I compagni (Camaradas)

 

I compagni (Camaradas) Mario Monicelli, 1963. 124 m. B/N Guión: Mario Monicelli, Agenore Incrocci, Furio Scarpelli. Música: Marcia della cinghia de Carlo Rustichelli. Coproducción Italia-Francia-Yugoslavia: Poco quedaba del Turín (Torino en la película) del siglo XIX, por lo que ésta se rodó en las cercanas localidades de Cuneo, Savigliano y Fossano y el interior de la fábrica en Zagreb, en ese momento Yugoslavia. Premios: 1964: nominación Oscar al mejor guión original. 1964: mejor película Festival Internacional de Cine de Mar del Plata.

En el cine italiano, a partir de los años cincuenta, el retrato de las condiciones laborales se había hecho aún más infrecuente que en la época neorrealista. Una de las pocas películas de los años sesenta que trata el tema de las luchas obreras es Camaradas, film social y proletario, de gran riqueza descriptiva, sobre las primeras huelgas en Turín, plaza fuerte del conservadurismo italiano de entonces, y su terrible represión, y que refleja el nacimiento del movimiento obrero en Italia y la irrupción en la historia de una ideología basada en la defensa de los más oprimidos. Situado dentro de ese tipo de comedia amarga que Monicelli, probablemente el realizador más brillante de un cine italiano de vocación eminentemente popular, cultivó con singular maestría.

En una gran fábrica textil del Turín de finales del siglo XIX, años de la industrialización acelerada y de la unificación italiana que tuvo en la ciudad norteña a uno de sus polos más dinámicos, otro grave accidente empuja a los obreros a exigir mejores condiciones de trabajo. Un trabajo extenuante de 14 horas, con apenas media para comer y sin descanso, de lunes a sábado. Cuando su solicitud de reducción de la jornada laboral de catorce a trece horas y de ampliación del tiempo de la comida es ignorada, deciden hacer huelga. Los trabajadores, muchos de ellos analfabetos por el hecho de que comenzaron a trabajar muy jóvenes para mantener a sus familias, serán liderados en su lucha por el profesor de escuela Sinigaglia (Marcello Mastroianni), que llegado de Génova donde es buscado por la policía por agresión a un agente de la policía durante una manifestación, viene recorriendo el norte de Italia organizando a los obreros en la conciencia de clase y en la unidad de acción, siendo el mayor enemigo de los poderosos patronos y, en ocasiones, elemento incómodo y odiado de los propios obreros. Detenido, seguirá, en la cárcel, ocupándose de los demás. Monicelli narra esta historia con humor, sin populismos, alejada de lo panfletario y del maniqueísmo, en clave de comedia, género en principio poco apto para hablar del sufrimiento.

La magnífica ambientación y la variedad de personajes contribuyen a lograr que la cinta resulte creíble y natural. Raúl (Renato Salvatori), desconfía, porque no es uno de ellos, del profesor, pero recogerá el testigo de éste y empezará a ser perseguido; Pautasso (Folco Lulli), se queda solo al hacer sonar la sirena para que se abandonara la fábrica antes de hora y morirá trágicamente en el intento de bloqueo de un tren de esquiroles que llegan de la vecina Saluzzo; Martinetti (Bernard Blier), padre de familia, no se atreve a continuar la huelga; Niobe (Annie Girardot), hija de una familia obrera, ha abandonado la casa paterna para ejercer de prostituta en los barrios altos de la ciudad y así huir de la miseria y la pobreza; Omero (Franco Ciolli), un pre-adolescente, trata de ayudar con su trabajo en los gastos de su casa y morirá asesinado por los disparos de un escuadrón de caballería, llamado a defender la fábrica; su hermana Bianca (Raffaella Carrà, en sus inicios en el cine) responsabiliza al profesor de la muerte de su hermano; Salvatore, emigrante siciliano, vive en una chabola en las afueras, en medio de la porquería y el barro, sin mantas, sin nada, con muchas bocas que alimentar. A él le dan lo mismo trece horas que veinte. Y es que la pobreza extrema no es revolucionaria. Los compañeros le permitirán que entre a trabajar durante la huelga.

En la película, la escalada progresiva del enfrentamiento entre obreros y patrón, se inicia con los intentos de aquéllos de abandonar el tajo antes de hora, continúa con la tentativa por los mismos de tomar la fábrica, y termina con la vuelta de los trabajadores a sus puestos de trabajo, vencidos, por no haber conseguido sus reivindicaciones, y con dos compañeros muertos, pero habiéndose iniciado en la práctica de las luchas y las protestas obreras.

Camaradas sufrió la censura franquista en la distribución, de los años 60, más sibilina e igualmente escandalosa que la de la tijera y vigente aún en nuestros días. Por su naturaleza, se pusieron trabas a que pudiera competir en igualdad de condiciones con las demás cintas en las salas comerciales. Nunca fue estrenada en España aunque emitida por TVE hace algunos años y recuperada por el canal de televisión TCM. En Estados Unidos, donde se la llamó The Organizer (El Organizador) pasó por un verdadero calvario desde que fuera nominada al Oscar al mejor guión original, sin duda para evitar una reacción anti-comunista. Una asociación conservadora llegó a pedir la persecución activa del film y que se impidiera su proyección.

La película no tiene final feliz pero traslada su mensaje sobre los desposeídos, la explotación de los trabajadores, la emigración, la mujer en el trabajo asalariado y el antagonismo capital-trabajo hasta el día de hoy, y deja el claro mensaje de que la lucha continúa. Actualmente hay lugares donde todavía se trabajan 14 horas para extraer la plusvalía “absoluta”; pero se prefiere extraer la plusvalía “relativa”, pues permite cantidades mayores de ganancia en menor tiempo, gracias a la intensificación del trabajo y a las nuevas tecnologías; en menos tiempo se explota más a los creadores de la riqueza.