Nuestros mártires en la Transición. 24 de febrero de 2015, 39 años del asesinato de Teófilo del Valle

“Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes y mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia parece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas.”

Rodolfo Walsh

 

1976 El 24 de febrero, durante una manifestación celebrada en la localidad alicantina de Elda, fallece el trabajador Teófilo del Valle. Es el primer muerto del año y de la recién instaurada Monarquía a manos de las Fuerzas de Orden Público. Cinco días antes, en una multitudinaria asamblea, los trabajadores del calzado han decidido ir a la huelga por su convenio laboral. Reclaman 5.000 pesetas semanales de aumento salarial o 2.500 de incremento lineal para todas las categorías; 40 horas de tra­bajo en 5 jornadas laborales, 28 días de vacaciones al año y que las em­presas se hagan cargo del pago del IRTP.

En el ámbito de la provincia de Alicante hay alrededor de 21.000 asalariados en el sector del calzado, entre los que se encuentra el joven obrero de 20 años Teófilo del Valle. El seguimiento de la huelga va cre­ciendo hasta llegar a paralizar el 90% de las fábricas del ramo.

En su número de marzo de este año, la Gaceta de Derecho Social pu­blica la siguiente crónica de la muerte de Teófilo: «El día 23 de febrero, lunes, faltaban 24 horas para la tragedia. Cuatro mil personas reunidas en la plaza de Castelar, de Elda, habían decidido, en asamblea, marchar hasta el vecino pueblo de Petrer, donde sólo llegarían después de haber experimentado varias cargas de la policía en coches y con las sirenas al viento, que obligaron a los marchantes a salirse de la carretera, para evi­tar ser atropellados. Cuando llegaron a Petrer eran siete mil.

Un día después, el 24 de febrero, en la misma plaza de Castelar, se habían reunido 5.000 personas ya a las ocho de la tarde, ante lo que las Fuerzas de Orden Público, para evitar quizá lo ocurrido el día anterior, daban orden de que no se formasen grupos de más de cinco personas y, luego, cargaban repetidamente contra los congregados, empleando todo tipo de material antidisturbios. Era el comienzo.

Los manifestantes, dispersados, acosados y perseguidos por todo el pueblo, optarían al fin por replegarse hacia un polígono existente en las afueras de Elda, sin iluminar y lleno de cascotes, por estar aún en cons­trucción. La policía, que había dado orden de cerrar los bares de la loca­lidad, optaría por no entrar en el polígono. Mientras, unas doscientas personas realizaban una asamblea en una iglesia del barrio en construc­ción, y sería al salir de la misma cuando se encontrarían con varios vehículos de la policía que pasaban frente a ellos. Se lanzan piedras al úl­timo coche. Sus ocupantes bajan del mismo y disparan...» Teófilo del Valle cae herido de muerte.

El día siguiente, el Gobierno Civil de Alicante emite la siguiente nota: «En las últimas semanas se han venido produciendo en algunas lo­calidades de la provincia, y con diversos motivos, manifestaciones, apa­rentemente espontáneas, que, en determinados casos, como el de Elda, habían adquirido carácter casi diario y que venían disolviéndose pacífi­camente al simple requerimiento de las autoridades locales y de las fuer­zas conservadoras del orden público. Sin embargo, en los últimos días se apreciaba no solamente un aumento del número de participantes, sino también la aparición de actitudes de agresividad inesperadas, dado el comportamiento pacífico de los días anteriores. Estas actitudes nuevas se materializaron ampliamente el pasado lunes día 23, cuando ya en acti­tud airada, ante la Casa Sindical de Petrel, al ser requeridos para disol­verse, atacaron con piedras y otros medios, e insultaron a la Fuerza Pú­blica, a la que incluso agredieron y que hubo de cargar repetidamente para dispersarlos.

(...) Según informa a mi autoridad la jefatura de la Policía Armada, cumplida su misión, la Fuerza actuante emprendió, sobre las veintitrés horas y quince minutos, el regreso a esta capital, y que cuando el vehícu­lo que cerraba marcha, de gran cabida de personal, transcurría por la ca­lle de San Roque, para tomar la de Antonio Maura, que enlaza con la carretera general, fue atacado con piedras y otros objetos contundentes por su parte posterior, lo que obligó, dada la violencia del ataque, a que parase para repeler la agresión por los medios disuasorios ordinarios y propios para estos casos; pero que al sonar algunos disparos, hubieron de hacer uso de sus armas, resultando alcanzado unos de los atacantes, que falleció posteriormente, siendo detenidos otros tres e instruyéndose dili­gencias por la Autoridad judicial competente.» Evidentemente, los ma­nifestantes no realizan ningún disparo y los únicos casquillos que se en­cuentran en el lugar del crimen son los disparados por la policía.

Fieles a las técnicas de desinformación practicadas a lo largo de su carrera política por el titular del Ministerio de la Gobernación, Manuel Fraga Iribarne, los funcionarios del Gobierno Civil de Alicante empren­den una campaña para desprestigiar al trabajador asesinado: «El fallecido es Teófilo del Valle Pérez, nacido el 1 de febrero de 1956, natural de Silleda (Pontevedra), oficinista, residente en Elda desde 1964, y de vida irregular, el cual había sido detenido con otros en junio de 1975, en Ma­drid, como componentes, al parecer, de una banda de traficantes de dro­ga, habiéndoseles intervenido siete kilos y trescientos cincuenta gramos de hachís que tenían escondidos en un piso franco del barrio de Canillejas». Por supuesto, esta historia es absolutamente falsa.

Como respuesta al asesinato, se produce una huelga general -no sólo en el sector del calzado- en las comarcas del Vinalopó (Elda, Petrer, El­che...). Más de 20.000 personas se concentran ante la casa de los padres del obrero asesinado y acompañan el féretro hasta el cementerio, donde los restos mortales de Teófilo del Valle son apresuradamente inhumados. Se crea una comisión ciudadana para exigir el esclarecimiento de los he­chos, que no consigue ninguna reparación o explicación adicional a las indignas notas oficiales.

De La sombra de Franco en la Transición de Alfredo Grimaldos. OBERON 2004