la Europa del capital.

 

** Sergio Almisa del Colectivo Resistencia de Cádiz para la revista Cuba+