Quebracho

Quebracho. Director y coguionista Ricardo Wullicher. Coguionista José María Paolantonio. Color. 95 m. Castellano e inglés subtitulado. Argentina. Premios, entre otros: Mejores película y director Festival Internacional de Karlovy Vary (Checoslovaquia) 1974 y Ópera prima Asociación de Cronistas Cinematográficos de Argentina 1974. Film proyectado en la I Semana de Cine Iberoamericano de Huelva de 1975 y en la retrospectiva Argentina en libertad del Festival de Valladolid de 1984.

Película de coyuntura, rodada en 1973, Quebracho se enmarca dentro del típico debate de los años sesenta sobre el "centro-periferia de la economía mundial". Basada en hechos reales, el film nos cuenta la explotación de que fue víctima el pueblo argentino por parte de la compañía inglesa La Forestal para conseguir el quebracho, incluso al precio de la sangre. Se divide en tres etapas históricas: 1918-1920, con el anarcosindicalismo defendiendo a los trabajadores; 1930-1940, siendo ahora un abogado radical, Rogelio Lamazón, injustamente olvidado en la Argentina, quien se encarga de la lucha obrera a costa de su vida y 1945-1963, que culmina con la retirada de la empresa del país dejando tras de sí un paisaje de desolación. Había despuntado la mimosa, acacia que se producía en Sudáfrica y que demostró ser tan rica en tanino como el quebracho pero de más fácil producción y más rápido crecimiento. También pesaron las condiciones esclavas del régimen laboral en Kenia, Sudáfrica y la entonces Rodesia, que permitían una mayor extracción de plusvalía. Las localidades de la zona argentina devastada aún sufren las consecuencias del saqueo por parte del capital imperialista pero también de la explotación de la misma clase dominante “criolla”.

A principios del siglo XX se instala en la comarca de Santa Fe la compañía inglesa La Forestal (The Forestal Land, Timber and Railways Co.), por una cesión de tierras públicas que la provincia hizo para saldar una deuda con otra empresa británica. Explotaría durante sesenta años casi dos millones de hectáreas de bosques de quebracho, árbol que tarda unos cien años en crecer y reponerse y de cuya madera, prensada y convertida en polvo, se obtenía el tanino destinado a curtir cueros. El "polvillo" derivado provocaba en los trabajadores, sin unas mínimas condiciones laborales de protección, tuberculosis y toda suerte de enfermedades de las vías respiratorias. La guerra en ciernes y la industria demandaban imperiosamente el tanino, pues casi todo era de cuero: correas de fusiles, mochilas de los soldados, calzados, arreos, cinturones, las cintas para mover las máquinas... La Forestal fue un Estado dentro del Estado: sólo recibía órdenes de Londres, en las altas chimeneas de sus fábricas lucía el escudo y en los actos protocolarios sonaba el himno nacional de la monarquía británica, sus ingenieros y técnicos eran ingleses, y tuvo un cuerpo de gendarmería propio, financiado, armado y uniformado por la propia empresa. Y a sus órdenes diputados, comisarios, jueces y otros súbditos vernáculos que recibían sus favores. Brotaban juntos y sólo para el tiempo de explotación del quebracho, una fábrica, un pueblo, con viviendas, luz eléctrica y servicios sanitarios y con escuelas, iglesias, caminos y ferrocarriles. La explotación del obrero ocurrió en los obrajes. A los más de 20 mil que tenían, que trabajaban doce horas diarias, se les pagaban los exiguos jornales con moneda propia o vales canjeables en los almacenes de la propia compañía. Estuvieron prohibidos los pañuelos rojos al cuello y las camisas rojas en el trabajo, pues dicho color, acostumbrado en los habitantes de la región, era, según los serviles empleados de la empresa, comunista y anarquista.

Las grandes luchas obreras tuvieron lugar durante el periodo 1919-1922 ayudadas por los anarquistas de la Federación Obrera Regional Argentina (FORA). Se exigía el desmantelamiento de la gendarmería y se llamaba a ocupar la fábrica y al paro total. El intento de levantamiento fue reprimido salvajemente por la gendarmería de La Forestal, por bandas civiles contratadas y por el 12 de Infantería. Se saldó con la muerte de centenares de obreros y muchos otros y varios dirigentes huelguistas encarcelados o deportados, todo bajo el gobierno de Hipólito Yrigoyen, elegido por el pueblo. El cuaderno de Aniceto Barrientos, en esos tiempos capataz de La Forestal, registraba lo siguiente: "A los muertos los apilaban uno sobre otro y les clavaban el cuchillo en la nuca por si estaban vivos. Desde ese día tenía miedo de volver a trabajar porque nos miraban con odio, como si fuéramos perros sarnosos". La última expresión de la represión fue el incendio del local de la Federación Obrera y de las viviendas de los trabajadores que no se sometieron.

Quebracho es la historia de una heroica rebelión ante la injusticia, de una matanza injustificable, de una epopeya que aún tiene visos de leyenda en el Chaco santafesino. Mantiene, eso sí, una inquietante vigencia al exponer con claridad los mecanismos de dominación que las potencias del mundo siguen imponiendo aún hoy a países emergentes, dueños de materias primas. De su director, argentino, Ricardo Wullicher, que tuvo que exiliarse en 1975 amenazado de muerte por la parapolicial Alianza Anticomunista Argentina (Triple A) y ver secuestrada su película, son las siguientes declaraciones de 2014 desde Argentina: “Los ingleses no sólo destruyeron la posibilidad del crecimiento del quebracho y cerraron todas las fábricas, dejando a miles de operarios argentinos sin trabajo, sino que en 1960 dinamitaron las instalaciones y las máquinas para que no pudieran usarlas los obreros”. Y “Quise hacer una película que mostrara cómo son los esquemas de explotación colonial de los países del primer mundo sobre los emergentes. Y dar a entender que es un sistema de expoliación planificada. A propósito no le puse la palabra fin, porque a mí me parece que la lucha todavía continúa”.